Giras

San Miguel Primavera Sound, viernes

El día en que volvieron Pulp y otros hechos sobrenaturales

San Miguel Primavera Sound

Por Mónica Franco, Sian Haestier y Cristian Rodríguez

¿Es Jarvis Cocker dios? Muy posiblemente. El regreso a los escenarios de Pulp –sin ensayos, sin pistas, con todo el magnetismo de hace diez años y más atrás– desató imágenes de locura y fervor que casi nunca se han visto en Primavera Sound. Pero también es dios Kode9. El problema es que había que ser dios también para estar en ambas actuaciones a la vez: las coincidencias horarias tienen estos efectos colaterales. Pero como en un festival tan grande hay de todo y para todos, nadie salió descontento del recinto del Fòrum: con una asistencia media diaria de 40.000 personas, las únicas incomodidades fueron las lógicas colas –en las barras de bebida ya se ha aceptado el cash y se han retirado las tarjetas monedero– y la coincidencia en el tiempo y en espacios diferentes de la mayoría de artistas que queríamos ver. Así que, una vez más, nos desdoblamos para ver el máximo posible. Por cierto, hoy, quien quiera ver la final de Champions, podrá seguirla en el Llevant. Los horarios llevaran retrasos de 45 minutos sólo en ese escenario.

Sufjan Steven (Escenario Rockdelux, Auditorio)

Doce músicos como doce apóstoles. Y doce canciones inconmensurables como los doce signos del zodíaco. “Seven Swans”, “Too Much”, “The Age Of Adz”, “Heirloom”, “I Walked”, “Sister”, “Get Real, Get Right”, “Vesuvius”, “I Want To Be Well”, “Futile Devices”, “Impossible Soul” y “Chicago”. Ese fue el repertorio de uno de los hitos de la historia del festival, una cumbre que quizá nunca se vuelva a coronar o, simplemente, la experiencia audiovisual más impresionante que ha pasado nunca por el evento barcelonés. El recital de Sufjan fue el paradigma que todo lo cambió (si lograste verlo, seguro que luego te costó concentrarte en el resto de los conciertos). No basta con ver fotos, ni siquiera con vídeos, ni de lejos con contarlo. Había que matar por ese ticket del Auditori porque en persona es como hay que experimentar un show fuera de órbita que acaba desembocando en algo así como un Broadway del futuro donde Priscilla, Reina del Desierto, comanda una jam maricósmica. Sueltísimo y adorable, a lo largo del extenso espectáculo (dos horas) Sufjan nos hizo comprender entre otras muchísimas cosas por qué “el sonido es un lenguaje mucho más profundo que el de las palabras”. Se tomó su tiempo para explicarnos quién era para él Royal Robertson. Nos habló de las conexiones entre el sistema solar y el nervioso, y de todas esas personas que se creen seres de otro planeta, y de cómo quiso inventar un nuevo lenguaje y estuvo a punto de volverse loco por ello. La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta lo que ha pasado en su cabeza pero tiene que haber sido algo muy fuerte para que, tras superarlo, haya sido capaz de parir el, por ahora, concierto del siglo. Eternal living. Cristian Rodríguez

Julian Lynch (Escenario Pitchfork)

Es uno de los artistas más elusivos y seductores del momento, tanto es así que tocó por dos veces durante la jornada del viernes, primero en el escenario Pitchfork y luego en la carpa Ray-Ban Unplugged. En su primera entrega, Lynch nos dio la oportunidad, justo en el que es el mejor escenario de todo el recinto del Fòrum, o al menos el que tiene un mejor sonido, de disfrutar de unas creaciones únicas. Vino con el acompañamiento de una banda extensa, que es lo que necesitan sus atmósferas derretidas a la manera de Emeralds (es decir, de tintes progresivos). No era la faceta que esperábamos de Lynch, pero tal como lo hizo, le quedó muy bien. Sian Haestier

The Monochrome Set (Escenario Ray-Ban)

Al salir de Sufjan me di cuenta del daño que me había causado el ángel de Michigan. Supe que ya no vería en todo el festival un concierto tan increíble como el suyo. Cargando con eso, con el criterio aturdido y despistado, me presenté en Monochrome Set, uno de esos grupos de la época en que Inglaterra aún temblaba de verdad. Para la mayoría eran unos desconocidos en un lugar común. Tenían la misión de calentar el Ray-Ban mientras el recinto comenzaba a poblarse y a mí me ayudaron a volver a entrar en vereda poco a poco con su post-punk juguetón. Bid, con camisa de seda, atacaba los falsetes con cuidado. Dejó caer algún tema de su otro grupo, Scarlet’s Well, y destapó esencias cincuenteras en “Cowboy Country”. En algún pasaje, me recordaron a unos Feelies que se echaban de menos en el cartel de este año. Serios y excéntricos como siempre han sido (el teclista travestido suscitó los mejores comentarios), tocaron en un plan muy racional y ceniciento, quizá demasiado mate para el momento, sin salirse del guión marcado ni un solo segundo. A mi lado, entre el no muy numeroso público, una alta representación de toda esa manada de grupos de Barcelona que tanto les deben. Y también algún ultrafan que al final se quejó de que habían sonado mal. CR

