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Curiosidades

¿Por qué el sexo de reconciliación mola TANTO?

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La biopsicología de la emoción nos ayuda a comprender las razones por las que disfrutamos de forma especial de los encuentros sexuales tras una riña

Cristina Ortiz

18 Marzo 2014 12:30

Seguro que te ha pasado en más de una ocasión: esos días en los que un gesto sacado de quicio, o un mal comentario hecho sin verdadera malicia, o un pequeño reproche lanzado a tu pareja acaban derivando en una gran trifulca que tú no veías venir y de la que no sabes cómo escapar. Al principio aguantas los golpes (verbales), los devuelves casi por inercia, pero en mitad de la pelea, cuando las recriminaciones y la tensión físico-emocional han alcanzado su cénit, el humor cambia de signo, se produce un receso, una suerte de valle eléctrico que desemboca en... un polvo colosal.

¿Existe mejor manera de poner fin a una pelea?

Lo que parecía la tormenta perfecta se transforma de repente en un inmenso imán para los cuerpos. En cuestión de pocos minutos, todas las desavenencias quedan olvidadas, sepultadas por un furor carnal distinto, más salvaje, o más íntimo, que ayuda a reestablecer la paz y los vínculos en la pareja. ¿Pero por qué es tan bueno el sexo cuando sirve para poner fin a una riña? ¿Por qué una escena con visos de convertirse en pugilato puede acabar transformada en un edén de placer sexual con tanta facilidad?

La respuesta está en la biopsicología de la emoción.

Las emociones son un fenómeno dinámico y altamente contagioso. Se propagan fácilmente de persona a persona. Sucede incluso en el entorno de las redes sociales, sin contacto físico. Y sucede, claro, en la pareja. Y de forma mucho más intensa. Pero en la situación que nos ocupa, ese contagio responde además a lo que se conoce como el paradigma de la transferencia de excitación.

Dolf Zillman ya formuló allá por los años 70 algo que todos sabemos de manera instintiva: una activación fisiológica elevada, anterior a la activación de una emoción, “amplifica” esa segunda emoción. O en las propias palabras de Zillman: “La excitación residual de una excitación previa se une a la excitación generada por la nueva excitación y atribuimos por defecto su causa a los acontecimientos del presente cuando realmente están en el pasado”.

Según la hipótesis cuantitativa de Schachter y Singer, si el segundo acontecimiento guarda una relación con una emoción concreta, la transferencia de excitación del primer acontecimiento al segundo fortalece la emoción en cuestión. O dicho de otro modo: la razón de que vuestros polvos post-riña sean tan tremendos está en la excitación causada por el enfado previo. ¿Obvio? Así que igual merece la pena que os peleis más a menudo... o no.

De hecho, el paradigma de la transferencia de excitación sirve también para explicar los mecanismos de la violencia y la agresión en ciertos contextos. Y es que ese proceso de transferencia consta de dos dimensiones, la activación o arousal, y la valoración o appraisal, y es este segundo componente el que determina el tono de los hechos que influyen en la emoción final. O sea, en una situación de 'make-up sex', que es como se conoce al sexo post-pelea en el mundo anglosajón, es el appraisal, la interpretación que se hace de los hechos emocionantes, la que cambia, transformando la cólera, el enfado, el odio o las ganas de venganza en pulsión sexual.

El paradigma de la transferencia de excitación queda bien expresado en el experimento del puente conducido por Donal Dutton y Arthur Aron en 1974. En el ensayo, una serie de hombres tenían que atravesar dos puentes distintos: uno de ellos colgante, inestable, que despertaría el miedo en casi cualquier mortal; el otro, un puente normal, que no debería despertar ningún tipo de temor en los participantes. En mitad del puente se les acercaba una mujer atractiva pidiéndoles rellenar un cuestionario. El experimento encontró que la excitación sexual derivada de la escena era mayor en los casos en los que el encuentro se producía en mitad del puente colgante. La excitación causada por el miedo derivado de ese escenario, percibido como peligroso, se transfería a la nueva emoción, reforzándola.

Igual la próxima vez deberías forzar una pelea con tu pareja en mitad de un puente colgante. Rocambolesco, sí, pero el sexo posterior podría ser glorioso.

¿Por qué el sexo de reconciliación mola TANTO?

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