Festivales

Mutek 2014: crónica de la mejor semana de música electrónica del año

El festival celebra su quinta edición en Barcelona y obtiene un nuevo triunfo artístico y de público, coronado con el impresionante concierto de Nils Frahm en el Teatre Tívoli

1. El miércoles

Se llama “arrancar fuerte” y consiste en Kino Internacional moviéndose a golpe de beats tochos y melodías dulces entre artillería analógica, y con Inesfera justo enfrente, manejando los visuales a cuerpo tranquilo. El Convent de Sant Agustí rompía ese silencio casi sepulcral (tan propio del lugar y tan excitante cuando se trata de los minutos previos al comienzo de semejante sarao) con los donostiarras y su proyecto “Texturas”. IDM contundente, de viajes místicos entrelazados con meneo craneal y algún que otro jaleo en forma de silbido de la [abarrotada] sala. De la dulzura a la robustez. De los visuales más minimalistas simulando el trazo de un electrocardiograma en posición vertical, a la saturación de exceso de píxeles, distorsión, desenfoque. La última carga de sonido, marcado por ritmos drum’n’bass, no dejaba duda de que la sala noble del Convent se había hecho pista de baile. Y continuaría siéndolo durante algunos momentos del directo de Wooky y Videocratz.

Con un live que miraba más de cerca al club que en su presentación del álbum "Montjuïc" en Telenoika (hace poco más de un mes), Albert Salinas y Miki Arregui, ubicados en un lateral del escenario -dejando que el peso de la mirada del público recayera en la pantalla-, hicieron que entendiéramos la música desde la forma más visual posible. Fina armonía IDM que, ya de por sí, evoca un preciosismo paisajístico de evasión pura. En las imágenes: el universo, profundidades marinas, ciudades, parajes despoblados, urbes abarrotadas de vidas anónimas, McDonald's, ermitas en paisajes rurales y en medio de la nada. A escasos minutos del cierre, los visuales pasaban a ser formas geométricas en blanco y negro y Albert dotaba a "Montjuïc" de un toque más bailable. Habíamos pasado del entorno “natural” (la calle) al “artificial” (el club). Del agua de manantial a los estupefacientes. Era el preludio a lo que llegaría justo después: Nocturne 1, en Moog.

La primera sesión de noche del festival tendría lugar en el club de la calle Arc del Teatre, ese lugar donde uno siempre se siente a buen recaudo; búnker de alta gama para cuando empiece la guerra, cualquier que sea. El Moog posee un peculiar olor a Fiesta (algo parecido a lo que le ocurre a Tresor); y precisamente, el live del pasado miércoles de Nehuen y Cardopusher presentando su proyecto CWS bien podría haber salido de la zona de los barrotes de la cloaca berlinesa. Techno robusto, de carga pesada, sin miramientos. La dupla formada por Nehuen McAllister y Luis Garbán (ambos residentes en Barcelona y dueños del sello Classicworks), consigue -con CWS- llevar a los escenarios un directo (de orientación hardware) de 4x4 corpulento, del que presiona el pecho. Un poquito de hooliganismo en la música de baile tampoco va (nada) mal.

Aunque siguiendo en la dinámica techno, pero desprendiéndose del tinte más hardcore, el residente del Moog Gus Van Sound (aunque sin su compañero Omar León en el b2b, que tuvo que ausentarse por estar enfermo), ponía cierre a la jornada inaugural del festival con un set de armamento oscuro, ácido, elegante. De ritmos largos que se saborean lentamente. A golpe de flashazos de luz discontinuos, podía verse a un Gus tranquilo y sosegado en la pose, que -detrás de los platos- interactuaba con el público a base de miradas fijas, como quien mira a un viejo amigo para verificar que todo está bien.

Pero no todo fue techno (en el sentido más literal) durante la noche del miércoles. Brunetto, en las labores del warming up, se movía por la cabina del club de la forma más ecléctica posible, con una pista de baile que iba recibiendo fieles, Mutekvisitantes y cuerpos perdidos de miércoles noche. De los ritmos house o funky a los breaks de corte más duro. El productor sevillano tramó un preludio abierto y bailable que daba el pistoletazo de salida a las noches largas que se hacen extremadamente cortas, como las cuatro últimas que nos ha ofrecido el festival.

