Giras

San Miguel Primavera Sound, sábado

La sobriedad de PJ Harvey y la felicidad del fútbol

smps

Por Mónica Franco, Sian Haestier y Cristian Rodríguez

120.000 personas. Récord absoluto de asistencia. Con estos números tan abrumadores ha cerrado San Miguel Primavera Sound su edición de 2011, al menos en lo que respecta al Fórum –esta noche hay jornada última en el Poble Espanyol, mañana os lo contamos–. Ante esto, poco se puede decir: el festival ha marcado un nuevo techo de evolución, se consolida como una pieza fundamental del calendario a nivel planetario, evento crucial en la música independiente y muchas otras cosas. El camino que se empezó a andar hace diez años ha llevado hasta aquí, y el futuro parece asegurado por mucho tiempo. En lo musical y lo social, última jornada memorable: PJ Harvey agitó su repertorio más sobrio, la gente que quería fútbol tuvo su posibilidad de ver la final de Champions y, quien no, tuvo música en vena. Al final, celebración grande. Esto es lo que pasó.

Yuck (Escenario ATP)

Los noventeros Yuck se presentaban con la mejor opción para inaugurar la última jornada de ese festival que se pasa siempre taaaan rápido. Llegué con una pizca de retraso pero con muchas ganas de ver a unos de los grandes debutantes de este año. Acercándome a la carrera al ATP reconocí de fondo “The Wall”. Me dio rabia no alcanzarla, pero cuando llegué al escenario tocaban “Shook Down”, una de mis favoritas, y se me olvidaron las prisas. Vi algunas manos en alto. Olía a crema solar y a resaca. Aunque “Suicide Policeman” la atacaron con un tono bastante crepuscular, se mostraron encantados de tocar bajo el sol y mantuvieron bien firmes el aliento melódico del disco y su ejecución; desde la fabulosa “Get Away” hasta la final “Rubber” pasando por su recién estrenado nuevo tema “Milkshake”. Nada que objetar a un grupo esperanzador que sabe manejar los mejores trucos de los grandes –Pavement, Yo La Tengo, Teenage Fanclub– como pocos. Y que hizo que sus canciones de espíritu requeteprimavera sonaran como un agradecido “Buenas tardes”. Cristian Rodríguez

Warpaint (Escenario Llevant)

El desierto barrido por el viento de Warpaint. Tocaron ante un público muy generoso en el escenario Llevant, cuando ya caía el sol, y las chicas se transformaron en algo así como una versión nueva de Throwing Muses, rompiedo corazones con hipidos y percusiones sigilosas, husmeando en la superficie de la melancolía y los sentimientos que despierta el tramo último del festival. En su desierto, todo confluye en una encrucijada, y como en las novelas de Cormac McCarthy, no hay vuelta atrás. Es el tercer día, y esto es el comienzo. Puedes ganar o puedes perder, pero al menos la decisión está en tu mano. Quizá no fuera para esto por lo que las chicas grabaron su disco, pero sus armonías a lo Fleetwood Mac se adecuarían a la banda sonora de una road movie. Me encantaría estar en una película tipo “Thelma y Louise” con estas chicas. Sian Haestier

tUnE-yArDs (Escenario Pitchfork)

Se ha ganado la aclamación popular de toda la prensa musical. Merrill Garbus se llegó hasta el escenario con un set de ritmos africanos, dos saxos, voces loopeadas y más percusión extra, con el añadido de las técnicas de composición en vivo de artistas como Juana Molina, pero con oídos de maga y caderas de bailarina. En el pop underground americano, es posible que con tUnE-yArDs se haya alcanzado la cumbre de la obsesión por la música africana. Fue uno de los conciertos más impresionantes del día. SH

Fleet Foxes (Escenario San Miguel)

