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La ropa de Palomo Spain rompe con todo lo que has conocido sobre moda masculina

Creció vistiendo a Barbies. Ahora está poniendo patas arriba el mundo de la moda

Cuando era un crío y vivía en su Posadas natal, en la provincia de Córdoba, Alejandro Gomez Palomo tenía la mayor colección de Barbies del pueblo, para las cuales cosía réplicas de sus prendas favoritas de los diseñadores más icónicos de la historia.

Ahora, con solo 24 años, sus colecciones se exhiben en la semana de la moda de Nueva York. Dicen que reinventa en clave cañí el trabajo de Gucci o J. W. Anderson , y su trabajo es comparado con la mejor época de John Galliano.

Su marca, Palomo Spain, lleva menos de un año en marcha, pero ya ha conseguido poner patas arriba todos los dogmas de la moda masculina: volantes, corsés, botas altas y faldas. En sus diseños, el género y las convenciones sociales no censuran la creatividad: todo vale.

Sus prendas andróginas son un referente de estilo no solo para ellos: las mujeres también están dispuestas a autoapuñalarse en la cartera para conseguir colgar uno de sus modelitos en el armario.

El pasado jueves presentó en Nueva York su colección primavera ’17, llamada Objeto Sexual. En ella vemos como los volantes isabelinos se funden con botas como las que se paseaban por el Estudio 54 y falditas de colegiala.

En Objeto Sexual, Palomo nos cuenta, prenda a prenda, una historia inspirada en una casa de citas, en la que los dandis son seducidos por jóvenes lolitos.

Aunque la fama le ha llegado joven y le está llevando lejos, Alejandro no reniega de sus orígenes. Su taller está en su pueblo, donde confecciona sus diseños con dos modistas de toda la vida. María Luisa y Mari Luz que, en sus propias palabras, llevan “45 años cosiendo para la calle”, estaban emocionadas en el front row del desfile, junto a la familia del diseñador.

La historia de Palomo es curiosa desde el principio. “Mi pasión por este mundo empezó muy joven. Yo tenía la colección de Barbies más importante de Posadas y copiaba para ellas diseños de los modistos que amaba: Yves Saint Laurent antes de su retirada en 2002 (el desfile que marcó mi niñez), o el John Galliano de los trajes de gitana con sombrero calañés. Al final, no sólo vestía a mis muñecas de fantasía, sino a todo aquel que pasaba por casa. Por eso mis padres pensaron que, además de haberles salido un niño marica, tal vez podía llegar a ser un buen diseñador de moda”.

Sus padres, que siempre lo han apoyado, estaban también en su show neoyorquino de la semana pasada. Su padre, Norberto, explicaba orgulloso antes de que comenzara el desfile cómo todos han puesto de su parte para que Alejandro consiguiera cumplir este sueño: "Tiene talento, pero llegar aquí es muy complicado. Hemos apostado todo nuestro trabajo, nuestro capital humano y económico en él".

Cuando Palomo acabó la selectividad, empaquetó sus cosas y se marchó a Londres: “Pasé un año trabajando en un bar de Knightsbridge poniendo cervezas a pijas, y en ese tiempo aprendí sus gustos como compradoras de moda”, contó.

De allí saltó al departamento de costura vintage de los almacenes Liberty, donde comprendió que “la ropa maravillosa es, ante todo, ropa, diversión por encima de géneros”. Finalmente se matriculó en diseño de moda masculina en el London College of Fashion.

La primera colección de Palomo se llamó Orlando y estaba inspirada en el personaje de Virginia Woolf, un hombre inglés que cambia de sexo y vive 300 años. “Es el trance de un personaje que un día vive en la época isabelina, al siguiente se convierte en una especie de Cher vestida por Bob Mackie y al otro, está jugando al pastoreo con María Antonieta”. Pese a que Palomo era entonces un total desconocido, sus creaciones generaron más revuelo que las de ningún diseñador consagrado.

Tanto fue así que se ganó la invitación a presentar sus diseños en la Semana de la Moda de Moscú. “Pensé que iban a quemarme en la Plaza Roja junto a los 30 jóvenes rusos que desfilaron”, comentó.

Fotografía de divulgación en la que se registró a Alejandro Gómez Palomo, dueño y diseñador de la marca Palomo Spain, joven que ya ha mostrado su talento en algunas de las principales pasarelas del mundo de la moda. EFE

A pesar de su éxito, Alejandro prefiere mantener los pies en el suelo y prescindir de etiquetas que definan su trabajo. “Se trata, simplemente, de un giro en el gusto de muchos jóvenes. Chicos que no quieren renunciar a llevar volantes, tejidos irisados o muaré, sobre todo después de descubrir que les hacen felices. Que desata en ellos la misma fantasía que yo desde niño he sentido y que he llevado a mis colecciones”.

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