2. El jueves

Las actuaciones realizadas en el club -con menor peso de la parte visual (o ninguno en el caso del Moog) contrastaban con los escenarios de tarde, donde en algunas ocasiones -como ocurrió con 1024 Arquitecture- primaban las imágenes. Y primaron tanto que el espectáculo (que llevaba “Crisis” por título) destacó más por la performance-crítica que por todo lo demás (música incluida). François Wunschel y Fernando Favier, en calidad de speakers, hicieron sonreír con su parte teatral al auditorio que se daba cita en el Instituto Francés el jueves. Con momentos EDM y maquineo en lo musical y técnicas de mapping en lo visual, la pareja puso en escena una burla al sistema bancario que terminaba básicamente con una rave en Davos (en referencia al Foro Económico Mundial que allí se celebra anualmente).

La sesión de tarde terminaba con la presentación de Presión Profunda, reciente trabajo de Nev.Era (Sergio Mesa), romanticismo de insinuación IDM y de sensibilidad que sube de nivel en el directo. La pantalla se abría con la imagen de un rostro femenino, movimientos lentos, pestañeos sutiles, dos manos que se separan como en un frenazo en el tiempo, como si fuera una dulce despedida… (en la misma línea que el vídeo del tema “Contacto”). La parte visual, firmada por Xarlene, fue durante la mayor parte del live, un todo de sensualidad. En la presentación de Presión Profunda, las melodías de cuentos de hadas -como la de “Con.tacto”- se mezclaban con silencios rotos y beats más rudos –como los de “Absorción” (el tema que cierra el trabajo de Nev.Era)- pero que siempre vuelven al sosiego y a la nostalgia.

El contraste entre los sonidos ambient y downtempo que despedían la jornada de tarde volvía a estar unas horas después en el Moog y llegaba de la mano del dúo Graze. Lejos de los momentos melódicos de su álbum Edges, Graze llevó a Mutek un directo de techno afilado de carácter dancemaníaco. Ese tipo de sonido que siempre se echa de menos, aunque lo escuches a diario. Lija con clase. En la mesa ocupada por Adam Marshall y Christian Andersen, cubertería analógica y un Mac. En la pista de baile un comenzar a sudar sin reparo. Graze son trucha fina, con clase. Del baile tocho, crudo. Y de ahí (y de la gran afluencia de personal) se explica ese calor humano que golpeaba la pista in-crescendo.

Siguiendo a la dupla de Canadá, llegaba Pau Roca. El DJ barcelonés, a quien estamos más acostumbrados a ver en sesiones de corte más house y disco, firmó un set que -sin perder su esencia housera- consiguió teñir la pista de techno bailable, repleto de momentos de luz (en muchas ocasiones dados por sensuales voces femeninas sobre ritmos acelerados, como el tema “Preassured” de Adesse Versions). A unas horas en las que ya se veían por la sala más de un par de gafas de sol como “atrezzo”, los vítores a base de movimiento eufórico de la pista, con los chicos de 1024 Arquitecture como parte de la masa bailonga, despedían la segunda noche del festival, que al día siguiente abriría sus actuaciones con un plato fuerte: Nils Frahm.

3. El viernes

El compositor alemán aparecía en el escenario del teatro Tívoli de Barcelona para llevar la emoción musical al extremo. En la presentación, Frahm introducía la puesta en escena que veríamos después (una conjunción perfecta entre piano y elementos de la música electrónica) y que abriría con un tema de base sintética. A partir de este momento, el viaje fue cobrando una dimensión onírica. Moviéndose con delicadeza sublime entre cuatro pianos, Frahm conseguía arrancar el aplauso desmedido del público cada vez que cada una de las canciones se cerraba en un silencio abrupto, de los que conmueven. El músico llegaba a Barcelona para presentar "Spaces" (Erased Tapes, 2013), pero no se olvidó de algunas joyas de sus trabajos anteriores. Escuchar en directo “Said and Done” (de "The Bells", 2009) es una sacudida de emotividad y recuerdos en forma de susurro delicado con capacidad de estremecer. El final del directo, con el aplauso largo e intenso de la grada, ponía de manifiesto que la música nos había golpeado. Poros bien abiertos de camino al Nitsa.