Tennis (Escenario ATP)

La brisa marina de media tarde soplaba en el escenario ATP mientras Tennis ejecutaban su “Cape Dory” sobre las tablas. Lo idílico de la historia del matrimonio entre Alaina Moore y Patrick Riley invitaba a pensar que el directo sería una decepción o no estaría a la altura de la versión de estudio. Sin embargo, las melodías añejas, ensoñadoras y azucaradas de los de Denver han pasado el trámite con nota. Lo correctísimo del sonido y lo vigoroso de la ejecución han conseguido, ya de primeras, el aprobado. El notable lo han alcanzado sobre todo por Alaina, que desprende dulzura, ingenuidad y calidez en las distancias cortas. Combinando sus tareas al teclado, dando saltitos, agitando esa melenaza que se gasta y haciendo gala de una increíble capacidad vocal (si cerrabas los ojos podías ver a Olivia Newton John), Moore ha conseguido que nos debatamos entre la admiración y la envidia cochina de su música, su presencia, su matrimonio y su barquito amarrado a puerto. Si necesitáis una nota negativa de la actuación para paliar la pelusa, aquí tenéis una: el poco entusiasmo de cierta parte del público, que parecían haber acudido a la actuación de Tennis llamados por la necesidad de lucir sus náuticos, sus pañuelos de anclas y sus sombreros marineros en un ambiente musical acorde. Mónica Franco

M. Ward (Escenario San Miguel)

Era uno de mis favoritos de la jornada, pero a la hora de su concierto mi cabeza aún daba vueltas por las alturas del Auditori. En el San Miguel, el corazón partío de Matt Ward puso la banda sonora vespertina ideal al viernes. El principito del folk, el que se lleva a todas de calle, no se prodiga mucho por aquí y quizá por eso convocó a mucha de la gente que entraba a esa hora al recinto en avalancha. Gente que se saludaba y reencontraba al son de sus espectrales nanas y a la que le costó no derretirse un poquito cuando soltó cosas como “Sad, Sad Song”, “Never Had Nobody Like You”, “Chinese Translation” o el “Rave On” de Buddy Holly. La sutilidad de su roots music bañada en rocío se trasladó al directo con mimo, pero al mismo tiempo amplificada por el formato de banda clásica que lleva (sus músicos le siguieron a pies juntillas cuando atacó uno de los hits de su supergrupo Monsters of Folk). Simpático y encantado de poder chapurrear español, acabó cuesta arriba tocando puro rock’n’roll para bailar. CR

Avi Buffalo (Escenario Ray-Ban Unplugged)

El segundo día de Primavera Sound 2011 comenzó soleado, y en un contexto así apetecía ver algo tan apetitoso como Avi Buffalo: tomaron el escenario, con sus pintas de jovenzuelos, y se pusieron a trenzar melodías tiernas para amenizar la calma de la media tarde en el Fòrum. Se dirigieron al público en un español más que decente (la mayoría de las bandas americanas dominan el idioma bastante bien), para entenderse con la gente internacional y local, y cuando no hablaban ellos, lo hacían sus guitarras. Recordaron a grupos como Pavement y bandas post-Nirvana poco conocidas como Port O’Brien, y de esta manera Avi Buffalo dieron un concierto para recordar. SH

James Blake (Escenario Pitchfork)

Que lo memorable de la actuación de Pulp no le robe el merecido protagonismo a James Blake, por favor. De ser así, estaríamos cometiendo una terrible injusticia musical. El inglés salía ayer a defender su álbum de debut ante una desbordante multitud que se hubiera conformado con una ejecución fidedigna del disco sobre el escenario. Pero Blake va más allá de las excelencias de su cancionero, que se transforman en experiencias sensoriales cuando son interpretadas en vivo. Dominio absoluto en lo técnico, a veces rozando la plasticidad visual. Su voz, mostrada con diferentes texturas, también estuvo a la altura de las circunstancias. Incluso eso que desde la lejanía se veía como timidez, ayer encima del tablado se transformó en encanto, magnetismo y cierta humildad. Y mientras escuchaba cómo hacía suya “Anti-War Dub” de Digital Mystikz, veía muy clara la jugada: la esencia está en el directo; el disco es un mero trámite burocrático. MF The National (Escenario Llevant)

