Historias

El amo del Tinder analógico vive en el barrio

Una mañana con Antonio Ruiz, amante de las plantas y del sexo

Fotografías y gif de Guillem Sartorio

1. Tinder analógico

"Tú te pones en el balcón. Cuando pasa un chico guapo le haces sssh sssh y ves qué hace. Si se para, mira hacia arriba y te sonríe, le tiras un papelito con tu número de teléfono".

Antonio Ruiz me cuenta su modus operandi en la misma acera donde caen esos papelitos desde su balcón. Estamos en la calle Cera, una de las pocas que conservan el espíritu bullanguero del Raval barcelonés. Antonio lleva viviendo ahí desde los 15 años. Ahora tiene 77.

Cuando un chico le llama, lo primero que le advierte Antonio es que no le va a dar dinero. "Si acaso nos bebemos un poco de cava o comemos juntos, pero dinero nunca. Lo que les doy es placer", aclara.

Si te sonríe, le tiras un papelito con tu número de teléfono

Antonio tiene una vida sexual plena.Tengo un amigo de 19 años que me viene a ver todos los sábados desde hace dos años. Es pakistaní. Y no es el único que viene", dice con una sonrisa picarona. A todos los conoce con su particular Tinder analógico. Dice que en la calle es muy tímido.

2. Placer y respeto

También ha sido siempre tímido, me cuenta, para el sexo. “Siempre lo fui pero con los años se me ha quitado. Cuando ves que el otro se desnuda antes que tú, pues dices ‘vamos allá’”, me cuenta mientras nos sentamos a tomar un vino y una cerveza en el bar Terra Alta, donde baja siempre a desayunar.

El sexo le alegra la vida. “ Siento más el sexo ahora que de joven. Me entra un escalofrío por el cuerpo que creo que si me dura un ratito más me quedo muerto en ese momento”, me dice. Cuando trato de indagar qué peso juega la compañía humana en todo esto, Antonio me saca rápidamente de mi ingenuo error: “Cuando era más jovencito me gustaba que me hicieran compañía, ahora cuando un hombre termina siempre le hago que se vaya”.

Me entra un escalofrío por el cuerpo que creo que si me dura un ratito más me quedo muerto en ese momento

Pero Antonio sí ha tenido varias relaciones relativamente largas. La última, una de 12 años con un pakistaní que un buen día se fue a Noruega y del que no ha vuelto a saber nada. Dice que lleva ya muchos años que solo intima con chicos de Pakistán o India porque le parecen más naturales que los de aquí, como dice él. También me asegura que "hay muchos más de los que pensamos".

Aquel pakistaní del que Antonio todavía se acuerda también iba con mujeres. Nada nuevo para Antonio, que me confirma que ha estado con hombres casados "a montones". ¿Te has encontrado alguna vez en la calle con alguno de estos hombres que iba con su mujer e incluso hijos? "Uy, muchas veces, pero yo entonces no les miro, yo respeto".  

3. Amigo del barrio

Antonio no ha dejado de saludar a gente en la calle y ahora hace lo mismo en el Terra Alta. Los parroquianos le conocen bien, y también Rosa y Ángel, el matrimonio que regenta este bar que tiene sus puertas abiertas desde 1969. Antonio lleva toda la vida viviendo en esta calle. Se vino aquí en 1953 desde su Málaga natal.

Su historia no es muy diferente de la de miles de andaluces que llegaron a Cataluña en aquel tiempo. Primero vino su hermana, que no encontraba muy seductora la perspectiva de servir en casas de señoritos en Málaga. Después, Antonio y su madre.

Aunque le hubiera gustado ser modisto, enseguida se colocó en una fábrica de paraguas del barrio en la que estuvo trabajando hasta jubilarse hace casi dos décadas. Le pido que me enseñe su casa y se muestra encantado. " Ya verás la de plantas y flores que tengo. Son mi droga", me dice en el portal.

Ya verás la de plantas y flores que tengo. Son mi droga

El edificio es del siglo XIX, me dice Antonio, que me va contando su rutina mientras subimos la escalera: " Me levanto a las 6 de la mañana. Limpio la casa, lavo al gato y me bajo a las 8 a desayunar. Hago un poco de compra y miro mis plantas. Coso. Plancho. Almuerzo y ya por la tarde me siento y no me levanto".

Antonio ve mucho la tele. Le gustan las películas de amor. "El otro día en La 1 pusieron tres seguidas preciosas", me cuenta. Cuando le pregunto por actores favoritos me habla de " uno con peluquín que pega puñetazos". Pregunto si habla de Chuck Norris y se ríe: "Ese, ese". De deporte, solo le gusta que gane Rafa Nadal.

