Festivales

San Miguel Primavera Club 2011

Crónica completa de un fin de semana intenso

Primavera Club

Por Sergio Del Amo y Álvaro García Montoliu

El fin de semana llegó a su fin, y con él, la oferta que el San Miguel Primavera Club nos había preparado para esta ocasión. Pese a la depresión por las últimas horas de disfrute musical, el festival se guardaba los nombres de mayor calado de la edición. Sin lugar a dudas, el paso de ese agitador del playback llamado John Maus será recordado durante mucho tiempo tras dividir (e, incluso, sacar de quicio) a la audiencia. Pero estos días, además, hemos tenido la oportunidad de ver bien de cerca a Stephen Malkmus sin sus Pavement, recodar cómo suenan Superchunk en una sala, gozarlo con Fleet Foxes desde la comodidad del Auditori, comprobar si el fenómeno Girls está justificado y observar la dualidad musical de St. Vincent. Y, por si no hubiera motivos de peso para haberse hecho con uno de los abonos, también ha habido ocasión de disfrutar del debut de un buen puñado de esos artistas –el caso de EMA– que determinan el estado del zeitgeist indie. Bienvenidos a este pequeño repaso que refleja los agitados días que hemos vivido en nuestras carnes.

Viernes 25 de noviembre

St. Vincent

De ángel a demonio en cuestión de minutos. Así es Annie Clark, una presencia cautivadora llena de contrastes que tanto hace rugir su saturada guitarra como puede reblandecer el espíritu cuando entona melosamente “The Party”. La estadounidense (con banda y un holograma a modo de corista, a diferencia de su última visita) desplegó las mejores bazas de su reciente “Strange Mercy” y nos dejó ver sus dos diferenciadas caretas. Con su pose de diva dominó el espacio y se deshizo de su timidez contando un par de anécdotas (por ejemplo, el accidental shopping que hizo con su madre cuando visitó España por primera vez). Pero dejando de lado estas banalidades, Clark demostró ser un auténtico torbellino en su faceta más ruidista (siempre quedará en nuestras retinas esa interpretación del “She Is Beyound Good And Evil” de The Pop Group, que rescató tras su reciente estreno en el programa de Jimmy Fallon) y un encanto de porcelana cuando se contenía en piezas como “Year Of The Tiger” o “Your Lips Are Red”, la única reivindicación a su primer álbum que cerró el show. Quienes antes de verla en acción ya la amábamos acabamos literalmente postrados a sus tacones. Aunque puestos a poner una pega, lo único que podría echársele en cara es que se olvidara de “Northern Lights”. Sergio del Amo

Still Corners

Parecía que se lo tenía todo muy estudiado Tessa Murray de cara al concierto. Emergió como una aparición espectral una vez ya estaba toda su banda posicionada. La chica es mona y lo sabe, como un cruce entre Kate Moss y Sofia Coppola. Durante el recital ofreció caras tiernas, coquetas, tímidas y angelicales. La actuación debió haber tomado otros derroteros si hacemos caso a sus palabras. En el aeropuerto de Barcelona perdieron las guitarras y el bajo, lo que hizo que la versión que ofrecieron de “I’m On Fire” de Bruce Springsteen fuese más despojada de lo habitual: ella susurrando acompañada por un guitarrista. Pero lo que de verdad se echó en falta fueron esos visuales que sí llevan en el resto de su gira, incluido el PC de Madrid. El suyo fue un ejercicio correcto de dream-pop para primera hora de la tarde. Empezó al ralentí, pero luego fue mejorando a medida que llegaban canciones como “Cuckoo” y “I Wrote In Blood”. Una pena que cuando ya cogieron fuerza dejando a un lado su postura hierática, la función se terminase con una “Into The Trees” en la que el guitarrista echó buena mano del pedal de efectos. Álvaro García Montoliu