Como Deerhunter, The National venían con su segunda obra maestra calentita bajo el brazo. Eran junto con Pulp uno de los grupos que más expectación levantaban entre el personal, tanta que el enorme y lejano Escenario Llevant estaba lleno desde media hora antes de que empezaran. Muy sobrio y bien preparado para la masa, su rock arácnido sonó violeta y superior. Matt Berninger se agarraba al micro con altura actoral y la banda echaba fuego. No llegaron a superar a sus competidores del día anterior (los sublimes The Walkmen), pero supieron meterse en el bolsillo a un público que, como ellos, adora a Joy Division y a Interpol. Se acercaron –sobre todo y como era de esperar– a “Boxer” ( “Slow Show”, “Start A War”, “Mistaken For Strangers”, “Squalor Victoria”) y a “High Violet” ( “Anyone’s Ghost”, “Bloodbuzz Ohio” y “Afraid of Everyone”, entre otras), despachando uno tras otro temas robustos que suenan a clásicos de siempre. Algunos a mi lado acabaron quejándose de algo, pero no entendí muy bien de qué… CR

Pere Ubu plays “The Annotated Modern Dance” (Escenario Ray-Ban)

Salieron y dispusieron un montón de atrezzo sobre el escenario –un atril para sostener apuntes, una silla de madera plegable–, como si estuvieran preparando el decorado para una película o una obra de teatro. Antes de cada canción, Pere Ubu trazaban una breve explicación sobre su contenido y las circunstancias de su creación. Una banda fantástica, cuatro personas sobre el escenario –incluida la mujer de David Thomas al bajo–, adornada con theremin y fases de ruido y orquesta para llenar el escenario Ray-Ban con guiños a la épica que incluso animaron a mucha gente a subir al escenario y tirarse desde el borde hasta el gentío. El concierto de Pere Ubu fue una de las joyas de la programación, un ejercicio de blues y rock’n’roll escorados hacia el post-punk; un gran contador de historias a la manera antigua –desgranó pensamientos filosóficos, a veces mordaces, siempre divertidos– que integraba lo didáctico entre las canciones y sus murmullos (lo digo como un cumplido), entre riffs marca de la casa y líneas de bajo hirientes, todo ello ejemplificado en temas como “The Real World”. Basándose en este show, se podría trazar una línea que fuera de David Thomas a Bill Callahan en tanto de trovadores melancólicos y peculiares de la psique americana. SH

Half Japanese (Escenario ATP)

La gran masa se quedó absorbida por el final de The National, otros acudieron para chequear la jarana de Ariel Pink y a unos pocos nos dio por acercarnos a Half Japanese, algo así como el grupo que este año cubría ese platónico slot que ojalá algún día llenen Beat Happening. A priori, lo de Half Japanese se antojaba enrevesado: es fácil perderse entre su incontable arsenal de temas desperdigados en mil y un lanzamientos caseros, y eso puede acabar perjudicando a tu idea del “repertorio ideal” de su concierto. Yo a este le hubiera puesto más picante, más cosas como “Red Dress”, “T. For Texas” o su versión de “La Bamba”, pero sólo cayó la primera. Lo que destaparon fue su vena más ruda, por momentos casi grungie (Kurt Cobain aprendió de ellos), aunque no se puede negar que estaban de buen humor. Jad Fair vaciló lo suyo entre canción y canción, y acabó pidiendo al personal que no nos tirásemos pedos. Cha cha cha. CR

Ariel Pink’s Haunted Graffiti (Escenario Pitchfork)

Éxitos como “Round And Round” fueron lo que atrajeron al público hasta aquí: el tema en cuestión consigue que la gente cante a la vez, y haciendo palmas, una cosa que, en el fondo, es etérea y evanescente. El repertorio de Ariel Pink se nos antojó como la verdadera demarcación entre las horas del día y de la noche del Segundo Día, a pesar de que el tipo se presentó en escena visitendo transparencias poco adecuadas. Parecía como Kurt Cobain recien levantado de la cama, y así disfrutamos de sus lecturas en clave “alta fidelidad” de su material antiguo. Conectó las canciones de Brian Eno con las de The Doors, le añadió mucho eco a las voces, y así el Haunted Graffiti concluyó con “Getting’ High In The Morning”, una psicodelia tóxica con la que Ariel, gritando y gimiendo, construyó un alucinante clímax. SH