Bajo el sol brillante, con el mar enfrente, una marea de gente les esperaba como reyes. Con el maestro “Helplessness Blues” Fleet Foxes se han intrincado un poco, pero en directo se mostraron superaccesibles. Cumplieron de largo. Empezaron muy en plan Love y, enseguida, ya con “Grown Ocean”, se me pusieron los pelos de las piernas de punta. La luz me quemaba la vista y a duras penas podía ver el escenario. Me daba la sensación de que su música venía de un agujero negro. Decidí escucharles con los ojos cerrados y me di cuenta que el público americano en especial también vibraba por dentro. Acabé refugiándome del sol cegador a la sombra de una farola y, ¡pumba!, volvieron a ponérmelos como escarpias con “Battery Kinzie”. Pasó una bandada de gaviotas y entonces decidieron echar la vista atrás: sublimes “Mykonos”, “Your Protector”, “While Winter Himnal”, “Ragged Wood” y también una “The Shrine / An Argument” que cuajó crecidísima como la enorme canción que es. Todo eso antes del cierre perfecto con “Helplessness Blues” y en el marco de una de las experiencias rock más mercuriales y dulces del festival. Una de esas que te dejan pensando. CR

The Album Leaf (ATP stage)

En The Album Leaf se produce el encuentro entre la sensibilidad de la música clásica y la electrónica, pero con una estructura más tradicional en las canciones, a diferencia de lo que ocurre en bandas como Bell Orchestra. Instrumentales casi siempre, con un puntillo de IDM y algunas líneas de bajo que pudieran haberse evitado, sus canciones rozan la euforia y por momentos parecen hacer levitar al público en esas primeras horas de la tarde-noche. La folktrónica de “Always For You” fue lo más satisfactorio de todo, aún más armónica y profunda que en el disco. SH

Gonjasufi (Escenario Pitchfork)

¡Vamos a Gonjasufi, por favor! Que quiero bailar Las Grecas…” le decía a sus amigos una chica camino del escenario Pitchfork. Las expectativas del público autóctono se ceñían a vivir un exclusivo momento de éxtasis ariquitaun. Lo que hiciera antes y después el hippie de Gonjasufi se la traía al pairo. Hasta dónde se extendían las expectativas de la horda extranjera escapaba a mi conocimiento, pero supongo que hacer un repaso de los beats inclasificables del disco entraba en los planes de la mayoría. Me quedo con una imagen al final del concierto: un tío con camiseta de Flying Lotus pasa por mi izquierda con la cara descompuesta de indignación; mientras, por mi derecha, otro tipo con una camiseta de Lehendakaris Muertos sonríe satisfecho. La estampa no podía ser más representativa. Al final sonó “Cowboyz & Indians” pero no hubo frenesí calorro. Antes que eso, batería, bajo y guitarra habían estado atronando trash-metal mientras Gonja berreaba cosas tan sucias como su camiseta llena de lamparones. Ni psicodelia, ni rap de vanguardia, ni siquiera “A Sufi And A Killer” en su abundante gracia; tan sólo un par de canciones a la desesperada que salieron de un portátil roñoso para cerrar la actuación. Mónica Franco

Einstürzende Neubauten (Escenario Ray-Ban)

Héroes de la edad industrial, y todavía participantes del espíritu post-industrial, ahí estaban Einstürzende Neubauten. Por supuesto, con el ex Bad Seeds Blixa Bargeld liderando el equipo con grooves mecánicos y metódicos, que sonaban a una especie de campanilleo arcaico. Por lo visto esta noche, se explican muchas de las influencias que han aflorado en las últimas encarnaciones de Portishead. La banda tocó un set más relajado de lo normal, teniendo en cuenta que entre el público había gente de todo tipo, jóvenes y sus fans adultos de siempre. SH

Gang Gang Dance (Escenario Pitchfork)

Vestida con unos leggins de goma, como si fuera una superheroína, Lizzie Boygatsos parecía un personaje de tebeo. Se pusieron a tocar el mejor retrofuturismo que hayamos escuchado en mucho tiempo, aunque en el escenario Gang Gang Dance aparecieron con una especie de bailarín extraño, al estilo del Bez de los Happy Mondays, quien sabe si como un homenaje extraño al fallecido Gil Scott-Heron. La sensación más presente era la de que la banda estaba tejiendo las estrellas en el cielo, y haciéndote sentir el poder de la Tierra. Mientras Lizzie parecía una aborigen del Amazonas, los bleeps y los ritmos parecían estar alineándose como un eclipse de sol y luna. SH

