Historias

“Si el Che Guevara viajase hoy, vería lo que nosotros hemos visto”

En 2011, Pablo, Alejandra y José Luis recorrieron 55.000 kilómetros por carretera: querían contar la realidad de la droga en América Latina

El Che Guevara cruzó América Latina en moto; ellos en un Volkswagen de segunda mano. El Che escribió sus diarios de viaje, ellos han escrito el libro Narcoamérica, "un viaje por la cara B del continente", dicen.

En 2011, Pablo, Alejandra y José Luis recorrieron 18 países y 55.000 kilómetros por carretera. Querían contar la realidad de América Latina, y lo hicieron a través de la pieza clave que une todo el continente, desde los Andes hasta Manhattan: la droga.

Para sociedades como la boliviana, la hoja de coca es un símbolo del pueblo indígena

Aunque es fácil imaginarse a un sicario compartiendo tragos de tequila con un político corrupto, esa es solo una parte en una cadena de la droga que mueve millones. El narcotráfico también son campesinos, pescadores o limpiabotas que se llevan una porción muy pequeña de uno de los mayores negocios del mundo.

Narcoamérica, y también este artículo, es sobre ellos.

Productores por necesidad

"Alguien puede acabar metido en el negocio del narcotráfico por diversas razones: por ambición, por geografía, por sobrevivir... Hay casos en los que es muy difícil llamar a alguien 'narco' aunque forme parte de la cadena del tráfico de drogas", comenta José Luis.

Es el caso de los campesinos que cultivan hoja de coca, y sus campos son el lugar donde todo empieza.

El narcotráfico también son campesinos, pescadores o limpiabotas que se llevan una porción muy pequeña de uno de los mayores negocios del mundo

Para sociedades como la boliviana, la hoja de coca es un símbolo del pueblo indígena y una tradición ancestral. La mastican para paliar el hambre, y también se usa para fabricar jabones y tés.

El mercado ilegal, claro, da más beneficios. Pero ningún campesino del mundo se hace rico por vender sus cultivos.

Los campesinos venden parte del cultivo y vuelven a su vida humilde. Los narcos convierten la coca en cocaína

"En Perú, los campesinos plantan hoja de coca y la venden a los traficantes por una cuestión de supervivencia. La coca da cuatro cosechas al año y los beneficios son mayores que en los cultivos de café. Que nadie piense que esta gente vive con lujos, todo lo contrario", comenta José Luis.

Los campesinos venden parte del cultivo y vuelven a su vida humilde. Los narcos convierten la coca en cocaína. 

Luego, muchos traficantes remontan a toda velocidad la costa de Nicaragua para vender la mercancía en México.

Traficantes por casualidad

Los campesinos no son los únicos invitados extraños en el negocio de la cocaína. Algunos, como los pescadores nicaragüenses, parecen llegados al narcotráfico casi por casualidad.

"En Nicaragua nuestro protagonista fue un pescador de langostas que se dedicaba a pescar los fardos de coca que los narcos tiran por la borda", cuenta Pablo Ferri.

En Brasil vimos las crackolandias. Allí, decenas de personas, incluso mujeres embarazadas y niños, consumían al lado de basura y ratas

El tema funciona así: los narcos viajan bien cargados de droga en lanchas de 125 caballos. A menudo les descubre una patrulla, y entonces su única salida es deshacerse del peso y volar.

Lanzan la cocaína al agua para ser más rápidos, pero también porque saben cómo recuperarla.

En Nicaragua conocimos a un pescador de langostas que se dedicaba a pescar los fardos de coca que los narcos tiran por la borda

"Los pescadores recogen la mercancía y se la guardan. Luego, los narcos vuelven y se la recompran. Los pescadores no ganan mucho con este negocio, pero les llega para comprarse un motor o la segunda planta de su casa, y todos quedan contentos".

La paradoja del asunto: pescar langostas también es ilegal en el caribe nicaragüense, así que, puestos a delinquir, casi mejor pescar un fardo de cocaína.

Víctimas

En muchos casos, la droga latinoamericana se queda en casa. "Brasil se ha convertido en segundo consumidor de cocaína y derivados del mundo. Allí estuvimos en una favela donde se vende crack a Mansalva", dice Pablo.

Son las 'crackolandias', puntos de venta y consumo constante de crack, derivado de la coca. José Luis recuerda que fue especialmente duro visitar estas favelas: "En una casa abandonada, decenas de personas, incluso mujeres embarazadas y niños, consumían al lado de basura y ratas".

Quienes viven enganchados a la droga no son las únicas víctimas del narcotráfico: están los secuestrados, los extorsionados y las mulas que viajan con la cocaína dentro de su estómago, por ejemplo.

Y luego vienen los muertos.

Unos viven con lo mínimo, otros se hacen ricos; unos mueren y otros agarran la pistola

"En Honduras estuvimos siguiendo al equipo de levantamiento de cadáveres mientras los iban recogiendo, y hablábamos con los curiosos que se asomaban. Allí los protagonistas son los muertos", dice Pablo.

Unos viven con lo mínimo, otros se hacen ricos; unos mueren y otros agarran la pistola.

Narcoamérica no es una historia de capos de la droga ni de políticos comprados, sino de esa gente que vive en la periferia del negocio, el lugar donde muchos trabajan y pocos se benefician.

"Te acabas dando cuenta de que la configuración de las sociedades modernas de Latinoamérica tiene que ver con el tráfico de droga", dice Pablo, "y es un fenómeno que está dejando miles de muertos. Si el Che Guevara viajase hoy, vería lo que nosotros hemos visto".

Cuando la droga lo es todo, hay que contarlo todo

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