Curiosidades

¿Es la música con olores el futuro de las discotecas?

Una nueva tecnología bautizada como The Scenthesizer permite que el DJ mezcle aromas en directo además de música

Desde la entrada en vigor de la ley que prohíbe fumar en locales de ocio, los clubbers han descubierto que las discotecas son lugares que huelen a sudor y humedad, a batallas titánicas entre perfumes que se rechazan y evocaciones de cenas mal llevadas que se pierden en el aire. Probablemente nuestros pulmones estén más sanos, pero no son pocos los que creen que, ante tal catálogo de dislates, casi que era mejor oler el humo de segunda mano. Quizá pensando en reparar las inconveniencias de este nuevo paradigma olfativo, Heineken Green Room y la agencia creativa Iris han impulsado The Scenthesizer, un proyecto que permitiría que el DJ controle los olores que invaden la pista para que sean lo más acordes posible a su selección musical.

The Scenthesizer es aún un prototipo, pero el objetivo del proyecto es que el DJ pueda mezclar olores en tiempo real y transmitirlos a la pista para que complementen la atmósfera y las sensaciones que genera la música. Según uno de sus desarrolladores, los aromas y la música guardan ciertos parecidos, ya que ambos tienen “notas graves, medias y agudas”. Pero, ¿realmente es necesario añadir una nueva dimensión sensorial a la experiencia musical que ofrece un club? En realidad, los estados de más alta comunión entre cuerpo y mente, entre música y emoción, se alcanzan desactivando sentidos. Si uno quiere trascender las fronteras del dancefloor y elevarse al elíseo polifónico lo mejor es bailar con los ojos cerrados. Tener que estar pendiente de procesar esencias además de ritmos y melodías suena a estorbo para el acto impulsivo y primario que debería ser danzar. Además, ¿que pasa si el DJ decide que tu canción favorita llegue de la mano de un olor que te repele?

Más allá de su conveniencia, el proyecto The Scenthesizer se enclava en el juego de conjeturas acerca de cómo serán los clubes del futuro. Hace unos años surgieron las “discotecas silenciosas”, ese invento en el que cada uno bailaba en la soledad de sus auriculares y que, afortunadamente, parece que ya no interesa a nadie. ¿Para qué convertir un lugar de comunión colectiva como las discotecas en otro baluarte del individualismo que gobierna nuestra sociedad? En Japón, eterna comadrona de las nuevas tecnologías, los clubes han incorporado la tecnología 3D a los clubes para ofrecer actuaciones de hologramas que venden ilusión pop o replicar fuegos artificiales que nunca han hecho tanto honor a su nombre. Ante tanto amago de distracción, sin embargo, otros seguiremos prefiriendo una sala oscura, un techo bajo y una música muy fuerte que golpee nuestra rigidez y nos obligue a movernos. ¿Al fin y al cabo, a eso es a lo habíamos venido, no?

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