Giras

Sónar, 17 de junio: a fondo

Sónar 2010 Por Sergio del Amo, Mónica Franco, Ronald Fritze y Julio Pardo.

Ha pasado un año y por fin hemos vuelvo a pisar la hierba artificial de Sónar de Día. Una vez más, los sueños electrónicos se tiñen de verde en la cálida Barcelona, que ayer amaneció nublada, barrida por la brisa, bañada en temperaturas suaves que nos ayudaron a vivir mejor la experiencia Sónar. El éxito de público impidió estar en primera fila en todos los conciertos, pero nos colamos como pudimos entre la maraña de gente para explicaros cómo lo vimos.

Red Bull Music Academy (SónarDome)Ese eurito de más que nos hacen pagar por la bebida que te da alas en los clubs bien merece la pena si uno piensa que está siendo invertido en el mecenazgo corporativo más prolífico de la música contemporánea. Los showcases de la Red Bull Music Academy acostumbran a ser siempre un nido de propuestas desconocidas en el que ahondar durante el resto de la temporada. Este año el funcionamiento ha sido el mismo, desde el principio con Noaipre hasta el final con Robot Koch. El gallego inauguraba el escenario con fuerza, quizás demasiada para la hora que era, pues pilló al público algo desprevenido. El que más bailó, fue el propio artista. La nota excéntrica de la tarde la ponían Teri Gender Bender y su pandilla de momias ensangrentadas; los mejicanos eran la oferta más rockera del menú y pendía de un hilo cómo iba a sentar su sonido entre el público. Pero el público acabó encantado y entretenido con los arranques de locura de Teri, que bajó desprovista de micro para cantar e incordiar un poquito “a pie de campo”. A mitad de jornada, Kool Clap tuvo dos horas para deleitar con una sesión cargada de groove, electro y funky con la mirada puesta en los ochenta. Las mezclas del francés sentaron de maravilla al cuerpo, que después de unas horas ya estaba preparado para los bailes frenéticos. Y éstos llegaron en la recta final, de la mano de Ango. Un tipo con una infalible puntería para seleccionar y mezclar temas; del dubstep al r&b, del crunk al dub minimalero, Ango acabó con “ King Of Africa” de Douster, una ovación absoluta y, seguramente, unos cuantos nuevos fans. MF

Pete Tong ( SónarVillage)Nada mejor para hacer la digestión que una buena dosis de house de ese que anima a sudar como un puerco y lucir nuestras gafas de sol más trendy creyéndonos que estamos en un garito ibicenco. Pete Tong –o lo que es lo mismo, Lord Of The Dance; cada día se parece físicamente más a Paul Oakenfold, es algo muy misterioso– es un perro viejo en esto de animar los saraos, así que, como era lógico, su paso por el Sónar Village fue lugar de peregrinaje para los fieles hooligans de su parroquia. Tiró por el camino fácil, las cosas como son. Durante su set de dos horas se avistaron pocas sorpresas: aquello parecía un refrito de ese house de radiofórmula que tan buenos momentos nos da en las maratonianas travesías en coche. Para muestra un botón: “Sun Raising Up”, de Deux –sólo faltaba un pódium para que cantara Rebeka Brown–, una remezcla del “U Can Dance” de Hell –para ver a Bryan Ferry tendremos que esperarnos al sábado– e incluso el “Waka Waka” de Shakira. Pero parece que a nadie le importaba la linealidad de su set. Pocas veces se ha visto un Sónar Village tan hedonista y concurrido a esas horas. SdA Speech Debelle (SónarVillage)Tras el oleaje de aceite de coco y house veraniego facilón con epicentro en Ibiza de Pete Tong, Speech Debelle se disponía a ejecutar su debut, “ Speech Therapy”. El cambio se hizo difícil de digerir para la mayoría del público, que venía de emular a Pocholo durante dos horas de bombo truchón. La propuesta de la londinense calmó los ánimos y sentó los culos desde un principio. Sin embargo, no toda la culpa de esta frialdad en el ambiente la tiene el locutor de BBC Radio 1; el combo batería, contrabajo y guitarra acústica supone una ganancia en calidad para la música de la rapera, pero no supo encontrar el feedback con un público mentalmente preparado para el baile. Todo demasiado jazzy para un escenario grande, al aire libre y a plena luz del día. No obstante, Debelle no bajó la guardia ni un momento, aprovechó todos los parones entre temas para lanzar latigazos al público y desplegó su verso con mucha más fuerza y virulencia que en el disco, incluso con cierto acento jamaicano, pero con el mismo desparpajo. “ The Key” o “ Go Then, Bye” sonaron desnudas sin esos detalles que les aportan brillo en el álbum, pero mucho más cargadas de empuje. Speech Debelle en su versión más hardcore rap. En definitiva, un buen concierto en una mala localización. MF Caribou (SonarDome / Red Bull Music Academy) Una pesadilla para claustrofóbicos, pero una delicia para los oídos. Para entrar en la carpa de Red Bull Music Academy hacía falta armarse de un machete y cortar brazos para ir abriendo camino, pero una vez dentro el infierno masificado lo olvidabas y te concentrabas en una de las maneras de hacer pop más fascinantes de los últimos meses. Vale, Dan Snaith le ha copiado la voz a Arthur Russell e igualmente lucha por hermanar la música popular con la vanguardista, pero lo hace con una candidez y un acierto en las melodías que enamora tanto en disco –¡qué grande es Swim!– como en directo. Valió la pena estar ahí, aunque pareciera que estábamos en un ascensor en el que hubiera entrado demasiado gente: empezó Caribou con “Leave House”, un antídoto contra los malos días, y con la ayuda de sus tres músicos consiguió que algunos olvidáramos que allí no se podía ni estar ni respirar. Quien se fuera, que se fastidie: los momentos especiales hay que lucharlos, hay que merecérselos. RF

