Historias

Cosas que pensé al hacer un striptease ante cientos de mujeres

La artista Tilita Díaz actuó en The Sisterhood, el espacio exclusivo para mujeres del festival de Glastonbury

Fotografía superior de Vera Rodríguez.

Es difícil de imaginar una situación ante la que Tilita Díaz pueda sentirse cohibida. Esta artista y bailarina venezolana lleva casi 15 años en los escenarios nocturnos de Gran Bretaña y Australia. Ha hecho cabaret, burlesque, barra y sobre todo, striptease. Ha trabajado en locales duros y en espectáculos románticos y circenses.

Lo que no había hecho nunca es desnudarse ante centenares de mujeres en el marco de un festival mundialmente famoso como Glastonbury, que se celebra en el condado de Somerset, sudoeste de Inglaterra. Sola ante cientos de mujeres, sí.

Hace algunas semanas, la organización del festival inglés adaptó un área exclusivamente femenina por primera vez en sus 46 años de historia: sólo mujeres o cualquiera que se identifique como tal, tanto encima del escenario —incluyendo al personal técnico— como en el público.

El recinto, bautizado como The Sisterhood, estuvo restringido la entrada a los hombres y se definió como "un lugar revolucionario, interseccional e inclusivo para las personas queer, trans y discapacitadas”.

"Yo tenía mis dudas, pensé que quizá sería mejor si algunos hombres pudiesen entrar recomendados. Pero cuando vi la energía y el cachondeo que se armó allí dentro, lo entendí perfectamente", cuenta Tilita.

Foto de Tana Alabi.

Nadie ha contado cómo se vivió la propuesta. Ningún medio importante envió a una periodista a contar el ambiente, el éxito o el fracaso de esta iniciativa. Tampoco hay imágenes tomadas desde el interior del recinto en las redes sociales.

Lo que ocurrió en The Sisterhood quedó dentro de The Sisterhood. Y lo que hubo fue polémica; mucha. Un aluvión de críticas de hombres que se sentían excluidos y de mujeres, como Shirley Manson, de la banda Garbage, que expresaron que "en vez de crear un gueto, deberían incluir más mujeres en los escenarios principales".

Tilita vivió The Sisterhood desde un punto de vista privilegiado. Estuvo en el escenario y también entre el público.

"Las chicas hacían lo que querían sin vergüenza, ¡muchas se despelotaron!"

A ras de suelo, asegura, se generó un ambiente mágico: "Las chicas hacían lo que querían sin vergüenza, ¡muchas se despelotaron! Fue la llamada de las lobas, todas acudimos, había tetas por todas partes, pero sobre todo chicas pasándolo genial y compartiendo el momento. Era como: si eres mujer, no importa como seas, te vas a sentir bien allí".

El ambiente, la decoración, era agradable y acogedora: "Había sofás, eso en Glastonbury se agradece; y un montón de fotos de mujeres famosas".

La iniciativa de The Sisterhood surgió en respuesta a la ya habitual queja sobre un cartel musical demasiado masculino, tanto en bandas como en artistas en solitario. Tradicionalmente, los cabezas de cartel han sido casi siempre hombres durante más de cuatro décadas.

El siguiente gráfico, elaborado por la revista Time Out, recoge datos hasta el año 2013.

Pero The Sisterhood también busca satisfacer de la necesidad generar espacios y seguros libres de acoso. Especialmente en acontecimientos de ocio con grandes aglomeraciones, se han convertido en algo habitual e incluso aceptado.

Sólo el año pasado, hubo 3 casos de acoso sexual en Glastonbury. El pasado fin de semana se celebraron varios festivales en Suecia, que se saldaron con 15 violaciones y más de 40 agresiones sexuales.

"Muchos hombres se quejaron, no están acostumbrados a que les digan que no. Pobrecitos. Dijeron que era lo contrario a un mensaje de igualdad. Pero por ejemplo ellos muy pocas veces son víctimas de una atención no solicitada, o de abusos sexuales, o de tantas cosas que sólo sufrimos por ser mujeres. Les cuesta comprender. Ellos van en topless y como si nada. Pero, ¿qué pasa si li hacemos nosotras? Algo tan sencillo tiene consecuencias radicalmente opuestas en función del sexo".

Para su actuación en The Sistehood, Tilita Díaz (o Chiqui Love, su nombre artístico) preparó un show especial. "Yo era un volcán humano, esa era la idea. Tengo un traje que simula que mis tetas han estallado y una capa que parece lava. Utilicé I'ts Oh so Quiet, de Björk, y Malambo N1 de Yma Sumac, también polvos de talco para simular las cenizas. Quedó gracioso".

Tilita ha trabajado en locales para gays, en locales fetish como el Torture Garden, con drags en Canarias. En su día llegó a actuar en el Candy Bar, el único lugar para lesbianas de Londres, que ya no existe.

Es curioso porque ante ellas, se siente más presionada: "Me da un poquito más de miedo, porque siento que les debo impresionar más". Aun así, Tilita cree que la mentalidad de muchas mujeres está cambiando respecto a los espectáculos eróticos. "Se está rompiendo el estigma de la puta o la santa. Las mujeres se están permitiendo ser más salvajes, sentirse libres con su lado más sexy y no necesariamente para la apreciación del hombre hetero, sino para ellas mismas o entre mujeres, sin necesidad de ser bisexuales o lesbianas". 

"La atención de un hombre, si no la quiero, me estorba"

Esa picardía entre mujeres no es otra cosa que diversión y reapropiación del propio cuerpo. Poder disfrutar de ser sexys, erotizantes, sin pensar en la contraparte masculina. 

"A pesar de ser hetero, aprecio muchísimo sacar mi lado más salvaje con mis amigas y reírnos un rato. La atención de un hombre, si no la quiero, me estorba. Siempre se asume que todo lo que hacemos es para estimular sus penes".

Y habla una stripper que ha trabajado alquilando escenarios (pagando comisión) junto a pantallas donde se emite fútbol o boxeo, alguien que ama "sentir ese poder de hacer pagar a los hombres por verla" a pesar de haber sufrido faltas de respeto por parte de clientes y dueños de locales.

Foto de Natalia Ishe. Tilita es la segunda por la derecha.

Jugar en ese enorme parque de atracciones infrautilizado —ser sexuales sin pensar en el otro, por goce propio— es lo que también parece haber conseguido The Sisterhood, o al menos así lo ve Tilita. ¿Cúantas veces las mujeres nos sentimos más cómodas, o deshinibidas para hacer el chorra, el payaso, como cuando estamos con nuestras amigas o en espacios en los que confiamos? ¿Por qué cuesta sentirse así en los espacios "mixtos"?

Ahora, Tilita cree que solo con que un solo hombre hubiera participado en The Sisterhood, aun integrado en la fiesta, ya no hubiera sido lo mismo.

Más allá de si los escenarios segregados son la mejor forma de conseguir que las mujeres se sientan más libres en los espacios públicos de ocio, y que los hombres aprendan a respetarlas, lo que parece interesante en la experimentación con esa libertad colectiva femenina en sí misma. Al menos para salir de la rutina.

"Te digo una cosa: a las mujeres les encanta ver a otras mujeres siendo libres", dice la artista.

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