Giras

Battles + Walls

After-party de Primavera Club, 72 horas después

Battles

Por Álvaro García Montoliu

Casi sin tiempo para digerir la veintena de conciertos que se han podido ver en Barcelona durante cinco días en el marco de San Miguel Primavera Club 2011, con la duodécima edición del hermano grande ya con todos los motores encendidos confirmando grandes bazas a destajo y con el temible mes de diciembre acechando, tocó huir de la calidez del hogar una noche más. Pero la ocasión lo merecía. Por un lado, la organización del festival ofreció una nueva oportunidad de ver a Battles sin Tyondai Braxton en un horario más decente (recordad que en el PS 2011 tocaron a las 3:45, un rato después de la explosión de baile indie pop de Pulp). Y, por el otro, Walls, unos teloneros de lujo, que presentaron su fascinante y planeador disco, “Coracle”.

El dúo londinense no es otra banda más de techno que se refugia en los prodigios del software de sus Macbooks de cara a sus actuaciones en directo. Al contrario, Walls vienen cargados de maquinitas y una guitarra que hacen que sus canciones cobren una dimensión especial, distinta a lo que se puede escuchar en casa con sus discos de estudio. Así, por ejemplo, se atrevieron a incorporar puntualmente sonidos schaffel en “Il Tedesco”. Por algo vienen de Kompakt, claro. Pronto llegó “In Our Midst”, uno de los puntos álgidos de “Coracle”, ya con los beats de Sam Willis bien asentados en el set y con Alessio Natalizia agarrando un micro que apenas volvió a recuperar ya y punteando la guitarra, que sí tuvo más protagonismo durante la velada. El público de la sala, escaso al principio, fue volcándose poco a poco hacia el escenario. “Gaberdine”, de su álbum de debut, consiguió despertar los primeros gritos de entusiasmo entre los asistentes.

Su giro hacia la electrónica de baile cada vez es más evidente, y lo refrendaron ayer por la noche con un tema nuevo que abrazó más el sonido Detroit que ese ambient drone de sus inicios del que se olvidaron casi por completo en su directo. Esa maravilla emo techno que responde al nombre de “Hang Four” vino precedida por una introducción con breaks, para luego atronar con unos poderosos sub-bajos. Y el cierre, con “Sunporch”, sirvió para que se postulasen ellos mismos como firmes candidatos a actuar a altas horas de la madrugada en el próximo San Miguel Primavera Sound 2012.

En el nuevo formato trío, Battles se repartieron los papeles de la siguiente manera: el incombustible John Stanier, como es habitual, a la batería, con un platillo dispuesto a gran altura; el hiperactivo, histriónico y chico multiusos Ian Williams, luciendo un frondoso bigote y escoltado a cada lado por dos teclados, alternaba sus funciones como guitarrista, teclista y hasta percusionista; mientras que Dave Konopka, el miembro más discreto de los tres durante la primera hora del concierto, se repartía entre la guitarra y el bajo. Antes de “Futura”, presentó a la banda con grandes dotes de entertainer, mientras las pantallas a sus espaldas mostraban un “Gracias, Barcelona” con los colores azulgrana. Fue el único momento en el que alguien se acercó al micro, así que nadie asumió el rol vocal de Braxton. Abrieron con una larguísima “Africastle”, que no llegó a su clímax hasta pasados los cinco minutos. Las pantallas también mostraron cantando a los invitados especiales en los temas en los que participaban. Es decir, a su manera, no faltaron a la fiesta Kazu Makino en “Sweetie & Shag”, Matías Aguayo en “Ice Cream” precedido por helados de fresa y chocolate, y Gary Numan en “My Machines”: muy al estilo Gorillaz. Faltó Yamantaka Eye, pese a que interpretaron como cierre una “Sundome” que tardó demasiado en arrancar el vuelo.

La batucada de “Dominican Fade” dio paso a su mayor hit, “Atlas”. Fue empezar a sonar la percusión y los asistentes se volvieron locos. Las voces, antaño a cargo de Tyondai Braxton, iban pregrabadas, algo que hizo que perdiese algo de fuerza tamaño torbellino. Mientras, las pantallas mostraban la portada de “Mirrored”, álbum que sólo fue recordado esta vez. De los EPs, por supuesto, ni hablar. Tampoco parecieron echar en falta esas producciones el público, que reclamaba piezas como “Wall Streeet”, “Ice Cream” o “Futura”. Todas acabaron cayendo. La primera, tan frenética como en su versión de estudio, sirvió para que Stanier exhibiese toda su pericia. Más tarde trastearon con la voz del excéntrico Aguayo en la pieza más abiertamente pop y accesible del repertorio. Pero, desde luego, la que se llevó el premio gordo de todo el material de “Gloss Drop” fue “My Machines”, quizá por la mirada asesina que dedicaba Numan desde las pantallas. A esas alturas el batería sudaba más que Camacho y tenía la cara como un tomate. Se dejaron la piel, se divirtieron y lo hicieron pasar en grande.

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