Historias

Ser el mejor futbolista de su país no le salvó de la dictadura

Entrevistamos a Carlos Caszely, el futbolista chileno que le negó el saludo al dictador Pinochet

Fotografía de Guillem Sartorio

El Chino. El rey del metro cuadrado. El rojo de la Roja. Al ex futbolista chileno Carlos Humberto Caszely se le pueden atribuir varios sobrenombres, pero el que queda con los años es el de ser uno de los jugadores de élite políticamente más comprometidos.

Aprovechando su visita a Barcelona durante el Offside Fest, en el que se proyectó el documental Rebelles du foot, que protagoniza junto a Éric Cantona, pudimos entrevistarle.

Allende y la infamia

Santiago de Chile, 1962. El niño Caszely tiene 12 años y, como tantos otros de su barrio, ha quedado maravillado con el mundial de su país y quiere ser futbolista. Se presenta a la prueba de Colo-Colo, el equipo más popular de todo Chile. A los 17 estará debutando en su equipo. A los 19, en la selección chilena.

“A los 18 años entro en la universidad a estudiar Educación Física. Ser futbolista no está reñido con prepararse culturalmente para dialogar sobre lo mejor para un pueblo”.

Caszely acaba de cumplir 20 años cuando Salvador Allende se convierte en el primer presidente socialista en ser elegido en las urnas. “Todos pensábamos que Allende podía ser un gran presidente. Yo era un chico normal que pensaba que con él podía equilibrarse la vida, la diferencia entre los que viven en mansiones y los que viven en casas de cartón. Yo coincidí con él 4 o 5 veces, tampoco éramos amigos”.

Llega 1973. Va a ser un año de doble amargura. Colo-Colo hace una Copa Libertadores extraordinaria y se planta en la final contra Independiente de Avellaneda. Tras 3 partidos llenos de irregularidades contra los chilenos, El Chino Caszely, máximo goleador de aquella copa, acaba llorando de impotencia. "Esas lágrimas que quedaron en el Estadio Centenario de Montevideo son el fiel reflejo de uno de los robos más grandes de la historia”.

3 meses después, Chile entra en la historia de la infamia con el golpe de estado de Augusto Pinochet. El presidente Allende defiende el Palacio de La Moneda hasta que, con todo perdido, se suicida. El país se cuadra ante la extrema derecha. "Nosotros con 20 años no sabíamos prácticamente nada. 'Un golpe, ¿qué es eso?', nos preguntábamos. Fue nefasto", recuerda el ex jugador.

Carlos comienza a notar el peso de la dictadura. “Cuando se eligió al mejor jugador sudamericano, me votaron uruguayos, argentinos, brasileños… en Chile no me dieron ningún voto. Estaba detrás Pinochet”. Es sólo el principio.

En ese año, también, Chile se clasifica para jugar el mundial de Alemania ’74. Fuertemente escoltados por metralletas, caballos y lanchas de la policía alemana para evitar ataques políticos, Caszely recuerda que “no era el mejor momento para jugar un mundial”.

¡Caszely, traidor a la patria!

Tras devolver una de las 20 patadas que el alemán Berti Vogts le dio, se convertiría en el primer expulsado con roja en una copa del mundo. “Yo como delantero, no sabía pegar. Con los años me enteré de que el árbitro, el turco Babacan, era un facho”. La prensa chilena aprovecha para cargar contra Caszely, llegando a insinuar que se hizo expulsar para no jugar el siguiente partido contra la RDA, lugar de asilo para refugiados de la dictadura pinochetista. “Hay que ser imbécil para pensar eso”, zanja el ex futbolista.

El Chino, que llevaba jugando en España, en el Levante, desde el año anterior, había dejado constancia ya de su posición política. En una recepción, le negó la mano a Pinochet. “Fue una maniobra arriesgada, hasta el día de hoy no sé si fue valentía o susto. Se quedó con la mano estirada. Yo no lo había pensado”, asegura, al tiempo que recuerda que “siempre hay un 10% de pelotudos que están a favor de las dictaduras, aunque violen, asesinen o secuestren”.

