Giras

Sónar, viernes

La noche en que Aphex Twin y M.I.A. nos dieron para el pelo

Sónar M.I.A.

Sónar apesta a llenazo por los cuatro costados: se anticipó el jueves en un CCCB que era una sauna, y se confirmó ayer. Por suerte, tuvimos la primera de las dos noches del festival, donde refresca y la música cumplió todas las expectativas: riesgo, bronca, pop, baile, todo lo necesario para haber salido del monstruoso espacio de Fira Gran Via con una sonrisa en la boca y frases del tipo “no me siento las piernas”. ¿Cómo llegamos a este punto? Os lo explicamos aquí.

Matador Rockers (SónarDôme)

Expectación máxima nacional. Hay unos chavales llamados Matador Rockers, acogidos por el seno de la familia Del Palo, que están haciendo rap en español y no suenan a lo de siempre. Gracias. De hecho, hoy se subían a un escenario Sónar –ni en el Hypnotik, ni en el Viña, ni siquiera del Cultura Urbana– para afrontar posiblemente uno de los bolos más importantes para ellos hasta la fecha. De ahí el nerviosismo inicial, propiciado también por los problemas de sonido. Sin embargo, estos cuatro hijos de los ochenta –cuatro chavales normales, sin tatus, ni joyería excesiva ni bambas de edición limitada– se han ido creciendo según iban soltando las canciones que ocuparán su primer álbum “Esto Tenía Que Pasar” (en la calle dentro de dos semanas). El público, escaso pero tremendamente cálido con los artistas, no se ha movido en exceso a pesar de lo pegadizo de las bases. Es muy difícil dejar de prestar atención a esas letras tan llanas y a la vez tan reflexivas para concentrarte en tu psicomotricidad. Gente normal hablando de cosas normales con un ritmo, una filosofía y un humor anormal en el mejor de los sentidos. Mención de honor para el Puto Chen por estar a todo (MPC, micro, baile y labores de speaker) sin despeinarse. Para acabar, un tema de otra mujer que también nos hizo quererla mucho un viernes de Sónar 2010 al mediodía: BFlecha. Mónica Franco

Astrud + Col·lectiu Brossa (SonarHall)

Da exactamente igual en qué formato se nos presenten Manolo y Genís. Básicamente, porque sus hoygan les rendirán devoción hagan lo que hagan. Esta es la recompensa a más de una década en el Olimpo del pop costumbrista. Para esta ocasión (como vienen haciendo desde los últimos meses), a Astrud les acompañan esa orquesta de cámara del Col·lectiu Brossa que tienen el cometido de realzar su repertorio (incluso, el del incomprensiblemente ninguneado “Tú No Existes”). Rompiendo el guión habitual de sus últimos conciertos, abrieron fuego con los temas que, hasta la fecha, cerraban su repertorio ( “Esto Debería Acabarse Aquí” y “La Última”). A partir de este punto, Genís con sus juguetitos (no podía faltar un theremín) y Manolo haciendo aflorar la diva que lleva dentro desgranaron buena parte del cancionero revestido en “Lo Nuevo”. El público disfrutó, coreó sus canciones como si no hubiera un mañana (aunque el formato no permitiera tal licencia) e, instintivamente, se hizo llagas en las manos con ese mashup final del “Voglio Vederti Danzare” de Franco Battiato y “Hay Un Hombre En España” con el que se despidieron. Les adoramos. Y lo mejor de todo es que ellos lo saben. Sergio del Amo

oOoOO (SónarComplex)

De las tres puntas del triángulo de las Bermudas que proponen desde Tri Angle Records, quizá oOoOO sea la propuesta más witch house. Aunque no es bueno caer en reduccionismos con un tipo que sabe aunar con maestría el rap, el IDM y la onda balearic. La suya es una música de atmósfera saturada, una tormenta eléctrica en medio de un desierto oriental creando una neblina más temible que la de “Perdidos”. Con poquísima antelación, la organización del Sónar nos brindó una buena noticia: lo que en principio iba a ser un híbrido entre sesión y directo finalmente acabó siendo lo segundo. De hecho, fue uno de los primeros de Christopher Dexter Greenspan, que se subió al escenario acompañado por una chica que ofició de vocalista y que iba envuelta por un velo/red amarillo fluorescente. Por momentos pareció que estábamos escuchando a Beth Gibbons. Aunque interpretaron pronto “Burnout Eyess”, basaron su repertorio en material inédito, al que dieron mucho protagonismo vocal. Si los primeros minutos estuvieron dedicados al baile horizontal, el tramo final del concierto lo empezaron con bajos gordos –poderosa sonó “Hearts”–. Pero cuando la sala empezó a ponerse a tono finalizó el recital con el cronómetro parado en 30 minutos exactos. Fue breve pero dejaron buenas sensaciones pues los adelantos sonaron estimulantes. Álvaro García Montoliu