Kurt Vile & The Violators (Escenario Jägermeister-Vice)

Sacrificio de Gang Gang Dance y Money Mark para ver al señor Vile. Sacrificio que tuvo su recompensa: mi única visita al Vice se saldó con toda una comunión de punk litúrgico durante la que se escucharon grandes aplausos todo el rato. La gente atendía con los oídos bien abiertos a cuatro melenudos que, la verdad, deberían haberse programado en un escenario mejor. A Vile, en el centro, no se le veía la cara bajo el pelo. Sin embargo, si te concentrabas un poco, era fácil leerle la mente. Su pose me recordó a Julian Cope y el alma a Neil Young. “Society Is My Friend” le sirvió para algo de lo que siempre tiene ganas (desbarrar un poco) y “Jesus Fever” –por poner un botón de muestra aplicable a todos los temas que sonaron de “Smoke Ring For My Halo”– sonó mareante como en el álbum pero no tan pop. Codeínico y recóndito, más que la lisonja de un trovador aquello fue algo así como la pequeña rebelión de un bicho difícil de erradicar. CR

PJ Harvey (Escenario San Miguel)

Continuando la línea de fuertes personalidades femeninas a lo largo de toda la noche, PJ Harvey se apoderó del escenario. Estábamos preparados para un repertorio basado en su nuevo disco, y lo cierto es que lo tocó casi entero (desde la inaugural “The Words That Maketh Murdrer” en adelante). Como si fuera Boadicea, la reina guerrera britana que se enfrentó a Roma, y enfundada en un vestido blanco con plumas en la cabeza, PJ bordó una brillante versión de “England” con su voz en falsete a pleno rendimiento. Había querido tenerla de nuevo en directo desde que la viera en televisión en un concierto en Glastonbury de mediados de los 90, en el que apareció con un increíble chándal rosa y un montón de rímel, delgadísima y provocadora. Ahora puede mezclar los temas nuevos con clásicos antiguos tipo “C'mon Billy” y “The Sky Lit Up” con total confianza. SH

Matthew Dear (Live Band) (Escenario Pitchfork)

La señora Harvey le había ganado la vez a Matthew Dear por 30 minutos en la lucha por el prime time del festival. Consecuentemente, el espacio Pitchfork lució algo desangelado en los minutos previos a la actuación. En semejante circunstancia, a Dear no le quedó otra que salir a escena para meterse en el papel de diva un poco despechada pero muy entera y eternamente elegante. Vestido como si fuera un actor secundario de “Scarface” y acompañado por una trompeta, durante los primeros momentos parecía que estuviéramos viendo a la estrella masculina de una telenovela sudamericana new age en vez del hombre sofisticado que hay tras los alias de Audion y Jabberjaw. Su propuesta de directo con banda resultó desmesuradamente gay-friendly y excesivamente sobreactuada, pero también muy correcta y sobradamente entretenida (aunque al principio le costara arrancar). Para cuando llegaba el último tramo del concierto, Dear ya había conseguido triplicar el primer aforo. MF

Dean Wareham plays Galaxie 500 (Escenario ATP)

Resulta difícil marcharse de la magnética –y muy Brontë– PJ Harvey, pero el schedule lo marca así. En el Primavera hay que privarse de unos clásicos por otros, ya que es tan importante el final de un concierto como el comienzo del otro con el que coincide. El cancionero inmortal de Galaxie 500 se merecía toda mi atención pero –lo siento, ruego que me perdonen– llegué diez minutos tarde, exactamente cuando empezaba “When Will You Come Home”. Los miembros de Avi Buffalo seguro que se estaban mordiendo las uñas compulsivamente en algún lugar de la platea. Dean Wareham, con su esposa Britta a su derecha y dos músicos más, ya había comenzado a rememorar la historia de la que posiblemente fuera la mejor banda del mundo (con permiso de sus padres The Velvet Underground). Todos sus temas son hermosos y supieron escoger entre ellos los más entrañables. “Strange”, “Summertime”, “Blue Thunder”, “Fourth Of July” y “Tugboat”, además de covers como el “Up In The Sky Sometime” de Jonathan Richman, fueron los protagonistas de un momento inolvidable que sobresalió con brillo en una noche de estrellones. Un apunte: ese público de The National que aún no les conoce se hubiera enamorado de su sofisticación. CR

