Giras

The Flaming Lips

En estado embrionario

The Flaming Lips

Quién haya estado atento a la carrera de fondo de ese gran ente mutante que responde al nombre de The Flaming Lips -desde el año 83 vienen haciendo sus cosas- sabrá que lo de estarse quieto, lo de explotar hasta la saciedad una misma fórmula, lo de permanecer en el mismo sitio no va mucho con ellos. Parte de la fascinación que brota de su música emana del cambio, del no saber a ciencia cierta cual será su siguiente apuesta. Y eso, pura incertidumbre, palabras como globos sonda y expectativas, es lo que de momento rodea a la publicación de su próximo trabajo, un álbum, el número doce en su discografía, que, vía Warner, debería llegar a ver la luz a finales de este mismo verano con el título -de momento tentativo- de “Embryonic”.

De acuerdo a Billboard, el álbum será doble. Cuenta Wayne Coyne que “en algún momento del camino, se me ocurrió que deberíamos hacer un álbum doble (…) Nuestros últimos dos discos siempre nos han planteado dilemas en el sentido de cuántas canciones meter, cuántos instrumentos usar, cuál es el foco en el que centrarse. Y algunos de mis discos favoritos -piensa en el 'White Album' de Beatles, en el 'Phisical Graffiti' de Led Zeppelin, e incluso en las cosas más largas que hicieron The Clash- me gustan, entre otras cosas, por no estar tan enfocados. Esos discos son algo así como una gran gresca y se atreven a meter la cabeza en todas partes. No se trata de que seamos prolíficos, de hecho siempre solemos estar en un estado de pánico perpetuo, en el sentido de que nunca tenemos más canciones de las que necesitamos, y siempre nos estamos preguntando si las que tenemos son suficientemente buenas. Creo que trabajamos mejor en ese estado de pánico, así que quizás fue mejor el planearlo de esta manera”.

La banda se pasó buena parte del año pasado grabando con Dave Friedmann, usando la vieja casa -vacía, por estar en venta- de Steven Drodz como caja de resonancia y estudio, para luego, a partir del material registrado en aquellas sesiones, muy abiertas al accidente, dedicarse a trocearlo, tratarlo y reordenarlo todo tirando de ordenadores. El resultado, dice Coyne, es un álbum esquizofrénico -pero aún orgánico- de free rock, de “free freakout rock”, que oscila entre los extremos que marcarían “Convinced of the Hex”, una canción que define a medio camino entre Joy Division y las excursiones de contornos libres del Miles Davis cósmico, y “I Don't Understand Karma”, ejemplo de un segundo perfil, de un hacer más meditativo y conciso que Wayne compara con el John Lennon de “Instant Karma”.

La banda planea volver al estudio a finales de mes para volver sobre el material grabado, acabar algunas cosas aún pendientes de rematar, y decidir qué acaba formando parte de “Embryonic”, un álbum doble que podría sumar en torno a 20 canciones, que aquí esperamos sean 20 sorpresas.

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