Historias

Continúa la meta-fiebre retro: Internet de hoy en navegadores de ayer

Un programador emplea una absurda cantidad de tiempo para reconciliar nuevos contenidos con viejos programas

Atrapados en una burbuja sin tiempo, las líneas históricas borradas, el futuro cada vez más abstracto, complejo y oscuro, y enganchados a nuestras pantallitas titilantes... Así vivimos muchos, y sobre todo los redactores de esta Santa Casa, siempre dispuestos a bucear en lo más profundo de las simas de ese abismo submarino llamado Internet para traéroslo caliente cada día. De esta idea de atemporalidad, o más bien de la necesidad de mirar atrás al no ver nada por delante, surge la fiebre de lo retro, de la vuelta del pasado como un gran eructo después de una comilona demasiado copiosa.

Sólo hablando del universo digital, las combinaciones son casi infinitas: obras clásicas pasadas por estética glitch, fiebre del 8-Bit, herramientas de última tecnología para reproducir grabaciones analógicas, episodios históricos llevados al lenguaje de las redes sociales... Y así uno puede seguir hasta el agotamiento. O hasta darse de bruces con un proyecto como el de Antoni Sawicki, alias Tenox, un programador que se embarcó en la agotadora tarea de adaptar el contenido del internet de hoy a los rudimentarios navegadores del pasado.

Según explica en un artículo para Fun With Virtualization, la misión no era fácil. En palabras del propio Sawicki, "aparte de ser en sí obsoletos, sufren un problema común: los navegadores son inútiles para el Internet de ahora. Empiezas con problemas de Javascript al buscar google.com, y a partir de ahí todo va a peor". Pero oiga usted, nada que un montón de horas usando Python (un lenguaje de programación), algo de manipulación de imagen y unos toques de HTML no pueda arreglar.

El por qué alguien querría alguien dedicarse tanto tiempo a algo así puede entenderse como un reto personal, o como muestra del extraño y retorcido sentido del humor de los programadores informáticos. Sea como sea, Sawicki consiguió lo que buscaba. Y a juzgar por los comentarios en el artículo, ha dejado alucinados a un buen puñado de fanáticos de la programación. Los caminos del código son, literalmente, inescrutables.

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