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Cuando la desilusión lo permea todo: la vida en la Europa de la desigualdad

La desilusión que no se parchea con elocuencia electoral

*Aulnay-sous-Bois durante los disturbios de 2005/ Getty Images.

Incluso si le preguntas por las mejores cosas que le han pasado últimamente, hay en el relato de Marielle una cierta tristeza que lo cala todo, como el frío continental. Aunque la palabra precisa tampoco sería tristeza, sino desilusión. La desilusión de quien ha confiado en el valor social de su trabajo y ve cómo decisiones políticas la alejan de sus objetivos, abandonados a la deriva. La suya es la desilusión que no se parchea con elocuencia electoral. Es la desilusión martilleada del día a día.

Marielle trabaja en una école de la deuxième chance, una institución educativa para jóvenes sin diplomas ni cualificaciones profesionales. Su colegio está en La Corneuve, uno de los distritos con un ratio de pobreza más alto en todo el país, pero nosotros nos encontramos cerca de allí, en Aulnay-sous-Bois, el mismo sitio donde meses atrás la policía violaba al joven Théo, otro rincón de la periferia parisina que no se parece en nada a las imágenes de la periferia parisina construidas en el imaginario mediático. Aulnay es un barrio popular y corriente en donde convive gente que viene de sitios distintos.

Nada espectacular y nada de lo que sentirse preocupado.

—La gran frustración —dice Marielle— siempre es el tiempo, tenemos cada vez menos tiempo y menos herramientas; las clases de francés también están desapareciendo… Nos dicen que las principales razones de esto son económicas y el problema es que Saint Denis es una región en la que todos los servicios están mal. Pero cuando señalas esa realidad, pareces anticuada.

Guiño al mensaje macronista. Marielle se refiere a la tendencia creciente de aludir a la educación con un lenguaje en donde el peso principal recae sobre la productividad, lo mensurable, lo tangible.

La profesora da clases de informática a estudiantes de entre 18 y 25 años. En parte, su objetivo es allanar su camino para encontrar una salida en el mercado laboral, para lo cual llevan a cabo seguimientos personalizados:

—Intentamos construir marcos para que cada uno de ellos conozca su potencial; es importante que sigan las normas. Al mismo tiempo construimos relaciones de confianza: son chicos que no creen en sí mismos. No tienen un rol.

La escuela de Marielle se financia a través de una mezcla de fondos públicos europeos y fundaciones de grandes empresas, lo que en parte sitúa al colegio en una situación de vulnerabilidad singular al deber sus recursos a instituciones que luego le dan la espalda: ¿cómo se supone que has de sentirte cuando tu trabajo se desenvuelve en una zona castigada por la Europa de la desigualdad, que es la misma que financia tu proyecto?, ¿ y qué se supone que debes pensar de las grandes empresas cuando son las mismas que financian la escuela pero a la vez escupen a los estudiantes? Preguntada por las grandes situaciones de injusticia y desigualdad política que ha presenciado, Marielle no apunta a las historias personales de sus alumnos, sino a las de sus posibles contratantes:

—Con las pequeñas empresas no hay problema. Pero las grandes compañías ponen todo tipo de excusas para no contratar a nuestros estudiantes.

Para Mariella, la mejor parte de vivir en Aulnay-sous-Bois es una cierta militancia de barrio que comparten los vecinos:

—Una vez que has vivido aquí —dice—, puedes ir a cualquier parte.

Pregunta: ¿se deja ver, como algunos afirman, el Frente Nacional en zonas como Aulnay o La Courneuve?

—Yo —dice Marielle— no veo una gran presencia del partido, más allá de la gente que te da propaganda en el mercado. Lo que sí veo es a gente de una edad hablando mucho más libremente de los temas del Frente Nacional.

Cuenta Marielle que lo mejor que últimamente le ha pasado en su trabajo fue una visita al Campo de Les Milles, un memorial que persigue dar cuenta de la historia más abominable de Europa.

—Los estudiantes pudieron aprender más sobre la historia de los genocidios, no solo el judío, también el armenio… Después de aquel viaje, la gente se quedó con la lección. Algo se les movió dentro. Dijeron: ‘ahora tenemos que votar bien’.

(Giro de guión: la visita era financiada por una de las mayores empresas de Francia…).

*Con la colaboración de Thomas Deslogis

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