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La historia del puma que vive bajo el letrero de Hollywood en Los Ángeles

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P-22 es una estrella más en la ciudad de los famosos

Elena Rue Morgue

10 Febrero 2017 12:45

Desde el momento en el que P-22 fue descubierto en el Parque Griffith en el año 2012 se convirtió en una estrella. Y no es para menos: Un puma que vive junto al letrero de Hollywood en Los Ángeles está destinado a ser famoso, le guste o no.

Fue portada del National Geographic, existen al menos seis cuentas de Twitter a su nombre, tiene una página en Facebook y su propio Instagram.



Ahora, además, acaban de estrenar un documental sobre su apasionante vida llamado The Cat That Changed America (El gato que cambió América).



Pero la vida no ha sido un camino de rosas para P-22. En los últimos años tuvo que ser ingresado tras ingerir matarratas, se coló en Los Feliz, una urbanización de lujo en la que vivía la ex pareja Jolie-Pitt (entre muchos otros) de donde las autoridades lograron echarlo lanzándole pelotazos y se ganó la enemistad de más de uno al colarse en el Zoo de Los Ángeles y comerse a un pobre koala.



Como todas las grandes historias que suceden en Hollywood, el debut de P-22 llegó a través de un objetivo. Un grupo de investigadores había sembrado Griffith Park con cámaras para estudiar la vida salvaje del parque.


Remote cameras


Se habían topado con un montón de ciervos, linces rojos y coyotes cuando, de repente, llego la sorpresa: un puma estaba vagando por las colinas de Los Ángeles. Semanas después de ser localizado por primera vez, Jeff Sikich, biólogo del Parque Griffith, capturó a P-22, le sacó sangre, marcó sus orejas, le colocó un collar con GPS en el cuello y volvió a dejarlo en libertad.


Remote cameras


Desde entonces el collar calcula la localización de P-22 8 veces al día (sí, así es como le pillaron con aquel asuntillo del koala...) gracias a un ordenador situado en Berlín gestionado que reenvia la información a Sikich.

P-22 empieza a hacerse mayor. Tiene casi siete años, y los pumas en libertad no viven más 10. Su collar tiene un sensor de mortalidad que avisaría a Sikich si el animal no se ha movido en 12 horas, pero de momento el puma de Hollywood parece tener cuerda para rato.



P-22 ha tratado de llamar la atención de otras hembras rascando el barro, marcando territorio con orina y heces, y ocasionalmente ronroneando y rugiendo. Pero el pobre solo se ha encontrado con el silencio como respuesta. No parece que haya ninguna novia para P-22 en Griffith Park.

Los biólogos están bastante sorprendidos de que P-22 lleve tanto tiempo sin moverse del parque, y han llegado a la conclusión de que el puma reconoce el riesgo que corre si trata de salir de él. Aunque es posible que algún día su instinto reproductivo lo empuje a marcharse en busca de una pareja.



"Los pumas en áreas como Santa Mónica o Santa Ana, y especialmente en la zona de Griffith Park, están apostando contra la casa", explicaba el biólogo de la Universidad de California Walter Boyce. "Y, a la larga, la casa siempre gana".


[Vía L.A. Times]

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