Giras

Sónar, 19 de junio: a fondo

Sónar 2010

Por Sergio del Amo, Mónica Franco, Ronald Fritze y Julio Pardo.

Es oficial: Sónar de récords. El festival barcelonés no sólo se ha afirmado en la primera posición en la liga mundial de grandes eventos que giran alrededor de la música electrónica, sino que ha superado su propio techo de participación situándose en la cifra de 100.000 asistentes durante tres días en los que nuestros oídos y ojos han tenido que hacer horas extraordinarias. Sónar 2010 cierra su balance con un superávit de talento, emoción, fiesta y actuaciones para recordar. Os contamos como vimos la tercera y última jornada sin perder ni un segundo más.

Moodymann (SónarDome-Red Bull Music Academy)Nos hizo sudar, aunque eso es algo que a Moody le va incluido en el sueldo. Una sesión suya sin calor, sin negritud y sin pegada soulful no sería una sesión, sino una estafa. Pero el de Detroit no falla nunca, y se puso tras los platos para desparramar toda la clase que lleva dentro. No es uno de los grandes del techno por casualidad. Tampoco es uno de los productores más veteranos de la Motor City por azar. Moodymann se mantiene fiel a una manera de hacer – loops de soul incrustados en un armazón de techno lo-fi– y la lleva hasta las últimas consecuencias. Su exhibición de técnica y criterio en el escenario programado por Red Bull Music Academy fue total, mezclando producciones propias y, lo que a muchos nos ganó por completo, una batería de clásicos del soul recóndito y el funk suave –y mucha música disco lujosa– que él ha sampleado en algún momento de su dilatada carrera. Un homenaje a sus raíces y a su filosofía, un artista que merece todo lo bueno que se diga de él. RF

Bomba Estéreo (SónarVillage)El deber me llamaba y tuve que interrumpir mi deseadisima siesta para ver a los colombianos Bomba Estéreo. Al tercer día de festival, la necesidad de sueño ya es considerable; una tampoco tiene muy buen despertar, así que, por mucha fuerza y energía que desprendiera el espectáculo, a mí no me daba la gana bailar. A pesar de mi karma negro, he de reconocer que lo de Li Saumet es tirar con fuerza del espíritu de la gente y lo demás son tonterías. El que sí bailo y de lo lindo fue el publico del SónarVillage, abarrotado per se (el sábado fue más evidente que nunca que el recinto se empieza a quedar pequeño) y no por verdadero interés de antemano en ver a la banda. Saumet consiguió contagiar de cumbia y rimas a su audiencia; incluso hizo subir el escenario a unas cuantas muchachas para una exhibición de champeta, uno de los ritmos que, junto con algo de reggae, algo de pop y la cumbia como hilo conductor, conforman el sonido del grupo. Propuesta divertida, desfogada y fresca, pero no más interesante que otras cosas que se hacen hoy en día en Latinoamérica. Bomba Estéreo no dejan de ser un intento de Carlos Vives readaptado al siglo XXI. Música para “verbenear”, festejar un rato y arrimar la cebolleta. MF

Necro Deathmort (SónarHall)Casi de tapadillo, desapercibidos en un programa al que este año le faltaba alguna pincelada más de post-metal y vanguardia ruidosa, Necro Deathmort no dejaron indiferentes a los que se acercaron al SónarHall, ayer convertido más que nunca en una cueva temible y acongojante de mal rollo. Su discurso musical no tiene muchos secretos, pues apela a una revisión bastante predecible y asimilada del doom-metal con una variación, el uso de beats contundentes como soporte rítmico, pero la manera de ponerlo en práctica despierta más curiosidad e interés. Con la única ayuda de un laptop, algún cacharro de efectos y una guitarra, disposición escénica en las antípodas de la ortodoxia, la pareja británica levanta una neblina de drones de ruido negro y breaks en espiral que se complementa con muy buen criterio por un juego de visuales de claras reminiscencias expresionistas que ayuda, y de qué manera, a acentuar la sensación de miedo y pavor. Todo a oscuras, claustrofóbico y amenazante: el momento black del festival. JP