Katy B (SónarDôme / SónarLab)

El concepto interpretar música de club con instrumentos clásicos es siempre arriesgado, aunque no imposible. Y sólo me suele generar dos sensaciones distintas: o me parece una bazofia o me parece increíblemente guay. Pues Katy B ha conseguido que por primera vez me quede en algún punto intermedio (más cercano al bueno, todo sea dicho) entre esos dos extremos. A favor: calidad y cantidad de músicos sobre el escenario para captar todos los detalles de las producciones, la voz de ella –a pesar del trote de conciertos que lleva a sus espaldas– ha estado a la altura de lo esperado y las ganas y la energía sobre las tablas (ese MC / animador, ¡qué necesario!) han hecho que el ambiente verbenero que se vivía en el Dôme haya merecido la pena. Equilibrando la balanza en lo negativo está la falta de factor sorpresa; Katy hace el mismo speech en el mismo momento siempre. Si lo viste en Youtube antes, pierde credibilidad. Como pierden credibilidad unas letras que hablan de la rutina vital del joven clubber cuando te las cuentan en el centro de Barcelona a plena luz de la tarde bajo una carpa. El claustrofóbico desalojo del espacio no se lo tendremos en cuenta, por supuesto. MF

How To Dress Well (SónarComplex)

Asociado desde su aparición al movimiento witch house más por cuestiones coyunturales (publica en Tri Angle Records, casa de algunos de los artistas clave de esta nueva etiqueta) que musicales, How To Dress Well puso en funcionamiento su repertorio cargado de referencias al R&B y a un pop de baja fidelidad en la que la sensualidad volvió a compartir protagonismo con la oscuridad como en el directo de oOoOO. Tom Krell apareció en el escenario con tan solo un micro. No sabíamos muy bien de dónde procedían las bases, pero a todas luces parecían pregrabadas. Ante tamaña desilusión sólo nos quedó aferrarnos a su voz. El falsetto de “Ready For The World”, del que Justin Timberlake estaría orgulloso, supo embriagar al respetable. También intentó ganarse a los asistentes con sus palabras (muchos agradecimientos y una felicitación al movimiento 15-M). Pero sus escasas armas no bastaron. Mejor escuchar “Love Remains” en casa. AGM

Teebs

Aunque conozco el fanatismo ortodoxo de los fans de Teebs, jamás esperé encontrar el espacio del SonarDôme tan lleno en su actuación. Ahora me pregunto cuánto habrá influido en el aforo el tapón de la salida de Katy B. De cualquier manera, Mtendere Mandowa ha salido ovacionado del escenario, tras un ejercicio que nos ha inducido a todos en un estado de química emocional colectiva sólo interrumpida por aplausos arrancados en los momentos de clímax. Los primeros efectos de una leve insolación han ayudado a que nos dejáramos guiar todos por los movimientos del productor, hipnotizantes y sirviendo de batuta a cualquier baile más allá de las vallas. Más que bailes, balanceo corporal para acompañar la voluptuosidad rítmica y las texturas exuberantes de los temas de Mandowa. Momentazos de abstracción total cazando al vuelo ese golpe a destiempo que te descoloca. Pero que acaba marcándote el siguiente patrón rítmico capaz de hipnotizarte de nuevo. Seguramente te haya pasado si has visto a Flying Lotus en directo. Pues con Teebs también pasa, y eso es algo de agradecer, además de un piropo cojonudo. MF

Hauschka (SonarHall)

Erik Satie ya probó suerte, pero si alguien sentó cátedra en materia de pianos preparados (es decir, la estratégica colocación de objetos entre las cuerdas de un piano) ese fue John Cage. Al menos, hasta ahora. Volker Bertelmann se ha apoderado de este postulado llevándolo a los tiempos que corren. Faltaba una cámara que proyectara las entrañas de su piano (desde la primera fila sólo se vislumbraba un par de baquetas incrustadas), aunque el gran peso de la mutación sonora de su querido instrumento se debía a un controlador de efectos. Acompañado de un percusionista, Bertelmann conjugó técnica y tecnología para escupir beats helados, metálicos y sensoriales desde su piano. ¿Magia? Probablemente. Pero lo cierto es que su propuesta (un híbrido entre Sigur Rós y el Apparat más ambiental) resultó una gran sorpresa para aquellos que no quisieron sentirse como una lata de sardinas en Four Tet. SdA

