Alfaguara

Todo lo que aprendí de la vida leyendo a Lucia Berlin

Detrás de los relatos de una mujer alcohólica, divorciada de 3 maridos y con una madre que la odiaba, hay consejos que van más allá de conseguir una escritura mejor. Conócelos de la mano de Alfaguara

Drama. Responsabilidades. Más drama. Más responsabilidades.

Qué decir de una escritora alcohólica, divorciada de 3 maridos y con 4 hijos a los que criar. La vida de Lucia Berlin no fue un éxito, que digamos. Al menos, no en vida.

Tuvo que pasar más de una década de su muerte –falleció en 2004– para que su escritura (por fin) fuera reconocida a nivel mundial.

Su ‘Manual para mujeres de la limpieza’, en el que se recogen 43 de sus relatos, no ha sido sólo uno de los libros más vendidos según la lista del ‘New York Times’ en 2016 y situado en el ranking de mejores libros en PlayGround, sino que ha emergido como un fenómeno editorial por todo el mundo. TO-DO.

Sus hazañas, contadas de una forma cruda y sin adornos, nos acercan como lectores a la que fue una vida repleta de desgracias y humillaciones que al final aceptamos con normalidad.

Además de un fabuloso aprendizaje sobre escritura (Luna Miguel), aquí, un resumen de todo lo que aprendí leyendo a Lucia Berlin:

1. Hay cosas que, simplemente, son mentira (por buenas intenciones que haya de por medio).

«Cualquiera que te diga que sabe cómo te sientes es un iluso.»

2. El vínculo que se siente por la familia, por muy mal que te trate.

«Mi madre se enfadó conmigo porque mi padre me escribía a mí más que a ella. Es porque yo le escribo más. No, eres su niña mimada. Un día volví a casa tarde, […] la encontré esperándome en lo alto de las escaleras […] y quemó la carta antes de que pudiera impedírselo.»

"Mi madre se enfadó conmigo porque mi padre me escribía a mí más que a ella"

A pesar de que la madre de Lucia Berlin odiaba ver cómo crecía y conseguía cosas, la escritora siempre defendió que era una mujer fascinante.

3. Resignarse. En muchas ocasiones.

«Aceptad todo lo que la señora os dé, y decid gracias. Luego lo podéis dejar en el autobús, en el hueco del asiento.»

4. En el trabajo, los amigos lejos.

«Como norma general, no trabajéis para las amigas. Tarde o temprano se molestan contigo porque sabes demasiado de su vida. O dejan de caerte bien, por lo mismo.»

5. Esperar es cosa de pobres.

«La gente pobre está acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavanderías, cabinas telefónicas, salas de urgencias, cárceles, etcétera.» 

6. No confiar en quien te da consejos.

«Nunca trabajéis para psiquiatras. […] Os volveréis locas. Yo también podría explicarles a ellos un par de cosas… ¿Zapatos con alzas?»

7. Que lo importante no es trabajar, sino que lo parezca.

«Que sepan que trabajáis a conciencia. El primer día dejad todos los muebles mal colocados, que sobresalgan un palmo y queden un poco torcidos. Cuando limpiéis el polvo, poned los gatos siameses mirando hacia otro lado, la jarrita de la leche a la izquierda del azucarero. Cambiad el orden de los cepillos de dientes.» 

8. Evitar una muerte así.

«Las muertes malas de verdad son cuando llegan hijos […] después de viajar desde lugares inaccesibles y ni siquiera parece […] que sientan el menor aprecio por el difunto. No hay nada que decir. Se ponen a hablar de los preparativos, de que habrá que hacer los preparativos, de quién hará los preparativos.»

9. Que los hijos son el sacrificio que más se echa de menos.

«Mis hijos ya son mayores, así que en lugar de cinco lavadoras ahora solo uso una, pero tarda lo mismo.»

"Mis hijos ya son mayores, así que en lugar de cinco lavadoras ahora solo uso una, pero tarda lo mismo"

10. Que la noche es la peor enemiga de la depresión.

«En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados.»

11. Saber que siempre puedes acabar peor de lo que estás.

«La mitad de las veces ni siquiera estábamos enfadados [en el centro de desintoxicación], solo soltábamos un poco de mala baba y nos agarrábamos a cualquier excusa para seguir la dinámica del grupo, para quedarnos en La Vida y no ir a la cárcel.»

12. El gran vacío que dejan las personas detestables después de su muerte.  

«Una cosa sé de la muerte. Cuanto «mejor» es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte.»

"Una cosa sé de la muerte. Cuanto «mejor» es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte"

13. Que la realidad de uno mismo se refleja en su escritura.

«Si alguien me dice que tengo un trozo de espinaca entre los dientes, siento tanta vergüenza que quiero suicidarme. Pero si alguien critica mi forma de escribir, no me afecta, porque la escritura es mía. Así que estoy bien.»

Aprende tus propias lecciones del libro de Lucia Berlin, ‘Manual para mujeres de la limpieza’ aquí.

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