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Este directivo no tiene "ni puta idea" de cómo ha llegado hasta aquí

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Raúl Mistral, ejecutivo de ventas de la multinacional Reus & Götze, pasa una crisis existencial de carácter socioeconómico

Ignacio Pato

13 Febrero 2015 10:24

“¿Por qué yo y no otro?”.

Esta pregunta se ha hecho fuerte en la cabeza de Raúl Mistral durante los últimos meses. “Toda esta duda empezó un poco cuando firmamos el acuerdo con los coreanos, que por mi parte fue eso: mi firma y ya”. Raúl es ejecutivo de ventas de la sede española de una multinacional alemana de material de ascensores.

“¿Por qué yo? Quiero decir, ¿por qué soy yo el jefe?”, se pregunta Mistral, de 32 años. “No entiendo por qué me ha entrado esta neura, ahora que todo nos va bien. Nos va muy bien, de hecho. Cada vez mejor. Estamos creciendo muchísimo. He doblado mi sueldo desde que comencé en el cargo, hace ahora tres años. Un sueldo francamente bueno”.

Tras acabar la carrera de Económicas, Mistral consiguió entrar a hacer prácticas como auxiliar de contable en Reus & Götze, su actual empresa. Las gestiones de su padre surtieron efecto. “Yo hice Económicas. Aprobé todo bien, pero tampoco te creas que me gustaba mucho”. El padre de Raúl también estudió la misma carrera, y fue parte de aquella generación de los 70 que hizo de puente entre las clases altas universitarias y las medias que comenzaron a prosperar.

Las condiciones materiales que le rodean están haciendo estragos en la conciencia del joven directivo. “Mi mujer y yo hemos podido tener el número de hijos que hemos querido. Podemos ir de vacaciones al sitio que elegimos, me he comprado el coche que yo quería, sin fijarme demasiado límite. Tampoco es un Ferrari, ojo. Pero sí el que quería. Y no es barato. Y todo esto mientras hay gente a la que les están quitando su casa. El otro día leí que había gente que cobraba menos de 1.000 euros al mes ”.

Póster en el despacho de Raúl Mistral. El joven directivo asegura llevar meses tratando de descifrar su significado concreto

Raúl Mistral profundiza en sus tormentos interiores. “La cosa es que no hago gran cosa. Es decir, no soy yo el que hace los ascensores. Es verdad que nadie los hace en la oficina. En realidad, ahora que lo pienso, no sé ni dónde los hacen. Mierda, espero que no sean algunas de esas niñas de la India que cosen los balones del Mundial. Yo estoy casi todo el tiempo o con el móvil hablando con otros que están como yo o directamente mirando el correo”.

“La historia es esa, que cuando pienso en que se premia a la gente como yo, que nos hemos aprovechado en el mercado laboral de la posición de nuestros padres y hacemos cosas que no son vitales para la humanidad, es que algo va mal. Un ascensor sí es algo útil, sirve para algo. Yo siento que estoy en la cima de la pirámide, aunque sea la de Reus & Götze, de chiripa. Si es que podría ser cualquier otra persona la que estuviera aquí sentada. Soy yo: pues vale. Pero me raya bastante. No sé. Y qué ironía eso de estar ahí arriba cuando los que fabrican las cosas para subir, como los ascensores, no pueden subir ahí arriba, ¿no?”, se interroga un ensimismado Mistral.

Raúl no está bien. Reconoce que ha pensado en recurrir al psicólogo, aunque de momento planea una solución propia. “Creo que voy a hacer algo útil. Voy a pedir el traslado al sitio donde hagamos los ascensores. Si es en Alemania pues vale, aunque se coma peor que aquí. Y si es en la India, pues oye, habrá que hacer el sacrificio. No sabes cómo estoy de rayado. Ya me he apuntado a clases de alemán y todo. Y de indio, también ¿eh?".


Tu jefe se ha rayado tanto que se cambiaría por ti. Imagínate cómo estará




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