Uffie (SónarVillage)La niña mimada de Ed Banger, esa misma que ha tardado cuatro años en parir “Sex Dreams And Denim Jeans”, tomó el Sónar Village convertida en toda una señorona con ínfulas de diva. Ella se quiere, y mucho. Aquellos que le seguimos la pista desde aquel “Pop The Glock” –que cerró su show, estaba cantado– seguimos recordando cómo se las gastaba cuando, estando preñada, la chica sentía una anómala fascinación por revolcarse por el suelo. Por aquel entonces se enorgullecía de ser un ave nocturna etílica. Lo que hace unas horas pudo presenciarse, sin embargo, fue del todo diferente. Ahora, Uffie demuestra tener más tablas –en el escenario le ayudaban un DJ y un teclista–, pero por desgracia pocos de los allí presentes conocían el nuevo repertorio de la estadounidense. El populacho pedía caña –es decir, electro sucio–, pero hasta que “Robot Oeuf” no hizo acto de presencia la indiferencia se mascaba en el aire. Toda una lástima, desde luego, ya que gracias a la grandeza del arsenal de productores que han confeccionado su álbum, el repertorio de la veinteañera es la mar de digno. Si el concierto hubiera acontecido hace cuatro años, la reacción habría sido diferente. SdA

The Slew festuring Kid Koala (SónarHall)Otra vez con las aglomeraciones, la saturación, los codazos y la mala hostia en general. El concierto del proyecto de Kid Koala junto a Dynomite D volvió a poner de manifiesto que la ubicación en el corazón de Barcelona le viene justita a los aforos que se alcanzan en el festival año tras año, sobre todo los sábados. Por no hablar de las colas; ni en diez años de ejercicios de kegel hubiera conseguido semejante “tono” muscular vaginal. Era obvio que el SónarHall se llenaría: poder ver seis platos acompañados de guitarra y batería encima de un escenario no ocurre muy a menudo. De hecho, era la primera y única actuación del tándem en Europa. Kid Koala y compañía desplegaron esos temas de banda sonora para documental inédito de Jay Rowlands, todos construidos a base de virtuosismo DMC, scratches de locura, guitarras setenteras –Myles Heskett no ha tenido que variar el estilo de su formación, Wolfmother– y la frescura que aporta una batería en directo para construir las bases de las canciones. El abarrotadísimo SonarHall permaneció más atento a los movimientos de las manos de los dos DJs que a mover el cuerpo. Daba igual, cualquiera de las dos cosas era altamente disfrutable. Y de este detalle se desprende el toque de atención: un par de cámaras enfocando a las mesas y un par de pantallas no hubieran estado de más. Porque el verdadero espectáculo estaba en la técnica. MF

Roxy Music (SónarClub)Muchas eran las dudas que rondaban por mi cabeza horas antes de que Bryan Ferry, Phil Manzanera y Andy Mackay se subieran al escenario. La última vez que Roxy Music tocaron en Barcelona, servidor no había ni nacido. De modo que, ante la posibilidad de poder presenciar en directo el renacimiento de una de las bandas capitales de lo que se etiquetó como art-rock, no me lo pensé dos veces. Tristemente, no todo el mundo pensó igual: no hubo un lleno total. Pese a todo, el mayor interrogante de este asunto era saber si la banda daría la talla. No son unos chavalines, que digamos. Gracias a Dios, con “Re-make/Re-model” nada más empezar –con Ferry al piano durante el primer minuto– Roxy Music demostraron que el paso del tiempo no les ha hecho perder ni un ápice de la efectividad escénica que antaño demostraban. Con traje negro y camisa blanca –las corbatas se las olvidó en casa– Ferry ejerció de dandy: es la clase en persona. Aún con esas, el formato del festival les jugó una mala pasada. Su actuación, que a priori tenía que ser de una hora pelada, se alargó a una hora y veinte minutos, pero se dejaron en el tintero piezas clave como “More Than This” y “Avalon”. Sin embargo, esa recta final con “Jealous Guy”, “Virginia Plain”, “Love Is The Drug” y “Do The Strand” valió su peso en oro. Respaldados por una banda que incluía un saxofonista, una violinista y un dúo de negrazas coristas, Roxy Music dio una clase magistral de saber estar. SdA

