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Historias

Los bailarines gordos no tienen nada que perder

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Este espectáculo de danza contemporánea promete sacudir tus prejuicios

Alba Muñoz

07 Diciembre 2014 10:00

“Gorda” no es una palabra, es un misil. Hoy en día es posible ver los destrozos, los enfados y el odio que aún la rodean. Las iniciativas que tratan de desestigmatizar y liberar a las personas con sobrepeso, o cuerpos grandes, o distintos, o no-normativos terminan a menudo siendo objeto de ataques y burlas.

Sin embargo, cada vez más, el talento de personas que se identifican como gordas congrega a un número mayor de gente y sensibilidades. Nadie se atreve a decir que Beth Ditto, cantante de Gossip, o Jill Scott, solista, no son cool. Pero, también lo sabemos, son casos excepcionales. Todos los que no somos “perfectos”, la inmensa mayoría, sabemos qué forma tiene la violencia estética de los cánones en el día a día. Aunque no la suframos con la misma intensidad.

Una de las iniciativas que promete sacudir más al público el los próximos meses es una obra de danza contemporánea dirigida por Kate Champion, coreógrafa, y protagonizada por la artista y activista gorda Kelli Jean Drinkwater. Nothing to Lose (nada que perder) se estrenará el próximo enero en el Festival de Sydney y su proceso de gestación y de casting fue en sí mismo una performance política.

En primer lugar, no fue fácil encontrar bailarines gordos. Cuando Kate Champion publicó un anuncio en las redes sociales, la gente dio por hecho que su petición escondía una burla: algunos dijeron que la coreógrafa era una voyeurista explotadora. Otros, simplemente no entendían por qué la grasa era necesaria para pasar la audición.

Utilizar la palabra “gordos”, entre otras expresiones como “grandes” o “de cuerpo amplio” resultó ofensivo para una gran cantidad de gente, pero hubo quienes empezaron a mandar vídeos de audiciones e incluso filmaciones caseras: así fue como Champion consiguió formar su elenco de bailarines, 5 mujeres y 2 hombres.

La coreógrafa es perfectamente consciente de que el mundo de la danza está habitado por cuerpos esbeltos y esculpidos. Su pieza explora las capacidades expresivas de artistas con michelines, grasa acumulada o grandes panzas. La suya es una forma de distinta de moverse, y el espectro va desde lo enérgico a lo sensual y humorístico: “Me interesan las personas como motores cautivantes, que tienen autenticidad y poseen sus órganos, que sean convincentes”, comentaba Champion a The Independent.

Para ella no tiene sentido que el público que va a ver danza nunca se sienta representado en el escenario, pero también es consciente de que Nothing to Lose no puede caer en el show circense: “Queremos que haya humor, no que el público se ría de los bailarines. Queremos ser inteligentes al utilizar la mirada del público. Nos sentimos confiados, pero debemos prepararnos”. Nadie dijo que la política del cuerpo fuera a ser un camino fácil.

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