Curiosidades

Por qué los mexicanos son los más vacilones de Sochi

Un esquiador de nombre aristocrático se va a presentar a los Juego de Invierno vestido de mariachi, hételo aquí

El esquí es un deporte serio. Hay quien cree que sólo consiste en deslizarse por la nieve y que es algo que se practica en Baqueira con Pocholo y Borja Mari después de alquilar un cottage y un forfait de la muerte, antes de una noche relajada con martinis y caviar, pero los esquiadores profesionales se juegan la vida. Bajan a toda hostia por rampas diabólicas, cualquier fallo de coordinación o concentración podría costarles la vida -miren el caso de Schumacher, que casi no lo cuenta-, y para esquiar hay que estar preparado en todos los sentidos: mentalmente, físicamente, y también en lo que se refiere a la vestimenta y el equipo técnico. Hay que llevar la ropa adecuada, los guantes perfectos, las gafas ideales, unas buenas botas, los esquís limpios.

Pero resulta que hay un esquiador mexicano de nombre aristocrático, Hubertus von Hohenlohe, que compite no para ganar una medalla, que eso es patrimonio de los austriacos, los suizos y los noruegos (además nuestro hombre tiene ya 55 años), sino el reconocimiento de los freaks del mundo al atleta "mejor vestido" de los inminentes Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi. Será su sexta participación en unos juegos y Hubertus ha decidido encargar un uniforme de competición inspirado en las ropas de los mariachis. Lo peor es que el tipo lo hace a propósito. No va en broma. “Como no tengo posibilidad de ganar nada, al menos que se fijen en mí”, habrá pensado. Añádanlo a la colección de payasos del siglo XXI.

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