Curiosidades

Giphoscope, gifs que viajan hacia atrás en el tiempo

El inacabable mundo del gif acoge un nuevo invento para convertir lo digital en algo físico y de estética "viejuna"

Seguramente a nosotros, polluelos de internet y el 3D, los orígenes del cine nos suenen tan lejanos como la caza del mamut. Fue aquella una época marcada por los constantes progresos en el campo de la imagen en movimiento, con un montón de artistas, charlatanes y hombres de ciencia dedicados a la tarea de dotar de vida a aquellas fotografías y dioramas con las que algunos pioneros como Niepce, Muybridge o Daguerre andaban peleándose. Fue una época de creatividad desaforada (hablamos del final del siglo XIX) y que dio lugar al nacimiento de numerosos descubrimientos supuestamente revolucionarios; ingenios con cierto halo mágico que venían a transformar nuestra manera de ver el mundo y que se quedaron por lo general a medias. Linternas mágicas, praxinoscopios, zootropos y otros aparatejos de nombre compuesto entretenían al pueblo entonces, hasta que llegó el cinematógrafo y, efectivamente, lo cambió todo.

Precisamente uno de estos cacharros decimonónicos, el mutoscopio, ha sido la inspiración de Marco Calabrese y Alessando Scali (ya conocidos en el mundo del GIF por su trabajo recogido en la web Okkult Motion Pictures), quienes buscaban dar con la manera de crear la adaptación analógica de un player digital. Así han acabado dando forma al Giphoscope, un dispositivo de bella factura que, desde su propio nombre hasta el mecanismo que utiliza, deja bien a las claras cual es la tradición en la que se inserta.

Como muchos creadores contemporáneos, la obsesión por el pasado y la idea de la recuperación de lo físico, frente a la avalancha digital cotidiana, les ha llevado a fijarse en las primeras tecnologías de la imagen para dar forma a un invento fabricado únicamente en madera y aluminio, sin motores ni componente electrónico alguno, que no sólo es analógico sino que se acciona mediante una palanca, al modo de una caja de música. Pura mecánica pre-eléctrica para un formato visual que es puro 2013.

La idea es que tú coges el GIF que más te guste y ellos descomponen en fotogramas sueltos la animación entera. Cada uno de estos fotogramas es impreso en una lámina separada, y todas ellas son finalmente unidas por un eje central que puedes hacer girar como si de un pollo asado se tratase. Al rotar el eje del "gifoscopio" a una velocidad determinada, la animación se vuelve a recomponer ante tí, generando un efecto análogo a gif digital.

El invento es más bien una curiosidad, un bonito capricho, y su valor está sobre todo en los acabados artesanales y en su carácter personalizado. Como un regalo tirando a caro (con precios que empiezan a partir de los 300 €), ideal para ese colega tuyo loco por el steampunk. Más allá de eso, uno empieza ya a preguntarse cuando se agotará el grifo del GIF. De momento, y mientras siga habiendo tecnologías pasadas que saquear, parece que no será pronto.

giphoscope

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