Jónsi (SónarPub)Como si de un guión cinematográfico se tratara, la presentación en directo del debut en solitario de Jónsi dibujó un crescendo sonoro y emocional de gran magnitud que logró un objetivo importante: dejar atrás el recuerdo de Sigur Rós por unos cuantos minutos y plantear nuevos retos e inquietudes en su carrera. Tenues, ambientales y pausados, los primeros minutos provocaron que el concierto arrancara desde abajo, con sigilo y melancolía templada, a ritmo lento y contemplativo. Y poco a poco, siguiendo un patrón brillante y perfectamente pautado, el islandés y su banda, respaldados por una bonita puesta en escena, apretaron el acelerador, arrojaron mucha luz y destaparon el tarro de las esencias pop de un “Go” que, encima del escenario, incluso gana consistencia y magnificencia, como si el test del directo le beneficiara. El recorrido finalizó con un clímax instrumental, emocional y visual de los que dejan huella y calan muy hondo en el balance general del festival y, de rebote, en el cómputo de los mejores conciertos del año. JP

Dizzee Rascal + Caspa featuring MC Rod Azlan (SónarClub)Con retraso, con su habitual pose desenfadada y desafiante, con una imagen de su careto presidiendo las pantallas del SónarClub, Dizzee Rascal, respaldado en los platos por un DJ Semtex que horas antes había rajado a gusto de Barcelona en su Twitter, salió con la intención de darle a la sin hueso sin parar durante una hora larga. A piñón. El leit-motiv del concierto era, por motivos obvios, su último disco, “Tongue N Cheek”, y por ello la tónica general del show se decantó por la vertiente más frenética, bailable y gimnástica de su propuesta, que acentúa aún más si cabe la sensación de chapa lírica que deja en el oyente el MC británico cuando agarra el micro. El escenario del SónarClub quizá se quedó grande para una puesta en escena y un planteamiento tan austero, minimalista y limitado: acrecentaba la sensación de que ahí faltaba gente o sobraba espacio, pero ni con esas se frenó un Rascal especialmente motivado, cafre y bruto que salió de ahí escopetado, sobre ruedas. Literalmente. Para complementar su derroche de saliva, detrás de él apareció Caspa para confirmar el golpe de estado mediático y popular del dubstep, coronado por fin en el SónarClub, con su repertorio de bajos temblorosos, graves molestos y beats contundentes. JP Fuck Buttons (SónarLab) Nada más empezar tuve un orgasmo con “Surf Solar”. En directo suena igual que el álbum –me refiero a que primero burbujean los ruidos espaciales y luego entra ese bombo trance que desgarra músculos–, pero suena con una amplificación de muchos más decibelios que se percibe en la boca del estómago. Creedme cuando os digo que experimenté sensaciones fisiológicas que nunca antes imaginé que fueran posibles. Fuck Buttons hacen cosquillas en la inteligencia, y sus primeros minutos fueron un crescendo de los que marcan territorio como una meada de perro: demostraban quién mandaba aquí. Luego se me bajó la hinchazón en la entrepierna tras unos minutos de divagación y oleadas espaciales con efectos de distorsión, pero el cortocircuito cerebral seguía ahí. Cuando ya atacaron “Olympians”, directamente, me revolqué por el suelo de gusto: que me vaya al infierno si miento cuando digo que éste ha sido el jodido mejor concierto que he visto en Sónar 2010. RF

Matthew Herbert’s One Club (SónarPub)

