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86 razones delirantes por las que en el siglo XIX encerraban a mujeres en el manicomio

Pensar demasiado, leer libros, meterte la mano en las bragas... cualquier excusa era buena para ponerle el sello de loca a una mujer

oi oi

A principios del siglo XIX la existencia de manicomios privados era muy común. Nadie regulaba estos centros, por lo que era increíblemente fácil para las familias conseguir que diagnosticasen a un familiar como un tarado y que lo encerrasen en un psiquiátrico de por vida. Lo único que necesitabas era pagar a un doctor sin escrúpulos el suficiente dinero como para que certificase su locura y unos matones a sueldo se encargarían de secuestrar a su pariente y quitarlo de en medio para siempre.

Al tratarse de instituciones privadas, cada una tenía sus propia lista de motivos de admisión, pero esta del Trans-Allegheny Lunatic Asylum, en el estado de Virginia, es muy representativa del tipo de los absurdos motivos por los que una mujer podía acabar el resto de sus días encerrada.

Casi todos son bastante hardcore, pero hemos elegido algunos de los que más desconcertados nos han dejado.

Ser golpeada en la cabeza por un caballo

Ojo, que nadie hablaba de haberse quedado tarada como consecuencia del golpe, con haberse llevado la hostia ya era suficiente motivo.

Vida inmoral

Lo de la vida inmoral es muy relativo. Claro, en 2017 la sociedad considera inmoral la vida de Charlie Sheen y Lindsay Lohan, pero en el diecinueve enseñar el tobillo y guiñarle por error el ojo a un hombre al estornudar podría ser considerado de una fulana degenerada.

Leer novelas

¿Libros? Eso no es para las chicas. Demasiado complicado, y pueden ejercitar en exceso la imaginación e inducir sus frágiles mentes, incapaces de distinguir realidad y ficción, a la locura. Por suerte en 1892 salió a la venta el primer Vogue y las mujeres pudieron disfrutar de contenido adecuado a sus necesidades.

Excitación mental

Suponemos que les preocuparía que hacer un sobreesfuerzo mental combinado con la presión del corsé pudiera producirles una embolia. Y, lógicamente, quitarse el corsé no era una opción.

Mal whisky

Parece que para los victorianos incluso haberse bebido un cubata de garrafón era excusa para ponerle la camisa de fuerza a una mujer.

Abuso sexual excesivo

Por lo visto, para los victorianos, el "abuso sexual moderado" no suponía ningún tipo de problema. Si era excesivo, claro, el problema lo tenía ella.

Masturbación... pero también supresión de la masturbación

En la lista primero vemos que la masturbación era un motivo para ser ingresada en el psiquiátrico. Pero la supresión de la misma también. ¿Cuál era el punto de masturbación preciso para no ser considerada una loca? ¿Hacerlo una vez a la semana? ¿Una vez al mes? Seguramente, ni ellos lo sabían.

No está de más aclarar que según explica el libro Inconvenient People de Sara Wise, a pesar del estereotipo del marido que se quitaba de en medio a su mujer metiéndola en un manicomio, eran normalmente los hombres los que acababan injustamente encerrados durante la época victoriana. En aquellos tiempos, era muy extraño que una mujer tuviera dinero, y dinero era precisamente lo que perseguían la mayoría de personas que trataban de encerrar a un familiar en una institución psiquiátrica.

[Vía Katetyte]

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