Four Tet (SónarVillage)

No exageramos cuando decimos que a Four Tet la vida la sonríe, que llega a este Sónar en el mejor estado de forma. Es íntimo amigo de Thom Yorke y una de las pocas personas que ha podido colaborar en el estudio con Burial (y no una, sino dos veces). Casi nada para un londinense que, de todos modos, lleva más de una década de dilatada carrera discográfica. Tras empezar con un tema inédito, la gente celebró los primeros compases de “Love Cry” y entró en éxtasis cuando Kieran Hebden soltó el bombo. Exactamente lo que los cuerpos anhelaban a esa hora de la tarde. El londinense se recreó en ella a sabiendas de que ésta es su gran joya, trasteando con los filtros. A la postre resultó ser la única canción que tocó del soberbio “There Is Love In You”. Prolongó el buenrollismo en el SónarVillage con “Pinnacles”, de su split con Caribou. Mucho material nuevo 4x4 que remató al final con una pieza acelerada a unos 170 BPMs que recordó por momentos al Aphex Twin más accesible. Buen presagio para lo que tenía que ocurrir horas más tarde en la Fira Gran Via (M2). AGM

Cyclo (SónarClub)

Vaya comienzo para la noche. No repartieron la tunda que Aphex Twin, pero lo de Cyclo fue una barbaridad: Ryoji Ikeda y Alva Noto con el escenario grande para ellos solos, vacío excepto las primeras filas –fanáticos del techno abstruso post-digital o, muy probablemente, fans a muerte de The Human League–, un soundsystem perfecto y un ejercicio de deconstrucción que hace que todavía se me agiten las tripas. Todos los matices de su discurso –agudos, glitches, frecuencias graves, bombos sacados de pulsos secos– se percibieron con una nitidez asombrosa, y la pareja de Raster-Noton logró algo que no creíamos posible: evolucionar y mejorar el discurso de los últimos Pan Sonic. Y escuchar un concierto tan complejo en un lugar tan grande y en un contexto de club no tiene precio, oigan. Mario G. Sinde

The Human League (SónarClub)

Cada año el festival invita al SonarClub a un grupo que acreciente la media de edad del público. El pasado año Bryan Ferry lució botox junto a sus Roxy Music y, esta vez, el turno era para ese divo mundano (que no para de pasearse de lado a lado del escenario) llamado Philip Oakey. The Human League, pese a contar con un más que digno nuevo álbum, “Credo”, aprovechó la ocasión para demostrar (nuevamente) por qué son unos entes intocables del synth pop atemporal. Con contadas referencias al nuevo repertorio (cayeron “Never Let Me Go”, “Egomaniac” y “Night People”), los británicos siguen siendo unos putos amos aunque su puesta en escena oliera a naftalina. ¿Qué margen de error existe en un concierto en el que suenan “Tell Me When”, “The Sound of The Crowd” o “The Lebanon” en los primeros minutos? Ya pueden imaginarse la respuesta. Sonó lo que tenía que sonar (desde “Empire State Human” pasando por la siempre aclamada “Don’t You Want Me” o el cierre de “Together In Electric Dreams”), pero si nos tenemos que quedarnos con algo es con Susan Ann Sulley (ella baila por libre como reinona que es) y la siempre a reivindicar Joanne Catherall (que tanto podría ejercer como corista de Camela como aparecer en un capítulo de “Princesas de Barrio”). Me lo pasé como un crio y me quité dos quilos de encima durante “Love Action (I Believe In Love)”. ¿Se puede pedir algo más? SdA

Cut Copy (SónarLab)

