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Una ex-gurú de la autoayuda explica por qué no deberías fiarte de la autoayuda

Michelle Goodman fue una galardonada escritora de autoayuda. Hasta que tuvo una crisis de conciencia

Michelle Goodman es una escritora y periodista que dedicó bastantes años de su vida a escribir libros de autoayuda, algunos de ellos, como The Anti 9-to-5 Guide y My So-Called Freelance Life, le han supuesto galardones y reconocimiento.

Ahora confiesa en este artículo para Vox que todo el universo de la autoayuda no es más que una patraña.

La primera vez Goodman entró en contacto con este mundillo fue durante la década de los 90, trabajando en la organización de una serie de conferencias sobre crecimiento personal. Cuando vio sobre el escenario al famoso Deepak Chopra, lo tuvo claro: "este hombre es un fraude".

Durante estas jornadas en las que tuvo contacto directo con estos consejeros de masas, Goodman pudo ver lo que hay detrás de su personaje, "Aprendí que los gurús también son personas, incluso los gurús de autoayuda que llenan las estanterías de nuestros vecinos simpáticos. No son infalibles oráculos que todo lo saben. Son gente de negocios".

"Es todo mentira, es una ilusión" le explicaba por aquel entonces su amiga Chesire, una amiga suya que en aquel momento hacía de escritora fantasma para un buen número de gurús líderes de ventas. "La mayoría de esta gente no está más cualificada para ir repartiendo lecciones de vida que tú o que yo".

Parece que Goodman entendió esa última frase un poco como le dio la gana: una década después estaba publicando su primer libro de este tipo y comenzando una vida loca de charlas, entrevistas en la tele y en la radio y dando la brasa en las redes sociales. Durante el camino conoció a muchos autores del gremio, y descubrió que solo existían dos tipos de sujeto entre los de su clase, "la gente que vivía para escribir y los expertos autoproclamados que solo buscan hacerse ricos y famosos".

En lugar de seguir los consejos de ninguno de estos gurús que tan poca gracia le hacían, Goodman decidió montárselo a su manera, y las cosas no fueron demasiado bien. "Me convertí en una freelance acosada, salía corriendo de escribir una columna para poder llegar a una entrevista en algún evento y volvía corriendo a intentar mantener arriba mi ranking en Amazon, la mayoría de días trasnochaba para conseguirlo"

Hasta que todo empezó a estallar, tanto a nivel profesional como personal. "Comencé a llegar tarde a las entregas. Mi bandeja de correo empezó a llenarse de mails de editores cabreados preguntando '¿Dónde está tu historia?'. Cada lunes tenía que tomar la decisión de que proyecto retrasado iba a acabar primero. A veces llegaba a mis charlas habiendo dormido solo dos horas".

"'Pareces cansada', me dijo una compañera al salir de una charla en la que hablaba sobre cómo los escritores podían construir una reputación impecable. Se ahorró el mencionar el río de salsa de tomate que se me había caído sin darme cuenta sobre el vestido a la hora de comer".

"Mi vida social no estaba yendo mucho mejor. Mis amigos cada vez estaban más enfadados conmigo porque siempre les andaba cancelando planes para poder trabajar hasta tarde. Mi prometido me preguntó en más de una ocasión si todavía estábamos comprometidos".

Y las cosas solo fueron a peor. Goodman empezó a tener dolores en el pecho. Se gastó 4000 dólares en pruebas médicas para confirmar lo que la primera enfermera que le atendió ya le había dicho: era simple estrés.

Su conclusión fue la siguiente: "Predicar con el ejemplo es muy difícil, así que decidí dejar de predicar".

"Practicar lo que predicas es difícil, y no solo para mí. He conocido columnistas que aconsejan sobre relaciones y que no tienen una cita jamás. He conocido a un líder en workshops sobre 'cómo multiplicar tus ingresos como freelance' que me ha reconocido que no tiene ni idea de cuánto gana porque todas las cuentas las lleva su mujer".

"El sucio secreto de los que estamos en el negocio de aconsejar a los demás es que terminamos enseñando a otros las lecciones que más necesitaríamos aprender nosotros mismos".

Y la conciencia empezó a pesarle más que todo el dinero que estaba ganando. "Asesorar a otros sobre cómo orientar su vida profesional y la vida era un trabajo que ya no quería. Esto no fue sólo una crisis de habilidades o de cuenta bancaria; era una crisis de conciencia".

"Podía seguir vendiendo a los demás una persona falsa o volver a la vida sencilla del escritor freelance. Esencialmente, podía volverme un fraude como Chopra o dejarlo todo, y decidí dejarlo todo".

[Vía Vox]

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