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Historias

Los ravers de la Edad Media que bailaron hasta morir

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En el verano de 1518 unas 400 personas no pudieron parar de bailar en días. Algunas murieron de puro agotamiento

Ignacio Pato

15 Abril 2015 06:00

Es julio de 1518 en la ciudad del Sacro Imperio Romano Germánico de Estrasburgo y la señora Troffea sale a la calle. Se pone a bailar frenéticamente. A su movimiento se unen hasta 34 compañeros en una semana. 400 personas en un mes.

Las autoridades locales, sorprendidas y desbordadas por el caso, deciden que lo mejor es no detener repentinamente el baile. Entonces sacan músicos a la calle: quieren dar banda sonora al caso. Tratan de llevar a los danzantes a lugares específicos, en una especie de mezcla entre una procesión y Love Parade.



Un verano movido

Decenas de ellos mueren de infartos causados por puro agotamiento. Semanas después, en septiembre, la epidemia cesa.

¿LSD en el Medievo?

Las teorías para explicar esta rave medieval han sido varias y diversas, desde el culto pagano al estrés, pasando por el trance provocado por la enfermedad, el hambre o la plantas psicotrópicas. Esta última habla del cornezuelo de centeno, un hongo que sería el equivalente orgánico de la dietilamida de ácido lisérgico, más conocida como LSD.

El historiador John Waller atribuye el fenómeno a los problemas psicológicos causados por la privación de la época


Definitivamente, no suena probable que cientos de personas al borde de la inanición medieval pudieran bailar mucho así de colocadas.

El historiador John Waller es uno de los estudiosos del baile de 1518. Suyo es el libro A time to dance, a time to die (Tiempo de bailar, tiempo de morir). A juicio de Waller, un corredor actual de maratón —sí, un runner en neolengua— no podría aguantar el desarrollo que llevaban los bailarines de Estrasburgo.

Waller atribuye el origen del fenómeno a los tremendos problemas psicológicos causados por la privación de la época. Además, había tan poco que comer como mucho por lo que temer. La superstición y el contagio hicieron el resto para convencer a los acompañantes de Frau Troffea.

Su diagnóstico: trance por histeria colectiva.



El caso ha sido encuadrado dentro del fenómeno de la coreomanía, término acuñado por el médico suizo Paracelso en el siglo XVI. El precedente más claro para la epidemia de baile de Estrasburgo tuvo lugar en Aquisgrán (en la actual Alemania), en 1374, cuando un brote llegó a superar las fronteras de lo que hoy es Francia, Holanda, Bélgica o Italia.

A la coreomanía (etimológicamente "locura por el baile") también se la conoce popularmente como “baile de San Vito”.

Bailar, literalmente, on fire

Cuenta la leyenda que Vito de Lucania fue un niño que, antes de morir en una olla de aceite hirviendo en el siglo IV, se puso a bailar y contagió a sus ejecutores. Lo cierto es que no parecen descartables las convulsiones involuntarias cuando te están cocinando vivo. El tal Vito era invocado como socorro religioso cuando un habitante del Medievo padecía algún desarreglo psicomotriz.

En el caso que nos ocupa, parece que existía la superstición de que detener el repentino baile podía hacer enfurecer a este santo en forma de niño hervido, ya que él parecía el causante —y por tanto dueño— de la situación.


San Vito en su momento de gloria

Hacia 1872, George Huntington definió la enfermedad que lleva su nombre. La corea de Huntington también se ha relacionado con el caso, ya que afectados por ella recibían el famoso nombre de San Vito en la Edad Media. Este trastorno neurodegenerativo provoca alteraciones motoras, si bien no explicaría contagio alguno, ya que es genética.

A su vez, la epidemia de baile de Estrasburgo se ha asociado también a la infección denonimada corea de Sydenham, descrita en el siglo XVII. En este caso se trata de una infección no degenerativa y causante de movimientos involuntarios y de contracciones irregulares arrítmicas. No obstante, algunos especialistas como Waller hablan de algo parecido a un baile más o menos coordinado.

Antes de morir en una olla con aceite hirviendo en el siglo IV, el niño Vito de Lucania se puso a bailar. De ahí "el baile de San Vito"…


Lo que tampoco explica la Medicina o la Historia es el carácter repentino y masivo del baile de aquel movido verano de 1518 en Estrasburgo. Ni tampoco que, aunque no hubiera LSD de por medio ni podamos dar por buena ninguna maldición religiosa, algunas de estas personas se pasasen bailando tantísimo tiempo.

¿De dónde sacaba esa energia física una población con una salud tan mermada?

Una última duda: si las autoridades locales tuvieron que poner la música, ¿a qué habían empezado a bailarle Troffea y sus acompañantes? Francamente, no parece muy probable que llevasen iPods.



Danzad, danzad, malditos



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