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Lyric Culture

Se venden letras

Lyric Culture Se venden letras Mi objetivo es salvar el negocio musical”. Ni más ni menos. Lo dice, en un alarde de presunción e inmodestia, la rubia Hanna Rochelle Schmieder, fundadora de la empresa Lyric Culture. A Hanna, singer-songwriter de tendencia AOR-pop, se le encendió la bombilla estando en el estudio: un arrebato de súbita inspiración y la falta de un cuaderno a mano hizo que usara sus propios pantalones como soporte en el que fijar temporalmente las frases que le venían a la cabeza con vistas a convertirse en letra de una de sus canciones; en aquel gesto reflejo, la emprendedora Schmieder acabó viendo una oportunidad de negocio que además le permitiría combinar sus dos pasiones, la música y la moda. Aunque la empresa se presentó en sociedad a finales de la primavera de 2007 celebrando una gran fiesta en un club pijo de Hollywood, es ahora, más de un año después, cuando el proyecto está empezando a lograr repercusión mediática a nivel internacional.

Se trata de generar nuevas vías de ingresos para los artistas”. ¿Cómo? Creando una línea de ropa (camisetas, vaqueros, chaquetas, cinturones, faldas, pañuelos, etc.) que encuentra su máxima inspiración estética en las letras de canciones más o menos clásicas de artistas legendarios ( The Beatles, David Bowie, Janis Joplin, Aretha Franklin, Johnny Cash, Fleetwood Mac, Marvin Gaye, Lynyrd Skynyrd...) y no tanto.

Lyric Culture ha llegado a acuerdos con las más importantes editoriales musicales en U.S.A. para, previo pago de la correspondiente licencia, poder imprimir en sus prendas las letras de las canciones cuyos derechos pertenecen a estas editoriales. Esas prendas se venden a través de grandes almacenes y boutiques selectas a precios que oscilan, dependiendo de la prenda, entre los 75 y los 625 dólares, de manera que cada vez que alguien compra uno de los artículos de la marca, la venta de esa prenda le está generando al autor de la letra en ella impresa unos beneficios que oscilan entre los 50 centavos y los 20 dólares. Sí, se trata de un porcentaje nada generoso que poco va a hacer por “salvar el negocio musical”, pero a la vista de las menguantes cifras de ventas y de las pérdidas millonarias que las grandes compañías vienen atribuyendo a la “piratería”, muchos autores estarán encantados de poder embolsarse unos cientos de dólares adicionales gracias a la iniciativa de Lyric Culture.

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