Esta edición del Sónar nos dio la posibilidad de comparar cómo se hacía el pop electrónico en sus orígenes con la actuación de The Human League y cómo lo reviven ahora. Cut Copy, el gran nombre del sonido Melbourne, tenía que acabar estando un día u otro en este festival. Y por fin los tuvimos, quizá en su mejor momento, presentando “Zonoscope”, la reválida de su celebradísimo “In Ghost Colours”. Aunque el disco no es tan inmediato como su predecesor tiraron por lo fácil y apostaron por interpretar las canciones más accesibles. Es decir, ni rastro de esa epopeya cósmica de quince minutos que es “Sun God” y que sí suelen tocar en salas. Así, el concierto devino en una suerte de greatest hits en el que no hubo ningún momento de descanso salvo por la inocente “Saturdays” de su marginado debut. La fleetwoodmaciana “Take Me Over”, “Pharaohs & Pyramids” y “Need You Know” se mezclaron con la incombustible “Hearts On Fire” (prácticamente el único momento en el que la guitarra ganó algo de protagonismo), “Out There In The Ice” y “Lights & Music”. Por supuesto, todo esto fue suficiente para contentar al joven público, eufórico y saltarín, que se agolpó en el SónarLab. AGM

Trentemoller (SónarPub)

Trentemoller mueve masas, pero por la programación de Sónar había pasado de tapadillo. Será porque “Into The Great Wild Yonder” no es un disco tan referencial como “The Last Resort” y ya no viene acompañado de una ristra de elogios. Pero el danés tiene un directo poderoso, con una banda acompactada y enérgica que, por momentos, recordaba a lo que harían LCD Soundsystem si se reconvirtieran en un grupo de versiones de James Holden. Había algunos rockismos, con Trentemoller dando caña a los teclados y guitarras en el escenario –que sirvieron para afilar “Silver Surfer, Ghost Rider Go!!!”, su tema más surf–, pero cuando se bajaban las luces, las tablas se teñían de azul, en vez de personas había sombras y sonaban los pasajes más electrónicos tipo “Take Me Into Your Skin”, entonces era como para ponerse de rodillas y besar el suelo que pisaba. MGS

Annie (SonarCar)

De candidata a mamarracha escandinava a wannabe. Annie ha jugado sus cartas peor que Uffie (que ya es decir). Sin embargo, la noruega (guapa a rabiar) aterrizó en el festival no para presentar su “Don’t Stop”, sino para ejercer de pinchadiscos para aquella masa a la que le da pereza Cut Copy o simplemente hacía tiempo hasta la aparición de M.I.A. No recurrió al petardeo (aunque uno es lo que esperaba de ella) ni al recurso fácil de pinchar algunos de sus mejores temas (hubiéramos sacado nuestras garras por “Anthonio” o “Songs Me Remind Of You”). Annie se dejó llevar por las bases houseras, el bombo easy-listening y algún que otro remix pseudo mainstream (por ejemplo, el “Hands” de The Ting Tings). Torpona a la hora de enlazar los temas (es lo que tiene no ponerse la crema Neutrogena), cumplió con su cometido de caldear el ambiente en ese bizarro SonarCar que viene de paso para encasquetarse una golosa crêpe. Lo mejor, de calle, fue esa frase lapidaria que un amigo me soltó durante la sesión: “Noruega es la nueva Suecia”. Si quieren saber a qué viene esto mejor pregúnteselo a él. SdA

BBC Radio 1 presents (SónarLab)

Benji B encendía la maquinaria con una buen aforo y ambiente de distensión en el SonarLab. El sustituto de la Hobbs hizo un repaso sin barreras genéricas de los grandes temas que han pasado por su espacio radiofónico en el último año. A la postre, 45 minutos de “hits” de 2011 en materia de música de bajos. ¿Fácil? Mucho. ¿Eficaz? También. Con “Out In The Streets VIP” como traca final le pasaba el testigo a Ramadanman aka Pearson Sound. Tal y como se ponía al frente de la mesa, el zumbido de los bajos empezó a atronar rozando el dolor físico. Sonaron temas propios con sus diferentes alias, inéditos como la remezcla de “Oh My Days” de Auntie Flo y cosas de sus afines y cercanos, por ejemplo Untold. Con la corrección técnica de David Kennedy y su genial conexión con el público, el primer tramo de la noche se cerraba superando con creces las expectativas.