Girls

Los californianos han firmado uno de esos álbumes atemporales que aparecerán en las listas de lo mejor del año. Aunque, teniendo en cuenta que en su anterior visita dejaron claro que necesitaban algo más de rodaje, había que darles una nueva oportunidad para ver si conseguían calarnos más hondo ahora que el hype es cosa del pasado. La consolidación estaba en sus manos. Empezaron algo fríos en ese primer tramo capitaneado por “My Ma” y “Heartbreaker”, con un Christopher Owens que, cuando quería emular las andanzas de Kurt Cobain, se quedaba a medio camino de transmitir ese desasosiego inherente en su ser y sus propias canciones. Sin embargo, fue digno de admirar cómo el concierto remontó el vuelo mostrando destellos de genialidad en “Love Like A River”, esa comunión perfecta de “Vomit” o el torbellino de “Die”. Influyó más de la cuenta que nadie pudiera soltarse y pegarse unos bailoteos en el Casino L’Aliança de Poble Nou cuando la ocasión lo requería (si no, que se lo digan a la muchacha de la primera fila que no pudo refrenarse en “Honey Bunny” y fue invitada a que guardara la compostura por un miembro de seguridad), pero tal como se le escapó a Owens (no sabemos si intencionadamente), esto último podrá solventarse cuando dentro de unos meses brillen como uno de los cabezas de cartel del Parc del Fòrum. Que no haya la menor duda de que para entonces nos encontraremos con uno de esos directos que rozarán la perfección. S del A.

Unknown Mortal Orchestra

Cuando pensábamos que en esta edición del Primavera Club íbamos a dejar atrás las gimcanas de antaño, llegó el momento de mirar el reloj tras la actuación de Girls y ver que tenías que correr para llegar a Unknown Mortal Orchestra. Había muchas ganas de ver a los neozelandeses. Su disco homónimo está entre lo mejor en cuanto a bandas debutantes se refiere y no se le ha hecho todo el caso que se merecía. En directo el trío apostó por un sonido más áspero, estirando las canciones –doblaron la duración de “Little Blu House”– con riffs infinitos. Cambiaron sugerencia por contundencia y la jugada les salió bien contra pronóstico. Ruban Nielson forzó su voz al máximo en temas como “Nerve Damage!”, pero demostró más tarde que podía cambiar con facilidad de registro en el falsete que regaló en la pegadiza “How Can U Luv Me”. Eso nos preguntamos nosotros, cómo no les podemos amar más. AGM

Stephen Malkmus & The Jicks

Era uno de los pesos pesados del PC 2011. El año pasado en el Fòrum reventó el San Miguel con sus Pavement. Pero la cosa parece no cobrar tanto interés cuando viene con The Jicks. A un cuarto de hora de empezar, podías acercarte a las primeras filas sin problemas, y eso que fueron programados a hora punta en el Apolo. Y ya empezado el concierto, difícilmente se sobrepasó los tres cuartos de entrada. Tampoco con su música consiguieron entonar con un público frío que apenas reaccionó, por ejemplo, a ese trallazo que es “Senator”. Se habló más de la turca que llevaba encima Malkmus que del concierto en sí. El alcohol tampoco le pasó excesiva factura al margen de desmontar varias veces el micro y tener que requerir la asistencia de un técnico entre las risas de sus compañeros de banda. Los números más tranquilos se complementaron bien con los más frenéticos, cuando Mike Clark dejaba el teclado y se unía a la guitarra. Ellos parecieron pasárselo bien, pero no fue suficiente para los asistentes (salvo en contadas ocasiones, como “Tigers”). Tampoco hicieron mucho por mejorar las cosas los diez minutos casi instrumentales de “1% Of One”. AGM