Belle & Sebastian (Escenario San Miguel)

Lo antológico de la actuación de Pulp de esta noche ensombrecerá el recuerdo de cualquier otro concierto presenciado ayer en el Fórum. Pero sería justo que todos anotáramos en el pie de página que, antes de que Cocker y los suyos ejecutaran su actuación, Belle & Sebastian se estaban dado un monumental (y muy británico) baño de masas en el escenario San Miguel. Llenazo que queda justificado en cuanto uno hace balance de la trayectoria de los escoceses y la fama que precede sus directos. Nadie pone en duda que tienen la calidad, la energía y la presencia suficientes para comerse grandes plazas. Sin embargo, el concepto macro-concierto no acaba de casar con el espíritu cálido, amable y embriagador que desprenden los discos de la banda. Esas sensaciones se disipan en la atmósfera de los grandes espacios, haciéndolas imperceptibles a no ser que uno, afortunado de él, se encuentre en las primeras filas. Conscientes de ese hándicap, han querido compensar al público siendo generosos en repertorio, que ha cubierto desde “Tigermilk” hasta su último “Write About Love”. También se han mostrado espléndidos y laboriosos al buscar la conexión con el público, alentándolo al feedback, al coreo de estribillos e incluso invitándolo a bailar encima del escenario. Pequeños guiños y esfuerzos que, sumados a la imperturbable calidad musical de la propuesta y al derroche de carisma de Stuart Murdoch, han acabado haciendo que merezca la pena apretujarse en la muchedumbre. MF

Low (Escenario ATP)

Low han creado un mundo privado para ellos, para su propia familia (como ellos dicen, “la familia es para siempre”), y lo llevaron a la práctica en el rincón acogedor del escenario ATP. Tocaron temas de “The Great Destroyer”, pero fue con “Sunflowers” cuando se llevaron los aplausos más calurosos y los parabienes del público que llenaba la zona y añadía calor a la atmósfera. Las armonías sutiles y seductoras de Low, así como sus desarrollos atenazantes, discurrieron con naturalidad para acabar obteniendo resultados bellos. Viéndoles, se notaba que se lo estaban pasando bien: eso se transmitió a la gente y todo el lugar parecía brillar con una luz pálida de felicidad. SH

Twin Shadow (Escenario Pitchfork)

Me habían contado que se salieron en el último SXSW, así que lo de Twin Shadow pintaba jugoso. En Barcelona por primera vez, cerraron la manga de conciertos de su tour europeo y, sí, estuvieron espléndidos. No se les notó cansados para nada, sino engrasadísimos por tanta gira. George Lewis Jr. sabe bien cómo plasmar en directo toda la sofisticación de la que hace gala su debut. Se ha currado el directo de Twin Shadow de tal forma que nos hace creernos los espectadores de una mala película hollywoodiense de los años ochenta. Desde abajo, muchos chicos con bigote le miran con cara de pecado, mientras él, con gorro y embutido en cuero negro, se rebaña allí arriba en sintetizadores gordísimos y guitarras cabreadas. Aparte de un tema nuevo de ascendencia sideral, su setlist siguió más o menos el orden de los temas del álbum. “Tyrant Destroyed” y “When We Were Dancing” cayeron de las primeras. “Slow”, a la mitad, levantó los mayores aplausos. “Yellow Balloon” y “Castles In The Snow” remataron un concierto húmedo y trasnochador, que no trasnochado. CR

Deerhunter (Escenario Llevant)

Mi problema con Deerhunter es el egoísmo. Los quiero sólo para mí y cuando los veo en directo no puedo evitar que me resulten un poco distantes. No se alarmen por el apunte, creo que es cosa de haber estado mucho tiempo preso de sus discos, de fan irredento. En cualquier caso, siempre me muero por verlos. Me los perdí el pasado abril, así que lo más fresco que tenía en la cabeza era su comparecencia en 2009 para presentar “Microcastle”. Este año volvieron a aplicar la dosis exacta de bruma y distorsión pero sonaron más misteriosos que de costumbre. Con “Desire Lines” cogieron el punto metronómico y enseguida, a la altura de “Revival”, ya sonaban lo suficientemente transparentes. “Little Kids” encandiló con su magia borrosa y “Nothing Ever Happened” (la más impactante del concierto) la alargaron como si fuera de goma para acercarla todo lo posible a Sonic Youth. Las coquetas “Don’t Cry” y “Memory Boy” cayeron antes del broche final con “Helicopter” y “He Would Have Laughed”. Entre estas dos últimas, no tan electrónicas en directo, ganó la partida la segunda. CR