4. Maricones ardiendo, meneo con porno hetero y Avecrem

A excepción de la sagrada excursión de cada domingo al pantano de Vallvidrera, a las afueras de la ciudad, Antonio sale poco de casa. “Antes había más seguridad. Ahora lo primero que te miran es el pecho. Por las joyas. Mira, yo no llevo nada por eso”, dice mientras se abre un poco más la camisa.

Huérfano de padre a los tres años, Antonio, cuarto de cinco hermanos, ha trabajado desde los 8 años. En el colegio estuvo poco, lo suficiente para que otros niños le llamasen ‘mariquita’ insistentemente. “Yo no he estado nunca en el armario, yo salí de él cuando nací”, manifiesta.

“Hice la mili en Girona. Me dijeron ‘ve que te harás un hombre’. La verdad es que sí, que me hice más de uno”. Antonio se ríe recordando eso y también cómo uno de sus compañeros de barracón, con el que mantenía relaciones sexuales, siempre decía en público que “ a los maricones los quemaría en la Plaza de Cataluña”.

La juventud de Antonio se desarrolló bajo la dictadura franquista y su homófoba ley "de vagos y maleantes". ¿ Problem? “Pues yo nunca he tenido problemas con nada, aquella fue la ley bajo la que más feliz he sido. Algunos amigos se meten conmigo y me dicen que parece mentira que yo defienda aquello. Pues sí: he sido feliz con Franco”, escucho.

Cuando la puerta se cierra, que los cuerpos se deshagan enteros

“En aquella época tenía problemas quien hacía cosas por la calle, pero yo no iba haciendo la maricona por la calle. Fuera de mi ambiente soy un funeral de tercera división”, afirma. Le pregunto sobre la visibilización gay y su respuesta es tajante: "No me gusta ver a las parejas por la calle. Mucho menos si son dos chicos. Las cosas se hacen de una habitación p'adentro. Cuando la puerta se cierra, ahí que los cuerpos se deshagan enteros”.

Antonio me va enseñando su casa. Tiene un cuarto que llama "la habitación del meneo" con una cama grande y un montón de deuvedés porno que les pone a los hombres que allí entran. Es porno hetero. " Es que me piden que les ponga películas de chicas", argumenta.

No recuerdo una casa con tantas plantas y flores. También está llena de fotos de familiares y de retratos de Lola Flores, Juanita Reina o Sara Montiel. Hay poco hueco sin adorno, aunque Antonio siempre ha sido un currante. "Muchas veces he tenido que comer Avecrem, el caldo de la gallina esa, fíjate tú con las plumas que yo tengo ya", bromea.

5. Barcelona golfa y chorizo en París

Él vivió la Barcelona golfa de los 70, pero transmite tanta energía al hablar de ella que apenas desprende nostalgia. “Nos íbamos a cenar al Café Espanyol, que todavía sigue. La zona del Paral.el era maravillosa: nos metíamos en el teatro Victoria, o en el Arnau, o en el Molino, o en el Copacabana, que era una sala de fiestas de homosexuales. La gente que salía de las funciones del Liceu se iba allí", me cuenta.  

Sin proponérselo, Antonio evoca con su ruta una época en la que aún había barceloneses disfrutando del centro de Barcelona. "Íbamos a dar una vuelta por las Ramblas o a la calle Escudellers, que también había muchos bares de nosotros. Estaba el Gambrinus, que ese era más elegante. Tan elegante que una vez llevé hasta a mi madre allí”, recuerda.

Había bares 'de nosotros' tan elegantes que hasta alguna vez llevé a mi madre

Me falta en su ruta la zona noble de Barcelona. “Es que a los barrios altos no he ido apenas, porque cuando he estado allí no me he sentido a gusto. Siempre me he sentido mejor con la gente humilde, con el lujo no sé comportarme”, explica.

A los barrios altos barceloneses no, pero Antonio sí que ha ido a París. Allí fue algunas veces con un amigo que tenía un familiar en la capital francesa. Por supuesto, a su manera: "Mi amigo y yo nos llevábamos un chorizo, nos comprábamos una barra de pan y nos lo comíamos en los Campos Elíseos. París es precioso”.

He prometido a Antonio que le imprimiría este artículo. No tiene Internet, no le hace falta. Lo comprendo cuando veo junto al balcón su colección de papelitos con su número de teléfono.

Si volviera a nacer sería como he sido. Porque he sido muy feliz. Y continúo siéndolo (Antonio Ruiz)

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