Giras

The decline of electronic Music

Asoma el desencanto

The decline of electronic Music Asoma el desencantoEl ambiente en el patio de la escena electrónica anda revuelto. A la constante caída en las cifras de ventas de formatos físicos parece haber venido a sumarse en las últimas semanas un creciente hastío de orden estético (y casi espiritual) que empieza a copar el debate en los más reputados rincones de la blogosfera.

En agosto del pasado año, algunas de las más potentes distribuidoras discográficas alemanas en el ámbito de las músicas de baile, decidieron dejar a un lado sus diferencias y sentarse a dialogar en torno a una misma mesa. El objetivo: llegar a un acuerdo que facilitara el fortalecimiento de un medio, el de la distribución de discos de vinilo, que se veía amenazado por la creciente competencia del formato MP3 como herramienta de trabajo en los clubs. En aquella reunión se alcanzó un principio de acuerdo para que las descargas comerciales de los nuevos lanzamientos que estas plataformas distribuyen no puedan estar disponibles en las tiendas digitales hasta al menos dos semanas después de que los vinilos estén publicados. Aquella alianza pro-vinilo no era sino el primero de un conjunto de síntomas que denotan el agotamiento y el desencanto que empieza a respirarse en la escena electrónica en general, y en el mundo del techno en particular, un género que arrastrado por la fiebre minimal ha acabado viéndose aquejado del mal de la homogeneización y la constante repetición de esquemas. Cada vez son menos los productores que asumen riesgos; cada vez es más díficil toparse con una sesión especial en un club porque todos los DJs acaban siempre pinchando los mismos temas; cada vez más la tecnología parece ocuparse (uniformando los resultados) de parcelas que antes dependían sólo de la creatividad del músico; todo parece tender hacia la calcificación, la monotonía y el aburrimiento.

Como el tema es demasiado complejo como para intentar acotar sus extremos en el muy limitado espacio que disponemos para esta noticia, preferimos emplazaros a la lectura de la columna (y al rastreo de los hilos que su texto menciona) que Philip Sherburne, una de las plumas más lúcidas en lo que al seguimiento y análisis de las músicas electrónicas contemporáneas se refiere, publicaba hace un par de semanas en Pitchfork. El debate está servido.

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