Mogwai (Escenario Llevant)

Son las 00.30 horas. El F.C. Barcelona es campeón de la Champions League. Todavía no he visto ninguna manifestación futbolística. Hasta que llegué al escenario Llevant y el batería de Mogwai se aposentó en el taburete vestido de blaugrana. Era predecible. Como que los escoceses iban a congregar una multitud formada por el espectro más viejo y veterano del festival. Un campo de nabos, mucho hardcoreta maduro, tatuajes por doquier… También predecible. Lo único que no entraba dentro de las previsiones (ni las mías, ni las de la gente que comentaba a mi alrededor) fue el resultado de la actuación: los escoceses y su showroom de amplificadores sonoros apagados. Lisérgicos y cadenciosos, sí. Eso es inherente a su música. Pero les faltó el nervio contenido, la pulsión, esa vibración punzante que te abría en dos y te emocionaba. Algunos decían que era fruto del cansancio, que el sonido de la banda se estaba agotando. Yo creo que los que estábamos agotados éramos nosotros, el público, fruto del cansancio de tres días de festival. MF

Swans (Escenario Ray-Ban)

Continuación perfecta en el Ray-Ban para el exquisito concierto de los también post-industriales Einstürzende Neubauten. Swans están en un acojonante estado de forma. Llegaron empeñados en convertirse en la apisonadora del festival, poseedores de unas canciones tan graníticas como el suelo que dejaron temblando. Mejor tener unos tapones a mano, sí... Michael Gira mete el miedo suficiente para dejarte con la boca abierta. Mueve el brazo haciendo círculos, se arrodilla para tocar la guitarra, escupe al aire. Indica a uno de los dos baterías, el del pecho descubierto, qué platillo debe tocar. Parece tenerlo todo controlado y, a los otros secuaces vestidos de negro, les da pistas continuamente con esa mirada fantasmal que se gasta. Madre mía, ¡cuánto han aprendido de él sus discípulos Akron/Family y qué poco su pupilo Devendrita Banhart! Tras la acojonante “Jim”, el otro batería también acabó quitándose la camisa y subió muchísimo la temperatura en un instante. Gira nos confesó que quería tener sexo con todos y cada uno de nosotros. Swans are alive. CR

Darkstar (Escenario Jägermeister-Vice)

Darkstar trajeron su post-dubstep pulsante a uno de los escenarios más pequeños del festival. Tocaron como una banda de tres miembros, deslizando bajos pesados que impedían pensar: ya era tarde y Darkstar querían llevarnos al límite. Tocaron una versión épica de “Gold” para acabar el concierto, probando diferentes melodías mientras mantenían la estructura. Ojalá les volvamos a ver el año que viene, y ojalá sea en un escenario más grande. SH

Odd Future (Escenario Pitchfork)

Abandonar Mogwai casi narcotizado y mentalizarte para Odd Future: esa paradoja. Me armo de valor y decido colocarme en todo el meollo. Cuando me doy cuenta, estoy rodeada de trendsetters, modernillos afeminados y hipsters en general, que no saben qué es swag o quién es Wacka Floka o Gucci Mane, aunque quizás les resulte familiar Lil Wayne de verlo en la MTV. Con ese panorama se encontraron los gamberros de Odd Future, a los que les bastaron un par de canciones para saber que la gente no iba a responder con la misma energía que ellos desprenden. La eficacia destructiva de “Transylvania” no consiguió instaurar la locura más allá de la quinta fila; Tyler y compañía enseñaron longanizas en señal de protesta. El feedback mejoró con “Yonkers” y el líder de la manada agradeció que la gente de un país “tan lejano” como España conociera el tema. Aunque ya sabían que no iban a poder imponer la enajenación, los chicos de la crew no cejaron en el intento, demostrando que son fieles a sus principios de vandalismo e incorrección. Son inconmensurables en presencia escénica, irreverentes hasta decir basta e increíblemente talentosos en la lírica. Después de esto, me creo el hype a pies juntillas. Y me quemo con la gente que únicamente vino a hacerse la foto. Me habéis estropeado la catarsis rap con mis nuevas estrellas favoritas. MF