Sábado 26 de noviembre

Gary War

Tras una actuación orgánica, preciosista y lánguida de Gem Club, Gary War, el telonero perfecto para John Maus, salió al escenario acompañado tan solo por una guitarra y pedales de efectos. La batería, las cajas de ritmos y los teclados, es decir, el 75% de su propuesta musical, lo llevaba pregrabado. Pero todo sonaba tan alto que entre tanto beat era imposible reconocer los acordes de guitarra que manipulaba. Sin embargo, el mayor problema no residía ahí, sino en que las canciones sonaban casi todas idénticas. Todo lo cósmico, lo-fi, excéntrico y tan Ariel Pink que tienen sus discos, aquí se perdió en una amalgama de ruidos que lastró mucho su propuesta. Como ocurrió minutos más tarde, lo cierto es que si tanto a él como a Maus los hubiesen puesto en una sala para 150 personas a las 3 de la madrugada, el público lo hubiese disfrutado más. AGM

John Maus

La actuación –porque no se puede utilizar la palabra concierto– de John Maus dio para dos casos dignos de estudio y que a lo mejor algún día analizamos en estas páginas. ¿Fue lo suyo una tomadura de pelo o una expresión artística de gran relevancia? Y, ¿cómo puede ser que ante un espectáculo que generó tanta división de opiniones el día anterior en Madrid (algunos incluso llegaron a sentir ansiedad e incomodidad) aquí, con un público casi siempre tan comedido, la propuesta cuajase? Porque fue salir él y muchos saltaron de sus asientos del Casino L’Aliança para ir directos a primera fila a bailar como si fuese el fin del mundo. Él les correspondía con un show que se basaba en no parar de moverse, saltar, darse golpes en la cabeza o en el pecho, poner cara de He-Man estreñido y gritar más que si a Tarzán le hubiesen matado a Jane Porter. En lo que se refiere a lo estrictamente musical, llevaba un aparato en el que sonaban sus canciones que interrumpía cuando le venía en gana. Centró el repertorio en su magnífico último trabajo, pero también dejó caer otras perlazas como “Rights For Gays” y “Maniac”. Playback casi total; sólo en algunos momentos seguía los temas, pero lo importante no era eso, sino sus rugidos. Para hablar de performance, que es lo que se dice que hace, se hubiese agradecido una extensa variedad de numeritos cómicos, porque el chiste al segundo minuto ya perdía la gracia. Es lo que viene haciendo desde hace años, pero eso no quita que haya quien pueda sentirse estafado. Aunque una cosa no se la puede quitar nadie, como agitador de masas no tiene precio. Para bien o para el mal, el nombre del San Miguel Primavera Club 2011. AGM

Thrill Jockey & Paper And Iron Booking Showcase: Thank You, Barn Owl & High Places

Para Thrill Jockey no ha sido nada fácil escoger a tres de sus protegidos para que les representen en el festival. El sello de Chicago ha explotado desde 1992 un exquisito catálogo cuyo denominador común se aleja de los nombres de relumbrón. Haciendo gala de su ecléctico legado, se decantaron para su showcase por unos artistas que, a pesar de no compartir absolutamente nada entre sí, daban buenas muestras de su heterogénea premisa experimental. Los misteriosos Thank You tuvieron la mala suerte de abrir la velada, y digo mala suerte porque su enérgica propuesta de krautrock con destellos tribales (destacable ese batería, una auténtica bomba de relojería rítmica) a una hora más tardía habría congregado mayor público. En una duermevela de trazos metal por momentos (había que irse por patas de las primeras filas si no se quería correr el peligro de que estallasen los tímpanos cuando la brutalidad hacía acto de presencia), Barn Owl dieron sentido a los ambientes drónicos sosteniendo un discurso de lo más perturbador, apoyados por sus granulosos visuales. Durante algo más de media hora Jon Porras y Evan Caminiti, solos ante sus pedales y efectos, consiguieron acertadamente transportarnos a un cinemático universo que rehuía del technicolor. Como colofón aún quedaba el nombre más popular del pack, High Places, quienes fueron a lo seguro abriendo con “Year Off”, de su último álbum, “Original Colors”, en el que se tiran sin paracaídas a pistas de baile amorfas. El dúo de Brooklyn, frío e impasible ante todo (más que Ladytron, que ya es un decir), renegó de la abstracción psicodélica de sus inicios y optó por su reciente metamorfosis recargada de beats. Aunque algo falla cuando quieres poner a bailar a todo el mundo y, a lo sumo, sólo se agitaba alguna cabeza a pie de escenario. S del A.

