Curiosidades

No More Woof! O cómo tu perro podrá pronto hablarte (en inglés)

Llega el primer dispositivo capaz de analizar los pensamientos perrunos y traducirlos al inglés

"¿Y si pudiéramos leer los pensamientos del perro de mamá?", se preguntaban Tomas Mazetti, director del proyecto No More Woof, y su hermano. Y lo que empezó como una simple prueba jocosa, comprando por internet un Epoc (un aparato lector de ondas cerebrales, diseñado para la interacción humano-máquina) para probar, se ha ido desarrollando hasta convertirse en una iniciativa real que da sus primeros pasos en la plataforma de crowdfunding Indiegogo. Llega No More Woof, el primer aparato de traducción de ladridos. Sabemos que suena delirante, pero está pasando.

El funcionamiento del aparato es en teoría sencillo. En su forma más básica está formado sólo por tres elementos que funcionan tal que así: el lector de ondas se coloca alrededor del craneo del perrete en cuestión; este lector está conectado con un miniordenador (un cacharrito llamado Rapsberry Pi que lleva ya un par de años haciendo las delicias de todos los geeks) que codifica las señales, las traduce al inglés y las manda a un pequeño altavoz que el chucho lleva alrededor del cuello. Y voilà, tu perro habla. De momento en inglés, aunque los impulsores del proyecto prometen futuras versiones del invento capaces de traducir los woofs de tu perro al mandarín, francés y español.

En el video de presentación, los muy sonrientes escandinavos detrás de la Nordic Society for Invention and Discovery (creadores de otros inventos claves de la humanidad como la mecedora/cargador de iPad) se afanan en dejar claro que el No More Woof es sólo un work in progress y que necesita apoyos para hacerse realidad. Pero que de momento han conseguido codificar una serie limitada de patrones en la actividad cerebral de sus mejores amigos perrunos y que están convencidos de que la cosa lo va a petar.

La expectación hacia el invento ha sido grande, y seguramente la industria de los animales domésticos ya empieza a frotarse las patejas imaginando el beneficio que podrá sacar de millares de dueños de mascotas que, en su burbuja de amor mascotil, quieran gastarse los cuartos en un aparato que les dé la posibilidad de tratar a su perro un poco más como a un humano.

Uno se pregunta si, con la cantidad de humanos que tenemos siempre alrededor, no sería más estimulante y más barato dedicarse a hablar con el vecino, que ya viene con cuerdas vocales y cerebro (generalmente humano) incorporado. Y también si estos chavales, seguro brillantes y de buenas intenciones, no podrían dedicar su tiempo y sus recursos a otro tipo de inventos que realmente mejorasen nuestra manera de comunicarnos. En todo caso, el mercado dirá.

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