Sounds of Switzerland presented by Mx3.ch and SSR [Round Table Knights / Tim and Puma Mimi / Larytta] (Sónar Village)

Suiza no es un país muy querido últimamente (échenle la culpa a la derrota de la selección española en Sudáfrica). Sin embargo, la rabia contenida contra el chocolate y el reloj de cuco se esfumó al ver en acción al dúo Round Table Knights: a base de house, dub refinado, funk y ritmos calipso –han publicado hace poco un EP que se abusaba de las melodías afrocaribeñas–, confirmaron que lo suyo son las mezclas sin subidones a los que aferrarse. Muy diferente fue la propuesta de Tim and Puma Mimi. La japonesa Puma Mimi, famosa por actuar vía skype, decidió para la ocasión deleitarnos con su presencia en el Sónar retroalimentando la fascinación por lo flúor en una versión pocket –y más exótica– de Yelle. Pop electrónico naíf –¿o era hip hop globalizado?–, una manzana electrificada, un megáfono –a falta de vocoder, como en el caso de “Aquarium”– y buenas dosis de diversión fue lo que nos ofrecieron este trío que está pidiendo a gritos que DFA pique a la puerta de sus casas. Atrás no se quedaron Larytta, que venían a presentar “Difficult Fun”: africanismo, hip hop, beats machacones y pose rapsoda que dejaron un buen sabor de boca. Por ahora, le perdonamos la vida a Gelson Fernandes. SdA

Cluster (SónarComplex)A pesar de su reputación y estatus de gran icono pionero del krautrock, el dúo alemán no generó demasiadas expectativas en su visita: apenas consiguió llenar medio aforo de un SonarComplex que habitualmente se queda pequeño cuando aterriza en su escenario algún referente con empaque dentro del territorio más experimental y arriesgado del programa del festival. Y de los que empezaron el show quedaron más bien pocos al final del set. El problema del directo de Cluster es que la pareja lleva su idea del ambient a un territorio monocorde, frío, clínico y mecanizado que apenas incide o afecta al oyente, no se distingue en ningún momento la experiencia del directo. El sonido es técnico, oscila con armonía y coherencia y planea con decisión sobre el público, pero no hay nada en su manera de desarrollarse y expresarse que genere emoción, empatía o incluso rechazo. Para mi gusto, su propuesta parece algo apolillada, desfasada y predecible, se ha quedado antigua. Ambient políticamente correcto. JP Broadcast (SónarHall) La puesta en escena de los actuales Broadcast confirma las sospechas que ya apuntaba su última grabación: los británicos se han decantado para disponer su directo, de manera clara, firme y decidida, por la hauntología, tal y como entendemos este concepto sonoro-visual hoy en día. Proyecciones de bosques, crepúsculos lunares, efectos visuales de aires setenteros, estética retro y sumisión absoluta al blanco y negro. El sonido, litúrgico, ceremonial, en espiral, brumoso, deliberadamente menos pop de lo que en ellos era habitual, y la presencia escondida, velada, de una Trish Keenan que en su show actual renuncia todavía más al protagonismo escénico para camuflarse entre la neblina sonora. A los veinte minutos la gran mayoría de espectadores que abarrotaban el Hall empezaron a desfilar hacia la salida, quizá necesitados de un clima más acorde con el espíritu lúdico y festivo de la tarde barcelonesa. Mal cuerpo generalizado. Misterioso, perverso y fascinante como el humo negro de “Lost”. JP Robot Koch (SónarDome / Red Bull Music Academy)

