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Bombos y fiesta eterna: la Ruta del Bakalao 30 años después

Hace 25 años, el legendario modelo de sneakers ASICS Gel-Lyte III iniciaba su andadura. Ahora regresamos a aquel momento para recuperar otro de los grandes inventos de la época: la ruta del bakalao.

Hubo un tiempo en que Valencia fue sinónimo de fiesta sin fin. Un imán para parte de aquella España joven que aprendía a quitarse los complejos durante los primeros años 80. Miles de almas peregrinaban cada fin de semana desde todos los rincones del país para vivir intensas jornadas de ocio que duraban hasta 72 horas. Y la receta de ese desmadre siempre era la misma: carretera, música, baile y química.

Todo comenzó a finales de los 70. En plena transición, impregnados de las brisas del post-punk y el movimiento New Romantic que llega desde las islas británicas, la ciudad del Turia empieza a florecer lejos de los focos mediáticos de la prensa centralista.

Igual que Madrid tuvo su Movida, Valencia tuvo la suya. A orillas del Mediterráneo también llegaron los ropajes negros, los pelos cardados y los looks sofisticados. Llegaron los alientos oscuros del rock gótico y los nuevos sonidos sintéticos procedentes de Reino Unido y Europa Central. Valencia fue asimilando esos estímulos de acuerdo a su idiosincrasia, a su manera. Y ese caldo de cultivo, unido a vacíos legales en lo tocante a los horarios de cierre de los locales de ocio, fue creando un ecosistema único que no tardó en explotar.

Entre el hedonismo desaforado y la experimentación social

Entre boites de costumbres trasnochadas y locales consagrados al canon de las músicas negras, la apuesta novedosa y bastarda de discotecas como Barraca, Chocolate, Espiral, Puzzle o Spook Factory pronto llamó la atención de los valencianos más inquietos.

                                                                                  Discoteca Spook Factory

La música de guitarras comenzó a fusionarse con el EBM, el New Beat belga, el primer techno alemán y la música industrial. Empezaron a surgir proyectos musicales que desarrollaron un sonido propio a partir de aquellas influencias (Fran Lenaers y sus Megabeat, Interfront, y más tarde Chimo Bayo, Double Vision et al). Aquella apuesta arriesgada pronto atrajo a gente de otros rincones de España, y la voz se empezó a correr hasta llegar más allá de nuestras fronteras.

En su momento álgido, la ruta valenciana llegó a congregar a más de 50.000 jóvenes cada semana, una tribu de insomnes que celebraba la vida de viernes a domingo, sin pausa. Todos unidos alrededor de un cóctel único.

La prensa no tardó en poner sus ojos sobre lo que estaba pasando en aquellas discotecas de carretera y en sus parkings, pero su lectura fue siempre sensacionalista, morbosa y parcial.

                                                                                  Discoteca Chocolate

Pronto llegaron las crónicas negras y la demonización social. También llegó una generación nueva de djs y fiesteros. A mediados de los 90, la Ruta del Bakalao tenía los días contados: se acabó autofagocitando al ritmo que marcaban las crónicas de sucesos de aquellas noches sin fin.

Más allá del rollo 'remember'

Recorrer esa Ruta del Bakalao hoy, más de 30 años después, confirma que poco o nada queda de aquella época. La mayoría de los "templos" de aquella ruta han acabado cerrando y los entonces protagonistas son hoy padres de mediana edad que atienden a las demandas de ocio de sus hijos.

La sensación que queda, sin embargo, es que aquello tuvo un valor cultural superior al que los medios de la época nos hicieron ver.

Valor porque la Ruta fue un fenómeno interclasista. Porque contribuyó a la democratización del ocio nocturno. Porque fue un espacio de libertad para las mujeres. Porque aquellas discotecas fueron reductos de investigación sonora y experimentación social para decenas de miles de jóvenes que eligieron la noche valenciana para vivir su particular liberación creativa y emocional.

Como afirma el periodista Joan M. Oleaque en su libro En èxtasi, "en este país, bailar nunca había sido cosa de hombres. Su lugar era generalmente la barra, viendo bailar a las mujeres. Pero en Valencia todo aquello cambió".

Allí tenemos, queramos o no verlo, un fenómeno pionero en la cultura de clubs de este país.

El imaginario colectivo tiende a pintar la Ruta del Bakalao como una lacra, cuando en realidad tuvo mucho de experiencia vanguardista y espacio de libertad. El desprestigio social sigue estando ahí, pero también se suceden los esfuerzos encaminados a la reparación de un movimiento que tuvo momentos de una validez incuestionable.

                                                                   Chimo Bayo durante una actuación

"Después del estigma, la ruta del bakalao ya es cultura viva de este país", afirmaba Chimo Bayo, aún en activo, al hilo de la exposición que el MUVIM dedicó al fenómeno. Es un buen comienzo para "reparar un mito roto", decía entonces Vicente Pizcueta, director de las discotecas Chocolate, Barraca y Arena en sus días álgidos.

Igual va siendo hora de que nos atrevamos a hablar de aquello, sobre todo en su primera época, como lo que fue: nuestro Manchester particular, nuestro verano del amor.

Ya lo dijo el legendario Tony Wilson (Factory Records, The Hacienda): "Sólo en ciudades tan peculiares como Manchester o Valencia podían ocurrir este tipo de cosas".

Porque los años noventa trajeron grandes cosas, ASICS Tiger te presenta este contenido. Asómate al relanzamiento de las ASICS Gel-Lyte III, un mito de las sneakers que en 2015 cumplen 25 años.

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