Historias

"Carlo è morto…" El homicidio que acabó para siempre con nuestra inocencia

Hace 15 años Carlo Giuliani se manifestaba en Génova contra una globalización demoledora. En esas, un agente de policía le disparó y acabó con su vida. Fue un momento realmente triste. Hoy recuperamos su historia, que es la de un símbolo de nuestro tiempo. Un símbolo de lucha

Había internet, pero no redes sociales. Tuvimos que esperar a los primeros telediarios. 'Un chico ha muerto en la manifestación'.

Aquel 20 de julio de 2001 miles de jóvenes politizados, simpatizantes o militantes de movimientos de izquierda o anarquistas sintieron a la vez lo mismo. Era posible morir.

Carlo Giuliani protestaba en Génova contra la cumbre del G8. A media tarde, un jeep de los carabinieri quedó torpemente atrapado entre los manifestantes. El ambiente ya era tenso y el vehículo recibió pedradas. De su parte trasera asomó una pistola y cuando Giuliani se levantó tras agacharse para recoger un extintor del suelo, recibió un disparo.

Le entró una bala por el pómulo y le salió por la nuca. El Land Rover le pasó por encima marcha atrás y una vez más hacia adelante. A pocos metros de allí otro agente se llevaba las manos a la cabeza. No sería el único, cuando muchos minutos después una enfermera pueda acercarse, hará el mismo gesto.

Giuliani se había desangrado en el suelo con 23 años.

Nadie esperaba algo así aunque el estado italiano había blindado Génova de manera insólita. 20.000 policías, la ciudad dividida en zonas mediante checkpoints e incluso baterías de misiles tierra-aire en el aeropuerto Cristoforo Colombo. Muchos genoveses habian huido de allí ese fin de semana.

La contracumbre antiglobalización había comenzado de manera festiva, con conciertos de Manu Chao y los napolitanos 99 Posse. Activistas de unos 700 colectivos se disponian a protestar. Europa descubrió a los Tute Bianche, los 'monos blancos' de inspiración zapatista que llenaron por miles las calles de Génova. Los primeros hackers, decrecionistas, animalistas o activistas por la justicia Norte-Sur, también estaban allí.

Centenares viajaron desde España. Muchos volvieron con agresiones visibles después de detenciones ilegales. 250 casos de violencia policial tuvieron que ser archivados por falta de pruebas contra agentes concretos.

Se dijo que había carta blanca de altas instancias para dar un escarmiento. Que Berlusconi, primer ministro desde hacía un mes, lo último que deseaba es que la cumbre tuviera problemas de seguridad. La lista de huéspedes habla por sí sola de aquel momento político: Chirac, Blair, Bush, Putin. En Madrid, el rodillo de la mayoría absoluta le funcionaba a Aznar.

Quién les iba a decir que acabarían acordándose para siempre de un chico italiano que aquel fin de semana canceló sus planes de playa.

No hubo juicio. El juez de instrucción determinó que la bala había acabado en la cara de Carlo de rebote, contradiciendo la evidencia que mostraba el forense de la fiscalía Marco Salvi. El conductor alegó que confundió el cuerpo de Giuliani, todavía vivo, con una bolsa de basura.

El agente que disparó, Mario Placanica, cambió de versión hasta cuatro veces. En una de ellas, dijo que el disparo vino del exterior de la plaza. Tras esta declaración, denunció que su coche estaba siendo manipulado, tuvo un accidente y una baja por depresión que acabó apartándole de su trabajo definitivamente en 2005, con 25 años, por "motivos psíquicos".

Lo último que supimos de él fue hace cuatro meses, cuando escribió en su Facebook que pensaba suicidarse.

Mataron a Carlo. Y todos morimos un poco aquel día, también.

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