Giras

The Horrors

De menos a más en sesenta minutos (Razz 2, Barcelona, 01-12-2011)

Por Álvaro García Montoliu

Superado el ecuador de los festejos del décimo primer aniversario de la barcelonesa sala Razzmatazz, con algunas veladas para el recuerdo como la protagonizada por toda la tropa DFA, el día en el que el telonero (Chad Valley) superó al artista principal (Washed Out), o el apocalipsis dance-punk de The Rapture, y con mucho más por venir (empezamos a salivar con la ya bautizada noche de los Jaimes), toca hacer un repaso a otro de los platos fuertes: The Horrors. La banda comandada por el espigado Faris Badwan volvió anoche a la ciudad condal una semana después de que se cumpliesen dos años de su anterior visita, también en Razz 2. Y por si quedaba alguna duda del tirón que siguen teniendo y la recepción entre el público de su tercer disco, “Skying”, el recinto casi se llenó. La lástima es que no escogiesen como teloneros a Cat’s Eyes, ya para tener la dosis completa de Badwan, y apostasen por Cerebral Ballzy, un grupo de hardcore punk de Brooklyn que hubiese encajado mejor si los británicos estuviesen presentando su álbum de debut, “Strange House”.

Muchos ya estarán al tanto de que el directo no es uno de los fuertes de The Horrors, y lo de ayer no fue una excepción. Fueron clarísimamente de menos a más, pese a que el inicio, con “Changing The Rain”, transmitió buenas vibraciones. Esos baggy beats y ese Rhys Webb que ahora más que Bimba Bosé parece Mani en todos los sentidos, y que iba alternando el bajo con una apropiada pandereta, hicieron del tema una buena introducción a la vertiente más Madchester de “Skying”. Pero Faris no quiso ejercer de frontman hasta la tercera canción, “I Can See Through You”. Una lástima que, cuando empezó a soltarse, tuviese problemas técnicos en “Scarlet Fields”. Puede que ese fuese el motivo de que se entrase en el tramo más anodino del concierto.

“Dive In” no consiguió levantar los ánimos y “Sea Within A Sea”, probablemente la mejor producción que hayan grabado jamás, en directo no cobró esa grandeza krautrock que tiene en disco. La interpretación no fue la más acertada, cargándose ese ritmo tan marcado, casi de metrónomo. Y ya en el clímax del tema faltó más ruido, contundencia y visceralidad. Le siguió “Still Life”, que en otras circunstancias hubiese sido el colofón perfecto a la primera parte de la actuación. Pero esa épica de estadio tan Simple Minds se quedó en poco. De potencial himno a canción del montón. Así las cosas, y tras poco más de cuarenta minutos sobre el escenario, se fueron a los camerinos a tomarse un descanso de cinco minutos y, quizá, a someterse a una transfusión de sangre que parece que les surgió efecto.

Se produjo entonces, antes de empezar los bises, uno de los pocos momentos en los que Faris Badwan se dirigió al público. “Espero que tengáis energías”, arengó. Y vaya si los asistentes las tuvieron con “Mirror’s Image”. No sabemos quién contagió a quién, pero por fin la cosa despegó por completo. Tras una breve “Three Decades” llegó “Moving Further Away”, que con su algo más de cuarto de hora de duración sirvió para quitar el sabor agridulce que había generado el concierto en buena parte del mismo. Teclados celestiales, maracas a cargo de Webb y salpiconazos acid para rememorar una vez más el Verano del Amor en el primer fragmento de la canción. Con Joshua Third azotando su guitarra y el vocalista restregando el micro contra los bafles llegó ese ruido y ese feedback que veníamos reclamando desde el principio. Y ya en el tramo final el escuálido cantante sacó toda la furia que tenía dentro, desplegando así toda su pericia y arañando con su voz al personal. Se lució y se entregó al máximo, pero todos hubiésemos agradecido que no hubiese reservado todas sus fuerzas para los últimos veinte minutos.

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