Katy B servía de bisagra con la segunda mitad de la velada. Nuestra diva del underground calcó el directo de la tarde con una única diferencia resaltable: la presencia de Ms Dynamite sobre el escenario en “Lights On”. La otra responsable de la noche en nombre de la radio británica era Annie Mac, que tomaba el micro y los platos con el público todavía animado tras el jolgorio de Katy B. Aunque no sigas el programa de Mac, puedes entrever que la locutora tiene tragaderas diferentes a Benji B para asimilar la actualidad musical. Pero jamás imaginarías que, tras los platos, te fuera a salir con una retahíla de progressive house de nuevo cuño con sobredosis de silbatos y vuvucelas. Creo que confundío Barcelona con Ibiza o se dejó llevar de más. Mi consuelo en ese momento fue la llegada de Redlight, que paseó buena parte de su material propio aprovechando la ocasión. Mantuvo el ánimo arriba y no se dejó ninguno de sus géneros fetiche: bassline, grime y UK funky. Todos perdimos el culo para estar en las primeras filas con “What You Talking About?” y Ms Dynamite, con la que Redlight también presentó un single compartido todavía inédito. La cosa había mejorado musicalmente pero el volumen llevaba mucho tiempo siendo excesivo. Toddla T acabó con la tolerancia a los decibelios de la minoría sobria, pero su repertorio más bombástico y comercial contó con buena acogida por el resto de los presentes. MF

M.I.A. (SonarClub)

Nos temíamos lo peor. La aguja del reloj corría y la diva tercermundista no hacía acto de presencia. ¿Cabreo de última hora? ¿Le habían dejado un ejemplar del New York Times en el camerino? Con casi media hora de retraso M.I.A hizo acto de presencia y como buena torera fue a matar. Con toda su chulería poligonera se sacó de encima a la primera de cambio “Sunshowers”, “Galang”, “Bucky Done Gun”, “BirdFlu” y “Boyz”. Hasta sus haters (agolpados en las primeras filas para lanzarle escupos si la ocasión lo merecía), ante tal bombardeo de hits, tuvieron que cerrar sus bocas y dejarse llevar. Empapados de sudor y deshidratados cayó “Paper Planes”, pero lo bueno fue cuando el despiporre se apoderó del respetable y algunos suertudos, invitados por ella misma, subieron al escenario para hacer el cabra durante la demoledora “Meds And Feds” y “Born Free”. Sin necesidad de cantar en todo momento (perreando en el escenario con sus movimientos de glúteos ya se vale), M.I.A. convirtió el SonarClub en una orgía de baile y beats machacones del que tardaremos tiempo en recuperarnos. Pese a salir cuando le salió del higo, sin duda, se fue de Barcelona por la puerta grande. SdA

Aphex Twin (SónarPub)

Si pudiese hablar con mi yo de 2007 en cuanto saliese el tema de la música, seguramente lo que le diría es que en estos tiempos Aphex Twin nos visita a razón de una vez al año en Barcelona. Él seguro que no se lo creería pero yo podría fanfarronear bien a gusto de tener tan a tiro una estrella que antaño era tan esquiva. Ante esta actuación la pregunta clave es: ¿qué faceta mostraría el bueno de Richard? Pues bien, empezó con ritmos rotos salpicados por una 303, caldeó la atmósfera, el acid ganó terreno (sonó el clásico “Jesus Loves The Acid” de Ecstasy Club, una de las pocas piezas reconocibles que pinchó), viró hacia el techno y desembocó en un frenético hardcore de tintes rave en el que se escucharon hasta silbatos. Maestro entre los maestros. El indiscutible rey de la electrónica. Mención aparte merecieron unos visuales interactivos en los que él se dio el protagonismo justo mostrando su cara superpuesta en los cuerpos de mujeres muy a lo “Windowlicker” y sometiendo su silueta a una composición 3D. Pero los grandes protagonistas fueron los asistentes a quienes se les hicieron termografías y demás virguerías audiovisuales. Sus caras de felicidad dieron buena muestra de lo que aconteció. AGM

Die Antwoord (SónarPub)

Hay que tomárselos a broma para que acaben funcionando en serio. Die Antwoord me parecen tan cartoon que la ficción se vuelve la realidad y disfrutas de sus personajes. Por ejemplo, Yo-Landi no sería ella si no se estuviera metiendo las bragas por el chocho y el culo en todo momento. Y Ninja, candidato a ser el campeón de belleza esquelética en un concurso organizado en un presidio, tiene una lengua que escupe palabras feas como si fuera una metralleta, un flow apocalíptico y una presencia escénica imponente. O sea, que Die Antwoord son en broma, pero es una broma estudiada y que funciona a la perfección, con sus aportes de world music, hip hop taleguero y detalles de mal rollo como esa proyección de Casper el fantasma con una polla de medio metro y la retahíla de hits: “Enter The Ninja”, “Rich Bitch”… Por si fuera poco, sample de Enya y Ninja vistiendo sus ya míticos calzoncillos de Pink Floyd, esos que permiten tanta elasticidad y movimientos en molinillo del miembro viril. MGS

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