Curiosidades

Capitalismo y 'brandjacking' en Wuxi City, un rincón de China lleno de tiendas falsas (y vacías)

La ciudad de Wuxi es de mentira, todo un monumento a la falsificación y el culto a las marcas globales

Quién más, quién menos, todos hemos visto algún reloj "Roler" o unas zapatillas "Naik" fabricadas en China. Pero no sería justo decir que los chinos sólo saben copiar. Porque en realidad el empeño que el Gran Dragón pone en lo de reproducir literalmente LO QUE SEA va mucho más allá de la simple copia. Es una forma de vida que han llevado hasta límites increíbles desde que empezaron su travesía por los caminos del capitalismo a gran escala. Aunque seguramente ya les venía de fábrica. Al fin y al cabo fueron los inventores de las primeras imprentas.

Y no son precisamente finos haciéndolo, más bien al contrario. Precisamente a lo que no les gana nadie es en descaro. Y en el hecho de vivir la copia como algo natural, integrado en su día a día. Cierto es que Occidente es la cuna de los parques temáticos, que vendrían siendo algo así como los Think Tanks de la cultura del calco, y también de lugares de ocio adulto como Las Vegas, donde tampoco son mancos en eso de plagiar (uno puede encontrar en sus calles las Pirámides de Gizeh o una reproducción a escala del Lido de Venecia), pero la diferencia radica en que en China uno puede encontrarse de pronto en una ciudad que parece real pero no lo es. Puede encontrarse, sin comerlo ni beberlo, con su barrio transformado en un decorado comercial.

Esto es lo que sucede en Wuxi City, donde uno puede encontrarse un barrio entero lleno de tiendas "Zare", "H&N" o "BGSS" (que casi es como BOSS). De pronto es como si uno se hubiera ido de compras no a la calle de al lado, sino a un extraño y algo cutre universo paralelo lleno de tiendas falsas y vacías. La intención de la iniciativa, por lo que se ve, era la de atraer posibles inversores mostrándoles cómo podría lucir la zona en el caso de que decidieran instalarse allí, pero el tiro les ha salido por la culata a los promotores, y ahora la China online anda haciendo bromas a su costa. Y nosotros también.

Aunque uno se pregunta si deberíamos reírnos tanto, nosotros los listos de Occidente, que estamos dejando que poco a poco nuestras ciudades se conviertan en centros comerciales, y nuestros monumentos y espacios públicos en lugares de visita para turistas, puro escaparate. Al fin y al cabo, hay algo raramente honesto en la manera en la que los Chinos copian, en ese descaro indiferente. Como si nada les importase. Como si estuvieran convencidos de que hagan lo que hagan y piensen como piensen, al final se van a llevar el gato global al agua.

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