Curiosidades

La lista que explica por qué nos gustan tanto las listas

¿No puedes dejar de leer listas? Tú cerebro tiene la culpa

Estamos saturados de contenido. La información nos sepulta con la violencia de un alud alpino, sin tiempo para reaccionar. Si Maurice Duverger emparentó las teorías de Darwin con la doctrina burguesa de la libre competencia, considerando que la lucha por la existencia era la lucha por satisfacer las necesidades humanas, el periodismo actual se ha convertido en la lucha por captar la mirada de un público al que la sobreabundancia digital ha convertido en un ente consentido y caprichoso.

Hay una jungla ahí fuera, y cada vez hay menos presas para tanto cazador. Datos, opiniones, imágenes, memes y listas, muchas listas. En este combate desesperado, las listas se han convertido en una de las herramientas más eficaces para atraer las miradas. Es un fenómeno que se extiende en todos los confines de la información online, tanto, que recientemente la webcomic XKCD ha bromeado acerca de cómo se titularían eventos históricos con el estilo actual. Los resultados son hilarantes: “SEIS SUPERVIVIENTES DEL TITANIC QUE MERECIERON MORIR”. “LAS REACCIONES MÁS EMBARAZOSAS AL CRASH FINANCIERO (GIFS)“. “ESQUIVA LA POLIO CON ESTE EXTRAÑO TRUCO”. Es humor pero suena tremendamente familiar.

Pero, ¿por qué nos gustan tanto las listas? El pasado año Tao Lin lo explicó en una suerte de meta-lista para Thought Catalog y, recientemente, Maria Konnikova, autora de “Mastermind: How to Think Like Sherlock Holmes” , ha diseccionado para New Yorker los procesos cerebrales que hacen que las listas nos resulten tan atractivas. Las conclusiones, cómo no, se digieren mejor en forma de lista.

1. Los titulares creativos son más atractivos

Tal y como apunta Konnikova, un estudio de la Universidad de Atenas demostró que los lectores prefieren los titulares creativos a aquellos puramente informativos. Presentar la información en forma de lista permite esta ambivalencia entre información y creación. Lo único que debe exigirse al titular de una lista, en realidad, es que contextualice el tema tratado. Precisamente, el hecho de centrarse en conceptos muy concretos automáticamente capta nuestra atención entre el infinito flujo de inputs que nos avasalla.

2. Los números marcan la diferencia

De manera inconsciente, nuestro sistema visual se siente atraído por la diferencia. Y en un océano de letras los números son una discordancia. Cualquier titular que contenga una cifra, pues, fijará nuestra mirada. Es la misma ley que explica que experimentar con MAYÚSCULAS que sobresalgan en una frase hace que ralenticemos nuestro procesamiento de información y, por tanto, que nos fijemos más detenidamente en aquello que estamos leyendo.

3. La información es más fácil de procesar en forma de lista

La neurociencia ha demostrado que procesamos y organizamos la información de un modo espacial. Haz la prueba: si intentas recordar quién asistió a la última cena de amigos del colegio, te será mucho más fácil si visualizas como estabais sentados en la mesa. Si trasladamos esta idea a los textos, será mucho más fácil recordar la información si está divida en pequeñas porciones que no si está diseminada en un extenso párrafo. ¿Acaso no te funcionaban los esquemas para estudiar?

4. Las listas nos hacen sentir bien

El implacable torrente de información que nos rodea puede llegar a hacernos sentir mal. En este sentido, Konnikova se refiere a las investigaciones de los psicólogos Claude Messner y Michaela Wänke, quienes acuñaron la idea de la “paradoja de las opciones”, un fenómeno que provoca que nos sintamos incómodos ante el exceso de informaciones y alternativas. Por el contrario, cuanto más rápido tomamos una decisión más felices nos sentimos. Una lista reduce sustancialmente el tiempo que necesitamos para informarnos sobre algo, por lo que hace que obtengamos una satisfacción más inmediata. Claro que, alimentarse únicamente de chucherías que nos den un subidón de azúcar instantáneo, a largo plazo acaba desembocando en un problema nutricional.

5. Sabemos cuándo empiezan y cuándo acaban

Admitámoslo, el síndrome de déficit de atención que nos ha inoculado el monstruo digital nos hace tender hacia la economía de caracteres. Preferimos aquellas cosas que nos roben el menor tiempo posible. No se trata de vagancia sino de que a todos nos gusta ser capaces de completar las tareas. Concluir una tarea nos hace sentir productivos, es reconfortante y refuerza nuestra moral. Por lo tanto, es lógico que escojamos aquellas tareas que sabemos exactamente cuándo acaban.

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