Para él vienen años de marginación en la selección. Del Levante pasa al Espanyol, donde se dará cuenta de su veto con Chile. “Yo tenía todo listo para el vuelo a Santiago. A la noche me llama el técnico y me dice que no estoy citado. Con el tiempo uno se entera de la historia. Iba a ir Pinochet al estadio, contra Perú, y si yo marcaba, el estadio iba a gritar ‘Caszely, Caszely’. El presidente de la asociación de fútbol era un paco, un carabinero, probablemente fue él quien dio la orden para que no me citasen”.

Un Chile peor

Se pierde Argentina ’78 pero Colo-Colo le necesita y vuelve a su ciudad. Vuelven los éxitos. Campeón de Chile, máximo goleador, la selección tiene que volver a llamarle para quedar subcampeona de América en el 79.

La situación en el país, no obstante, no le pasaba desapercibida: “Empiezas a notar que los futbolistas corren más detrás del dinero, el coche, la casa y la ropa. Los desaparecidos no existían para la opinión pública. Los familiares reclamaban, y yo también era una de las personas que sabía lo que estaba pasando. Pero todo eran mensajes que incitaban a comprar el mejor auto, la mejor casa. Con eso apagaban la situación social”.

Todavía quedaban dos últimas piedras en el camino antes de la retirada. En España ’82, falla un penalti contra Austria en Oviedo. La prensa vuelve a echársele encima. “Se llegó a decir que me iba a quedar exiliado en España. Como la gente en Chile me tiene mucho cariño y mucho respeto, no pasó absolutamente nada”.

La otra, el reencuentro con el dictador. Ahora sí habrá saludo “pero para plantearle algunos problemas, eso sí venía pensado. Cierres de minas, paro, ahogo de la clase media… Él fue como si se tapara los oídos y me dijo que no le hablase de eso. Con el único que se paró a hablar fue conmigo, yo era el único que no le decía que sí a todo. Un yerno suyo me llegó a decir que Pinochet hablaba mucho de mí y que respetaba lo que yo representaba”.

Esta señora es mi madre

En 1988 la dictadura chilena necesitaba cada vez más justificaciones. Se celebró un plebiscito que planteaba la continuidad de Pinochet hasta 1997. Caszely sorprendería a todo el país.

“Mi madre me contó su tragedia en unas vacaciones”, recuerda. “Años después, me llaman de la Franja por el NO y me dicen ‘Carlos, te vamos a dar una frase para que leas’. ‘No, a mí nadie me impone nada. Llámenme mañana y les explico’, les contesté. Le pregunté a mi madre si era capaz de hacerlo. ‘Sí’”. El resultado fue este:

“Cuando dimos a conocer esto, todo el mundo en el rodaje estaba llorando”. Caszely tiene clara la trascendencia de su revelación. “El 7% de los indecisos votó por el NO. Algo aportamos para la vuelta de la pseudodemocracia en Chile, despertamos conciencias”.

El peso de la dictadura

La dictadura terminó, Pinochet moriría en 2006 sin ser juzgado por sus crímenes y Chile se convirtió en un país en continuo proceso de reajuste social. Ahora, Caszely forma parte del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet como agregado de prensa en la embajada de Madrid.

Sin embargo, algunas cosas cambian y no siempre para mejor. Él sigue siendo crítico. “Chile desde hace unos 20 años se volvió demasiado revista. Demasiado del tener, demasiado materialista. Fueron 17 años de dictadura en los que te enseñaron no a pensar, y menos en un sentido social, sino a correr detrás del dinero. Ese es el peso de la dictadura hasta el día de hoy”.

“Yo siempre me he definido como un deportista con conciencia social. En el fútbol es muy raro que se hable de algo que no sean coches, chicas o ropa. Se vive en una burbuja muy cerrada". Como cuando jugaba, sigue sabiendo rematar: "Lo tienes todo, pero eso no quita que mires para un lado y veas un niño que se le caen los mocos. El futbolista primero es o debe ser persona”.

Fotografía de Guillem Sartorio.

La historia de Caszely es la del mejor futbolista chileno de todos los tiempos. La del más incómodo también

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