Giras

James Blake + Jamie xx + Jamie Woon

Razzmatazz se rinde al dubstep de los tres Jaimes (8-12-2011)

James Blake

Por Dani Relats

1. No íbamos a hablar de dubstep

Son las 21:30 de la noche. En la sala Razz no cabe ni un alfiler. Suena un tema con un compás sincopado y graves desbordantes y hay una pareja hablando (a gritos) delante de mí. “Dust-bep” – dice él, silabeando. “No, no, repite conmigo: dub-step” – corrige ella. Después de un par de intentos, ambos acaban pronunciándolo al unísono. Ah, ternurita. Así es como el género va de boca en boca. Y, diablos, no cabe duda de que es meritorio pronunciar bien en nuestro idioma más de dos consonantes seguidas. Este 2011 que casi acaba ha sido el año en que el nombre de este género que nació como escena marginal en el barrio de Croydon, Londres, está en boca de todo el mundo. Como bien nos explica David Broc en su demoledora crítica del último disco de los nu-metaleros Korn, hoy en día reclutar a un productor digamos dubstep es sinónimo de estar al día. Primero fue Adele, luego Britney, más tarde Korn. Ahí radica el éxito de público de esa gran noche del Razz, en utilizar el dichoso nombre para promocionar el evento. Aunque la música ya esté por otros lares y el género hace tierosmpo que no sea cutting edge en las calles londinenses. Pero claro, sería demasiado insider hablar de noche post-dubstep. Todavía más consonantes seguidas.

En fin, llámenlo ustedes como quieran, el de aquella noche en el Razz fue un cartel suculento amén de muy representativo de la escena UK bass actual, por usar un término más genérico y atemporal. Tenemos a su productor estrella, Jamie XX, al enfant gâtée y producto más comercial de la escena, Jamie Woon, y al artista más relevante de ella en la actualidad, James Blake. Bienvenidos a la noche Jamie. O como diríamos aquí en Cataluña, nit de Jaumes.

2. Operación Triunfo

Vayamos ya con el primero. Cuando Jamie Woon surgió hace cuatro años con esa canción de vagabundos-con-laptop llamada “Wayfaring Stranger” y un remix de Burial debajo del brazo, todos pensamos que el lado oscuro ya tendría quien le cantara un gospel. Sin embargo, el LP “Mirrorwriting” (Candent Songs / Polydor, 2011) lo deja todo más o menos claro: el tipo quiere su slice of the Devil’s pie, como diría D’Angelo. Quiere pillar cacho, vaya. Su target diría yo que no difiere demasiado del de Craig David (R&B pop comercial) y lo de Burial fue mero espejismo. Pero en su directo vimos que todavía le queda mucho para llegar a ser una estrella, a pesar de contar con una más que notable voz. Primero, un repertorio digno: pocos temas se salvan, aparte de “Lady Luck” y “Night Air”. En segundo lugar, la puesta en escena, pobre y desangelada –teclista con gorrito incluido–. Y en tercer lugar, el sonido en directo: con la ayuda de guitarra, laptop y teclados, intentaba darle a su repertorio un aire jazzy que, por falta de experiencia y trabajo se queda en algo insulso y ñoño.

3. Tunda de graves

A James Blake se le podía aplicar este año la ley de Pareto, aquel economista italiano que dijo algo así como que con el 20 % de tiempo rendías el 80 % de tu trabajo. Para él, el año acabó en febrero, cuando apareció su majestuoso debut, “James Blake” (Atlas-A&M) y a partir de entonces todo ha sido puro divertimento: un EP de voz y piano, “Enough Thunder” (Atlas) y el recién aparecido “Love What Happened Here” (R&S), de temas de baile, amén de las rolas que cuelga en su cuenta de Facebook y algunas exclusivas para Radio One. Pero el corpus de su obra está en ese primer LP, uno de estos discos que surgen cada mucho tiempo y que plantea un nuevo lenguaje musical. Podremos encontrar en él trazas de Aaron Neville, de Gavin Bryars, o de Thom Yorke, y aun así el sonido es inconfundiblemente James Blake. También de D’Angelo, de Arthur Rusell o de Robert Wyatt. Eso sí, las comparaciones a nivel musical con Anthony & The Johnsons, sólo porque los registros vocales sean similares, muestran una gran miopía musical puesto que, afortunadamente –para el que esto escribe–, nada tiene que ver a nivel de sonido el londinense con la locaza de Brooklyn.