Explosions In The Sky (Escenario Ray-Ban)

“Take Care, Take Care, Take Care”, su último disco, ponía de manifiesto que la fidelidad de Explosions In The Sky a su particular concepción del post-rock instrumental es imperturbable. A pesar de algunos avances en su discurso, los tejanos siguen construyendo trances sensoriales larguísimos, con fluctuaciones en la intensidad y confiando en las virtudes de su batería para vigorizar el resultado. Ayer también se mostraron fieles a su concepción del directo, en el que mezclan concentración con emoción, lo solemne con lo épico, empalmando un tema con otro e intentando dirigir la sinergia colectiva a través de subidas y bajadas de intensidad, sin apenas espacios en blanco que saquen al espectador de su trance particular. Anoche se alió con ellos la acústica del escenario Ray-Ban, devolviendo la primera bofetada de distorsión por la espalda, rebotada de las gradas, convirtiéndote en un sándwich de ruido y carne temblorosa. Pero la corrección en lo técnico y la entrega de los miembros de la banda no bastaron para propiciar el milagro. El concierto se quedó en la excelencia musical, sin llegar al éxtasis emocional. Quizás es pedirle demasiado al segmentado público festivalero. MF

Ford & Lopatin (formerly Games) (Escenario Pitchfork)

El escenario Pitchfork fue el albergue de mucha música asociada en parte a la cultura del baile, sobre todo mientras las grandes atracciones indies, tipo Belle & Sebastian y Pulp, imponían su ley en otros escenarios. Para quien quisiera electrónica, aquí estaban Ford & Lopatin (antes conocidos como Games), desgranando su pop del siglo XXIII, espacial, retro-futurista y cargado de sonidos crujientes. Desempolvaron sus sintes analógicos con cualidad nosálgica, hasta el punto de que el concierto pudiera haber llevado un epígrafe del tipo “¿cuándo van a inventarse las tablas de skate voladoras?”. Todo sonó muy bien porque, por supuesto, la belleza va estrechamente ligada al sonido de esos instrumentos viejos. SH

Kode9 plays Burial (Escenario Pitchfork)

Kode9 plays Burial (Escenario Pitchfork)

Si Burial no ha salido todavía del anonimato, podemos descartar ya de manera rotunda la posibilidad de verle actuar en directo. He aquí el germen de la expectación que había creado Kode9 al anunciar esta actuación. Se agradece la oportunidad de disfrutar de los temas de William Bevan fuera de la intimidad del hogar, comprobar cómo responden a la potencia del sound system, ver cómo responde la multitud azuzada por la particularidad de su música. El nuevo Burial de “Street Halo” propició el baile a base de cuatro por cuatro; también hubo momentos en los que la presión de los graves infectó el ritmo entre los asistentes. Sin embargo, la complejidad de los breaks, los constantes cambios de ritmo –muchos de ellos demasiado forzados– y un Steve Goodman desconcentrado, que parecía estar improvisando en función de un feedback que difícilmente se daba, no invitaron al baile, sino al disfrute pasivo y la apreciación del exótico momento que estábamos viviendo. Las intenciones fueron buenas, pero quizás el planteamiento ha sido erróneo. MF

Pulp (Escenario San Miguel)

Durante la tarde me vino el recuerdo de mi primer concierto: fue Pulp, precisamente, en el Brighton Centre, probablemente en 1997. Esperaba, por tanto, que los nuevos Pulp reformados empezaran su actuación con “Do You Remember The First Time”, algo que también habría sido apropiado teniendo en cuenta que ya tocaron en Primavera Sound en 2002 y que desde entonces no habían vuelto. A Jarvis se le veía pasándolo genial, aceptó oficiar una proposición de matrimonio entre una pareja de la primera fila, y entre canción y canción hasta se atrevía a murmurar palabras en catalán. Nadie dudaba de que iba a ser un repaso a sus grandes éxitos –de “Babies” a “Sorted For Es and Whizz” hasta llegar a “Common People”, última canción de todas–. El show estuvo apuntalado por una sensación de autoconsciencia: por el paso del tiempo, por la melancolía y el recuerdo de los viejos tiempos, y también por las observaciones agudas que caracterizan la narrativa de las letras de Pulp. De todos modos, también hay que tener en cuenta que el panorama general ha cambiado mucho: estamos en un momento en el que el viejo orden se acabó, las cartas están encima de la mesa, los fraudes se descubren con facilidad y “This Is Hardcore” se convierte en un cuento de sueños realizados. SH

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