Superchunk

Nuestra memoria senil ya no se acuerda de cuándo fue la última vez que la banda visitó una sala de nuestro país. De modo que ya pueden imaginarse las ganas que había de ver a Marc McCaughan y los suyos en el que, históricamente, ha sido su hábitat natural (los festivales no cuentan). Nunca puede llover a gusto de todos si se tiene presente su extensa discografía, ya que es absolutamente imposible que toquen en una hora y cuarto todos sus hits. Pero eso no quita que sea una auténtica delicia comprobar cómo el paso de los años, al igual que los buenos vinos, no ha mermado su ilusión y su energía por subirse al escenario. McCaughan y Laura Ballance no pararon de saltar en ningún momento, demostrando una vitalidad envidiable que llegó directamente al público conocedor de sus triunfos (sobre todo, a ese pequeño pogo que por momentos se formaba en las primeras filas). Y pese a recrearse en el repertorio de su último trabajo de estudio, “Majesty Shredding”, no faltaron himnos como “Like A Fool”, “The First Part”, “Learned To Surf” o “Driveway To Driveway”. “No Pocky For Kitty” fue el disco más maltratado de la velada, pero en positivo nos quedamos con la idea de que tenemos Superchunk para muchos años más y seguro que tendremos otras ocasiones para escuchar en directo esas canciones que esta vez se han quedado en el tintero. S del A.

Hyetal

Para su actuación en Primavera Club, Hyetal decidió prescindir de Alison Garner, la vocalista que le acompañaba en varios de sus conciertos, entre el que se encuentra el que ofreció en el marco de Electrónica en Abril 2011. Así que en La 2 de Apolo estaba él solo ante sus máquinas y un portátil al que apenas echó el ojo. No paró ni un segundo de trastear con los botones, moldeando las canciones a su gusto y antojo. Con algunas se ciñó bastante al sonido original del disco, pero otras, como una colosal “Beach Scene” –rematada con una metralleta de beats– y “Searchlight”, se crecieron y alargaron en el directo y sonaron divinas. Un 10 para los técnicos de la sala. Anticipó también dos temas nuevos, una de las cuales hubiese puesto los pelos de punta a los mismísimos Drexciya. Como única pega, señalar que tocó “Boneyard”, quizá la pista más floja de “Broadcast”. Si la hubiese cambiado por una introducción con “The Chase” sólo nos hubiesen faltado los replicantes para estar como en casa. Tras 45 minutos de actuación se despidió con un tímido gesto de adiós y sin mediar palabra. AGM

Factory Floor

Olvidándose por completo de sus sencillos de inicio, más cercanos a un post-punk de calado indie que a la electrónica industrial y abrasiva que ahora practican, Factory Floor empezaron con “Two Different Ways”, su nueva canción para la casa DFA. Esta orgía de inclinaciones EBM, minimal-synth y acid se alargó hasta el cuarto de hora sin hacer mella en el personal. Quizá la única que se sintió un poco incómoda al principio fue la vocalista y guitarrista, Nik Void, que tuvo problemas con el micro y más tarde con los monitores. Único lastre en una actuación de gran intensidad sonora, con un batería, Gabriel Gurnsey, que imprimía a la música un ritmo marcial apabullante. No se entiende cómo sólo tuvo que dar un sorbo de Red Bull en 45 minutos. Bestia parda. Ella, una vez superados los trances iniciales, y ya metida de lleno en la actuación, se dedicó a aterrorizar y ensordecer al personal con una baqueta que golpeaba repetidamente contra su guitarra. Bendito ruido. AGM