Animal Collective (Escenario San Miguel)

A Animal Collective les da igual todo, hasta los pitidos. Sus conciertos pueden salir de cualquier manera. Les hemos visto tocar de manera superior, incomprensible y hasta pasable, pero nunca dejan indiferente al personal. En este se mostraron desconcertantes, sí, pero también insobornables, rebuscando en el directo como en otro campo de pruebas a explorar más allá de los álbumes. Se volvieron a plantear otro “más difícil todavía” y el resultado fue un corte de digestión de la psicodelia para los más benevolentes y un corte de rollo directamente para el resto. La cosa tuvo sus bemoles. Descolocaron a los menos colocados con un repertorio en el que yo apenas pude reconocer tres temas, entre ellos “Summertime Clothes” como despedida y esa samba inmensa que es “Brothersport”, encargada de animar un poco el cotarro como columna vertebral del setlist. Sí, hubo muchos experimentos nuevos, y no quedó claro que estos anunciaran la esperanza de que la continuación de “Merriweather Post Pavilion” vuelva a romper las barreras del pop. Fue la deformidad absoluta, algo muy extraterrestre y linfático. ¿Un bluff? Yo lo dejaría –como el de Panda Bear del año pasado– en un concierto incomprendido. Y fallido por ello. CR

DJ Shadow (Escenario Llevant)

Debido a los cambios de horarios soy incapaz de saber a ciencia exacta cuánto tiempo lleva DJ Shadow dentro de esa bola del escenario. No era como la de los Flaming Lips pero también daba vueltas. Se trataba de un truco visual ejecutado por el espectacular montaje de mapping que acompaña a Josh Davis en este espectáculo y que por momentos puso en duda la presencia física del DJ encima del tablado. La esfera finalmente se abrió descubriendo el escondite de Davis, mientras una lengua infinita de gente iba llegando a las inmediaciones del Llevant. Propuesta escénica de sensaciones hollywoodienses: aunque nada tenga mucho sentido si se analiza con juicio, es todo tan grande y vistoso que no puedes apartar la vista. En cuanto a lo musical, también reinó el estilo americanizado, con su estructuración en medleys y su modo speaker encendido. Robusto d&b, chop & screwed fanfarrón y gamberril con doble de scratch profesional y promoción justificada de material nuevo fueron la tónica estilística. La evolución de DJ Shadow también se nota en vivo, y quizás es donde más se agradece. MF

Holy Ghost! (Escenario Ray-Ban)

Haber publicado su debut en DFA justo en el momento en el que LCD Soundsystem se retiran no los convierte por necesidad en la continuación de la banda de Murphy. De hecho, ni siquiera creo que Holy Ghost! salgan beneficiados de esa vinculación, pues puede crear falsas expectativas que entorpecen el disfrute. El dúo neoyorquino compensa el carisma del líder de LCD con encanto natural y agradable simpatía. Pero que nadie busque en “Holy Ghost!” la electrizante exaltación del punk funk. La cosa va de electropop con mucha querencia disco, frescura y elegancia incluidas, también en su puesta en escena. Lo suficientemente bailable como para que la muchedumbre del escenario Ray-Ban en su versión trasnochada queme los últimos cartuchos. Sin embargo, no tanto como para resucitar las ganas de baile de los agotados asistentes, que fueron llenando poco a poco la gradería y vaciando la pista. MF

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