Historias

China y musulmana: una oración desde el laberinto cultural

La fotógrafa italiana Guilia Marchi documenta la vida de una estudiante del Islam en El Cairo

La comunidad musulmana en China, representada sobre todo por los uigures, son un "problema" que el gobierno central tiene, de momento, bajo control. A pesar de los focos de violencia, el Partido ha conseguido frenar el crecimiento de la minoría religiosa concentrada en el noroeste: temen que se convierta en una Chechenia local.

Por eso los chinos musulmanes, que representan el 1% de la población, resultan extraños entre confucionistas, budistas y taoístas. Más aún si viven lejos de la zona uigur. Es el caso de Ding Lan, de 22 años y originaria de la provincia de Henan. La joven ha decidido marcharse a estudiar Islam a El Cairo, Egipto, en busca de unas raíces que ella siente dentro pero que la están llevando a los lugares más exóticos y lejanos.

La fotógrafa italiana afincada en Beijing Guilia Marchi siguió a Ding Lan en la búsqueda de sus raíces y su autoconocimiento, lo que dio lugar Musilin: llámala Fatimah, un reportaje que intenta mostrar la complejidad del propósito de Lan: constuir su identidad pieza a pieza, combinando los cimientos de la cultura china una intrincada fe en el Islam.

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