Y al entrar, Deadbeat y Tikiman ya tenían la rave montada. Primeras filas de bailes compenetrados desprendiendo calidez. Los ritmos primitivos de Scott Monteith y la entonación reggae de Tikiman hacían desear con mucha fuerza que, por unos minutos, Nitsa no fuese un club sino un descampado, una carpa improvisada en la ladera de una montaña. Una tarde de sol cayendo y mucho olor a weedo. Ambos son la dupla dub perfecta, el recorrido que hacen por el género en su directo lo deja patente. Del ambient dub a la vertiente más techno o al jungle y con Paul St Hilarie sin un titubeo que le cambie la sonrisa mientras canta. Cuando su voz cobra una entonación más grave, el nivel narcótico de la música sube. Delays mágicos poseyendo la pista. Su recientemente estrenado álbum, "The Infinite Dub Sesions" (BLKRTZ, 2014), es la consecuencia de dos músicos que se conocieron hace diez años en Mutek Montreal; la puesta en escena del álbum (aunque sea -muy a nuestro pesar- en recinto cerrado) crea una atmósfera gaseosa de ritmos felices y ecos nivel mantra.

Lo primitivo del dub de Deadbeat y Tikiman siguió en el aire, pero aplicado al techno. Andy Stott comenzaba su sesión con ritmos profundos, estructuras minimal que se alargaban y silencios que se rompían sin avisar con beats fornidos. El de Manchester, pieza robusta del sello Modern Love, comenzaba haciendo énfasis en la escucha más imaginativa antes que en el baile, para pasar a aplicar su exploración techno al club. Arrebatos que pillaban al personal desprevenido. Bombo crudo que nos llevaba poco a poco al movimiento (cada vez más drástico) y que se hizo más palpable en la última parte de su actuación, donde volvíamos a notar la rave en el ambiente, con estructuras embrutecidas en forma de drum’n’bass y con el complemento sonoro del grito de algún que otro asistente que, observando al artista desde primeras filas, emulaba los sonidos de una tribu en plena ceremonia musical. De la oscuridad a la luz. “Danger is in the dark”, como entona Alison Skidmore en su tema junto a Andy Stott titulado “Anytime Soon” (Adult Swim, 2013).

Marcel Dettmann, en pose fría e inquebrantable, aparece en escena y se aferra a los platos comenzando de una manera parecida a como lo hiciera en su sesión de la Boiler Room en 2012, de manera sutil, suave, refinada. Volviéndonos a llevar a la oscuridad, a las estructuras mínimas, al núcleo en escala de grises de texturas limpias. Con un Nitsa hasta la bandera (parte de arriba incluida), el berlinés nos fue arrastrando por sus derroteros de forma exquisita. Su discurso se fue ganando a una sala que parecía saber cuál iba a ser el juego de Dettmann: administrarnos las dosis de éxtasis dejando lo mejor para el final de la sesión, que cada minuto iba cobrando dimensiones más vastas. Como un subidón anfetamínico en visión romántica, de progresión racional hasta el tope. El productor y DJ residente del Berghain, fue subiendo el calor del ambiente hasta llegar al abrazo colectivo. Mientras tanto, lanzaba alguna que otra mirada (y algún que otro amago de sonrisa) a las primeras filas –completamente entregadas desde el minuto uno de la sesión-, bebía cava y limpiaba los vinilos a la camiseta antes de colocarlos en el plato, en una pasada rápida, a una mano, con el gesto del niño malo que se limpia las manos en la camiseta, una vez más, sabiendo que su madre le tiene dicho que no lo haga. Como cierre de la sesión, un tema melódico que otorga a su set un último toque de poética: su remix del tema “Bad Kingdom”, de Moderat.