Había expectación por ver si en directo sus composiciones, que con otra producción pasarían por clásicos del soul-pop, mantendrían el toque de alienación del disco, con sus múltiples efectos, o de lo contrario tendrían el tratamiento diáfano de “Enough Thunder” que, en exceso melodramático y “orgánico”, provocó un poco de guasa en las redes sociales (en Twitter: @terribleinfanta James Blake llora al ver gatitos). Pues bien, ganaron los que apostaron por el freakismo musical. Ya desde el “Unluck” inicial, Blake acentuó las peculiaridades del tema: voz limpia de efectos lidiando con coros de robots, un ritmo que parece un cojito que tropieza y se vuelve a levantar, el sonido de las baquetas frenéticas, crujidos, crescendos de órgano dejando paso a pasajes semicomatosos y cambios de la estructura de la canción para delirio de los pocos que la coreaban. La cosa prometía.

Blake apareció parapetado en sus teclados y acompañado por un batería y un guitarra con toneladas de efectos. Una banda bien versátil que tan pronto se metía en terrenos jazzísticos como en secciones casi ruidistas, en bases rítmicas 2step / dubstep o interpretando el dub más asesino que se ha escuchado en esta ciudad desde King Midas Sound. Por ejemplo, en “Love What Happened Here”, del último EP, les salió la jam bien jazzística, con unos teclados muy a lo Jimmy Smith. En cambio, “I Never Learnt To Share” acabó en una bacanal de ruido, con los teclados relinchando como caballos desbocados. En todo momento, los graves se sentían físicamente: ondas que se propagaban desde el escenario hasta el fondo de la sala y que hacían aullar al público. Desconcertante, pues los gritos llegaban antes que la andanada de bajas frecuencias. No recuerdo semejante efecto ni reacción en ningún otro concierto con anterioridad.

“Lindisfarne”, a base de silencios y efectos de voz, se convirtió en algo espectral y desolador, una canción folk para fantasmas que visten autotúnica, mientras que su hit dubstep “CMYK” acabó siendo tan orgánica e inmediata que podría denominársele punkstep. Ya cuando llegó “Limit To Your Love”, el público estaba entregadísimo y gozó con la prolongación dub del tema (saltaron entonces tuits como este: @MATHBEATS James Blake disfrazándose de Rhythm & Sound). Preparándose para lo que vendría más tarde, cerró con una versión de Digital Mystikz, el tema “Anti-War Dub” y otra de Joni Mitchell, “A Case of You”, en el que repetidas veces tuvimos que hacer callar al público, que no respetó para nada los silencios, cruciales en la música del británico. A pesar de estos episodios de vandalismo, un gran concierto, tras el cual apreciaremos aún más, si cabe, los discos de este hombre.

4. Jimmy James

Tendríamos ración de James Blake por partida doble puesto que esa noche también pinchaba. Su técnica fue bastante digna y, pese a pinchar con CDs, no detectamos ninguna ensalada. El repertorio estuvo trufado de clásicos del dubstep y del grime: no faltaron el “Haunted” de Digital Mystikz o el “Midnight Request Line” de Skream. Y sí, también hubo muchas negritudes, como Destiny’s Child o la remezcla de Lil’ Wayne que él mismo hizo (busquen por Harmonimix), empalmada con la cuasi psicópata “NY Is Killing Me” de Gil Scott Heron con Jamie XX. Por si fuera poco, también tuvo su momento satánico pinchando a Salem, aunque la síncopa del dubstep y la del 2step fueron el hilo conductor de la sesión. Eso sí, el tipo se la pasó teta y bailó mucho con la música que él mismo pinchaba.

También hubo tiempo de ver a Pangaea, de lejos el mejor DJ técnicamente, con un set excelente de temas de techno y dubstep, entre los cuales se deslizaron sus propias pistas para Hessle Audio, sello en el que comparte referencias con el mismo Blake. Lo de Untold empezó con techno más leñero y no sabemos cómo acabó, ya que regresamos a ver a Jamie XX. El integrante de The XX fue de los pocos que pincharon con vinilo (me aseguran que Pariah también lo hizo, en una de las salas contiguas) y empezó con funk de los 70 y un sorprendente “I Would Die 4 U” de Prince, continuando en un set en el que mezcló a partes iguales UK funky, garage y house. Como aquel disco que sacó Roska el año pasado pero sólo los ingredientes. Y sí, muy bailongo, aunque quizás esperábamos que ocurrieran más cosas, tal vez que pinchara el “Belfast” de Orbital que abre su Essential Mix para Radio One. Anduvo parco en sorpresas el británico, pero hay que reconocer que nos dejó con más agujetas que un vídeo de aerobic de Jane Fonda.

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