Domingo 27 de noviembre

Fleet Foxes

El último concierto de San Miguel Primavera Club 2011 generó la expectación que merecía. Hubo colas de una hora para hacerse con las primeras filas de L’Auditori, y es que ver a una banda de este tipo en un recinto así no ocurre a menudo. Los de Seattle, por supuesto, estuvieron a la altura de las expectativas. Todo sonó perfecto, ningún instrumento se pisaba, la voz de Robin Pecknold era una delicia y los coros que le acompañaban te hacían acariciar el cielo. Con una iluminación sobria y unos visuales sencillos a base de formas geométricas sobre fondo cósmico que a ratos interactuaban con la música (por ejemplo, con la batería de “Sim Sala Bim”), los norteamericanos consiguieron la atmósfera idónea para una velada memorable. Sus pausas rituales entre canción y canción fueron respetadas con un silencio sepulcral por parte del público. Y es que cada nuevo tema que sonaba era una maravilla para los oídos, como esa “The Shrine / An Argument” que cobró dimensiones místicas. Las piezas de sus tres trabajos sonaron como un todo, pero desde luego, hubo momentos para grabar a fuego (esa “White Winter Hymnal” empalmada con la grandiosa “Ragged Wood”). Las palmas y las ovaciones de los asistentes se sucedían hasta llegar a los bises, para los que se dejaron sus mejores bazas: “Sun It Rises”, “Blue Ridge Mountains” y “Helplessness Blues”. Así da gusto poner broche a un festival. AGM

Puro Instinct

Precaución, amigo con cerebro de reptil: las hermanas Kaplan podrían ser las vecinitas sexys que viven en tu mismo rellano, pero nuestra labor es ponerte en aviso de que una de ellas, Skylar (la guitarrista), está por debajo del límite de lo legal. Tranquilo, siempre te quedará la voz cantante, Piper, que aunque tenga unos brazos que le deben mucho a la sonada portada de Terelu es, desde hace años, una mujer hecha y derecha. El dream-pop de baja fidelidad de estas californianas apadrinadas por Ariel Pink pisaba por vez primera suelo español para presentar “Headbangers In Ecstasy”, una fantasía 80s de dormitorio que sugiere más que muestra. Tras verlas en sus fotos de promo, cualquiera podría pensar que se tratan de dos niñas monas que se suben al escenario para que las primeras filas fotografíen sus pelazos. Y en gran medida es así, ya que, prescindiendo de un batería, se pasean por el mundo con un bajista que no les chupa plano y un chavalín que les lanza las bases (y, encima, mete la pata sin disimularlo). No es que estemos ante unas herederas de John Maus, dios nos libre, pero lo que podría haber sido el eterno sueño de una noche de verano se quedó en un quiero y no puedo anodino algo tramposo. Aunque eso sí, a guapas no les ganaba nadie en este festival. S del A.

EMA

Muchos están que no cagan con Erika M. Anderson, quien ha debutado bajo el nombre de EMA con un álbum que, seguramente, habrá fascinado por igual a la PJ Harvey más deslenguada, a la sensual Anna Calvi y al espíritu autodestructivo de Courtney Love. La estadounidense ha puesto toda la carne en el asador en una colección de temas que suenan desesperanzadoramente sinceros, aunque hasta que no la viésemos en acción nos quedaba esa duda acerca de cómo plasmaría en el directo su carrusel emocional. Al final con lo que nos topamos fue un bolo mucho más visceral y rockero que en su versión de estudio, donde piezas como “Anteroom” o “Butterfly Knife” se crecen entre destellos que poco tienen que envidiar a los patrones shoegaze. La palabra “promesa” se le queda corta, ella es toda una revelación. Fue una lástima ver la sala medio vacía (es lo que tiene sobrevivir a la resaca de la noche anterior y competir contra Fleet Foxes), pero no encuentro mejor forma de acabar el festival que viéndola entonar esos versos suicidas de “California” como si la vida le fuera en ello. S del A.

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