Matthew Herbert tiene que publicar tres discos este año –en eso se parece un poco a Robyn–, y uno de ellos es “One Club”, construido a partir de sonidos grabados en el espacio vacío del Robert Johnson de Frankfurt. Aún no he escuchado el disco y no sé en qué se parece a lo que ofreció en el SónarPub, pero si se acaba pareciendo ya nos podemos ir preparando para un experimento raro y oblicuo a la manera de su otro alias para minorías, Radioboy. No sé si acabé de entender bien lo que hacía Herbert: colocó una tienda de campaña en el escenario, se puso tras el sampler y comenzó a repartir una música de baile con groove inexacto, poco feeling e intenciones lejanas al populismo. Incluso diría que es el show más pintoresco que le he visto nunca, y son unos cuantos, porque tras salir de la tienda y tocar botones, acabó subido a una escalera. Visto lo visto, resultará que el disco bueno es “One Pig”, el grabado a partir de sonidos porcinos. Creo que ha enloquecido o me estoy haciendo mayor para tolerar según qué excentricidades. RF

Lucky Me Showcase ( American Men, Machinedrum, Lunice , The Blessing, Eclair Fifi & John Computer) (SónarLab)Antes de empezar a hablar del gig, ¿dónde coño esta Zomby? Era poco probable que fuera el misterioso cuarto miembro de American Men (el trío había anunciado un invitado para la ocasión), y así fue: Zomby no apareció. El cuarto miembro fue, finalmente, el batería Robbie Cooper y el resultado de su aportación fue una especie de post-rock mezclado con sintes fluorescentes, marca de la casa LuckyMe. El invento era interesante, pero no funcionó entre el público, que acabó migrando a otros escenarios. La perdida de ambiente en el Lab la erradico en un abrir y cerrar de ojos Machinedrum y su directo; corto pero intenso. Este tipo es igual de bueno produciendo que mezclando; y en ambas facetas se aprecia que es neoyorquino, da igual que lo que salga de sus maquinas sea glitch hop, dubstep o fidget house, todo lleva la esencia primigenia de Detroit, Chicago o Baltimore. De la caída de cartel de Mike Slott si que estábamos debidamente avisados. Y fue su sustituto, Lunice, el verdadero sorpresón de la noche. DJ, productor, bailarín, MC y liante: todo eso fue Lunice, no sólo durante la hora que duró su set, sino el resto del showcase. La que lio en el SónarLab a base de mega hits (Beyonce, Rihanna, Brandy, Cassie, Soulja Boy, Lil Wayne... ¿veis por donde iban los tiros?) anclados a una apisonadora de bajos fue una partida de cuello en toda regla. The Blessings empezaron con mal pie por problemas de sonido y volumen, pero con el mejor de los feelings. La culpa la tiene esa maravilla de versión de “Go Girl!” de Ciara, que abrió el set. Para echar el cierre a la representación glaswegian, la niña de la casa, Eclair Fifi, junto con John Computer Hudson Mohawke con una máscara de dinosaurio– en un set a cuatro platos que paso de los beats gordos al acid house noventero con pasmosa facilidad. Niñatos de Glasgow, muchas gracias por existir. MF

Chemical Brothers (SónarClub)Ir a un show de los Chemical Brothers debería estar recetado por todos los dietistas del mundo. Más que nada porque resulta imposible no eliminar, como mínimo, dos kilos de una tacada ante tales entes de la electrónica zapatillera. La excusa de su visita respondió a la presentación de su último largo, “Further”, un álbum en el que el dúo ha tirado por lo seguro obsequiando a sus feligreses con un nuevo ejercicio de techno y subidones infinitos de esos que todos ansiamos. Apoyados por los excelentes visuales diseñados para la ocasión por los habituales Adam Smith y Marcua Lyall –piezas de videoarte que no tienen nada que envidiarle a las que pueden encontrarse en el MOMA–, el SónarClub se llenó hasta los lavabos. La imagen desértica del resto de escenarios hablaba por sí sola. Aunque la primera parte del show se centró en los temas de “Further”, a partir de “Hey Boy Hey Girl” comenzaron a desengrasar hits como “Out Of Control” o “Believe”. A pesar de que la sombra del play/stop siempre estará presente en sus actuaciones, los Chems son una leyenda viva de la electrónica. Pocas veces nos han defraudado, y éste no ha sido el caso. Con diferencia, nos han dejado marcado en la retina su show visual más apabullante. Por ello, siempre son y serán una apuesta segura. SdA

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