El productor alemán y cabecilla del sello Robots Don’t Sleep tenía preparado un show polivalente, dividido en dos partes. La primera más soft, acompañado de la vocalista mexicana Grace, una habitual poniendo voz, sensualidad y un toque humano a esa virguería de máquinas que es la música del berlinés. Las atmósferas mágicas, el eco de la voz de Grace –tan cercana en formas y textura a la de las vocalistas de garage bonito– y esos pequeños toques jamaican que se cuelan entre los beats secos de Robot Koch ayudaron a vencer el cansancio del último concierto del día. “ Blind” o “ Brujeria” caldearon un ambiente ya de por sí tórrido después del bolo de Ango, pero algo más vacío a causa de las coincidencias en horario de Broadcast y Elektro Guzzi. Sin embargo, nuestros cuellos todavía no sabían la crujida a la que serían sometidos cuando el alemán comenzó a pinchar, ya sin la compañía de su cantante en el escenario. A partir de ese momento, todo se volvió más metálico, robótico e impetuoso en un set que se alargó con razón y con justicia un par de canciones. Con un uso ostentoso de los graves y mucho wooble, Robot Koch ofreció un set donde el dubstep sucio y cortante y el glich-hop crujiente y galáctico acabaron llenando del SónarDome de enfermos del bass. MF

Elektro Guzzi ( SónarComplex)

Si Kratftwerk no hubieran sido robots nos encontraríamos con los austriacos Elektro Guzzi. El planteamiento es sencillo: una formación de rock clásica –bajo, guitarra y batería–, sin necesidad de loops o pre-grabados, que es capaz de tejer un punzante y atmosférico techno minimal de ese que hace levitar al más pintado sin necesidad de psicotrópicos o dudosas ayudas externas. La teoría es cuanto menos sugerente, pero era de vital importancia verlos en acción para comprobar si encima de las tablas perdían un ápice de la esencia de su álbum debut. Gracias a Dios, eso no ocurrió. Lo que se presenció en el SónarComplex podría considerarse, cuanto menos, de apoteósico. Para los incrédulos, una cámara no le quitó el ojo de encima al batería Bernhard Breuer, que aporreaba los bombos y llevaba el compás de sus compinches, aferrados a sus pedales para fraguar los efectos sonoros. Como venidos de otra galaxia, Elektro Guzzi nos demostraron que el techno con alma existe, no es un mito. El público vibró con la maestría técnica y, lógicamente, la abrumadora ovación que el trío se llevo no hace más que afianzar a la banda como una de las sorpresas mayúsculas de Sónar (por ahora). SdA

Ryoji Ikeda presents Spectra (SónarGrec-Teatre Grec de Barcelona)Mientras me acercaba al Teatre Grec, pensaba: “bah, esto es sólo un rayo de luz”. Pero había que estar cerca de la luz, no lejos, para apreciar la belleza de la instalación Spectra de Ryoji Ikeda. No sólo la música que acompaña las torres de luz es pura e hipnótica, sino que amplifican la sensación de traspaso espiritual que sientes cuando te paseas entre los focos y te notas cubierto de rayos: como el agua y el aire, la simple sensación de luz a tu alrededor relaja, eleva o ayuda a reflexionar sobre cuestiones abstractas con una profundidad inesperada. Igual todo esto es un rollo místico, no sé. Lo que sí puedo asegurar es que “Test Patterns”, el concierto con el que Ikeda acompañó la torre de luz de Spectra, es tan agresivo como “Dataplex”: proyecciones geométricas, glitches que golpean como flechas, electrónica que te golpea como si fueras un saco de arena e Ikeda un boxeador rabioso. Mereció la pena subir la montaña. RF

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