4. El sábado

El sábado, con el sabor del viernes aún coleando en Nitsa, le tocaba el turno al sello Hyperdub, que celebraba sus 10 años con una fiesta dentro del marco del festival. Laurel Halo llegaba a Mutek para presentar su "Chance of Rain" (Hyperdub, 2013), un álbum de estructuras asimétricas, de composiciones que parecen improvisadas, de deconstrucción techno. Y así, tal cual, fue su directo. Una puesta en escena de su último trabajo, prácticamente sin adaptaciones a la pista de baile salvando algún momento específico. El piano se entremezclaba con los bajos, los bombos potentes, los arranques completamente inesperados, las estructuras que se arrastran hasta el infinito y el silencio… Y era una maravilla de ver, pero había quien necesitaba movimiento en la pista de baile. En las primeras filas, una mujer de pelo corto grita concienciada: “¡haznos bailar!” y cuando algunos nos giramos para saber de dónde viene la súplica, ella gesticula con los brazos alegando que “así no puede ser”. Halo prosigue con su discurso, que tiene más de "Chance of Rain" (tema que da título al álbum) que de otras piezas más contundentes como “Thrax”, y nos mantiene en una montaña rusa de acelerones y frenadas. Al final, las capas confluyen en un golpe techno de varios minutos que ya podía haber continuado durante media hora más.

Kode 9 ocupaba el escenario para hacernos sacar fuera las ansias de sábado noche. Lo que comenzaba por atmósferas más propias del dubstep terminaba en una orgía de juke y footwork directa a la fractura de cuello. Feroces líneas de bajo provocando espasmos. El capo de Hyperdub nos dio justo lo que queríamos. Bailoteo dirty, ritmos ghetto, coordenadas trap, líneas grime, UK garage. Momentos de regocijo dance-vacilón cuando en medio del rapapolvo bass entra una letra que entona “What you’re waiting for? Put your back in it”, del tema “Work” de Masters at Work. O como cuando suenan las rimas sucias de Lady Lykez en su canción “Eurgh”. Perreo guarrón de unos cuantos atrevidos mezclándose con algún que otro gesto trapero de codos hacia abajo y movimiento de negación con la cabeza. Convirtiendo la sala en una plaza de algún suburbio entregada al baile, Kode 9 preparaba el camino a Scratcha DVA, que en el instante en que recogía el testigo del productor escocés, Nitsa ya era ghetto.

El set de Scratcha DVA tuvo momentos de pura esencia Teklife que recordaban a aquella sesión de la crew de Chicago en la Boiler (en aquella donde la gente bailaba). En la tapa del Mac, una pegatina de Hyperdub y otra del tema de Rashad “I Don’t Give a Fuck”. Precisamente, el productor inglés tiró de algunos temas del susodicho como “Brighter Dayz” (que firma con Spinn). En su sesión, Leon Smart apostó por temas rap como “Shabba” de ASAP Ferg o “Ain’t Worry About Nothing” de French Montana y consiguió que el set llegara a un clímax muy propio de despedida de festival, pero cerca de los minutos finales se notaba ya que la chapa de cierre estaba a punto de caer y ese globo de footwork bestial que habíamos sudado tan bien había perdido fuelle, como diciéndonos adiós lentamente. Y en este momento de casi-despedida Scratcha se lanzaba a poner un “Strings of Life” que pudo haber sido bastante sublime, pero el personal ya recogía pertenencias mientras hablaba de afters y otras jugadas de pajareo. Mutek V llegaba a su fin.

Han sido cuatro días de atiborre visual y electrónico grandiosos. Es domingo por la noche y en mi cabeza no dejan de sonar ni los ritmos de Deadbeat ni el piano de Nils Frahm en “Said and Done”. Igual nos echaron algo en las melodías…

Puedes consultar más fotos del festival en nuestra sección de Shots.

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