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Historias

Cariño, te quiero tanto que quiero ser tú

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Cuando una novia explota, escribe esta carta

Carlota Ming

12 Marzo 2015 11:18

Fotografías de Dina Goldstein.

Abro los ojos y te veo durmiendo a mi lado. Este preciso momento es una metáfora perfecta de nuestra relación. Nos queremos, cada noche deseamos abrazarnos y unirnos en la misma cama. Tú sueñas mientras yo estoy despierta mirando al techo y a tu cara, alternativamente.

Te quiero, pero creo que prefiero ser tú.

Mis motivos ya los conoces: son muchos, diminutos, constantes. Son un millón de tonterías. Así las llamas tú.

Tu digestión debe de ser más lenta, porque siempre me levanto yo primera y recojo los platos. Quiero tu intestino.

También envidio tu sentido de la percepción cuando te pones guapo: sólo oyes la música y te ves a ti mismo.

Yo en cambio veo uñas cortadas, pelos, gotas de orina en el suelo. Quiero estar ciega, no quiero esta vista de halcón.

¿Será que las mujeres somos pájaros, que detectamos migas de pan desde el cielo?

Cada noche, cuando volvemos a la cama, siempre te duermes antes que yo. Adoro tu agotamiento.

En cambio, mis reservas de energía me permiten ir tras de ti recogiendo tus descuidos: calcetines, tazas, calzoncillos, platos sin fregar. Un montón de chorradas para las que no tienes tiempo. Un universo infinito de migas de pan.

¿Sabes qué? Antes de que viviéramos juntos yo era como tú. Sólo me importaba lo importante: aprender, salir, mi aspecto, la música, los amigos. No veía ese montón de basura que vamos dejando a nuestro paso.

Cuando me giraba no habían huellas, sólo mi madre con la escoba y el recogedor.

Me pregunto cuándo me insertaron el chip de una aspiradora en la sien. Quiero que todo vuelva a ser como antes, cuando toda esa suciedad era invisible y todo este esfuerzo no existía.

Las tareas domésticas se parecen demasiado a un universo infinito, y no quiero ser la única astronauta en el espacio exterior.

Cariño, quiero ser tú.


Le llaman micromachismos, pero son una macrojodienda







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