PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Advertorial

En mi primera cita de Happn, me dejaron por otro usuario

H

 

Consejo: decir que estás haciendo un experimento periodístico no es la mejor forma de empezar una relación

Jordi Berrocal

25 Septiembre 2014 05:50

“Es una app para ligar con gente que te cruzas por la calle”. Desde PlayGround me contactan para transmitirme un encargo: quieren que pruebe Happn y cuente la experiencia. Resulta que en la redacción todos tienen pareja y necesitan ayuda externa para solucionar esto.

Lo primero que pienso es que no suelo cruzarme con mucha gente. Trabajo desde casa y mis desplazamientos suelen limitarse al triángulo supermercado-badulaque-estanco. Además, mis experiencias en otras apps siempre han acabado mal. Pero acepto. ¿Quién no se ha enamorado por la calle alguna vez?

Me descargo la app y me registro. Inmediatamente recibo un mensaje de una tal Margot. No puede ser, ¿he ligado ya?

No tan pronto.

Se trata de un mensaje automatizado que me avisa de que la app acaba de llegar a Barcelona y que “puede que no encuentre a mucha gente”. Me espero un desierto. Pero no.

Al cabo de unos minutos, mi pantalla se llena de fotografías. Vivir en el centro ayuda, supongo. Empiezo pues a repartir “likes” (aquí en forma de corazones). No soy muy exigente. Al fin y al cabo, es solo un experimento.

A la mañana siguiente tengo mi primer crush. Se llama Ariana, tiene 27 años, ha estudiado publicidad y trabaja en una óptica a pocas manzanas de casa. Nos hemos cruzado cuatro veces en un día.

Le escribo y quedamos esa misma tarde para tomar una cerveza. Es un buen comienzo. Hacemos bromas sobre la app y sobre cómo nos hace sentir un poco “stalkers”. No falla. La mejor forma de romper el hielo en las citas vía app es contar anécdotas sobre la propia app. Miento sobre mi última cita a través de apps para ligar. Miento sobre el tiempo que llevo en Happn. Al fin y al cabo, es solo un experimento.

“¿Cena el viernes? ;)”. Es lo primero que veo al abrir la app al día siguiente. “Claro ;)”, digo.  Quedamos en Gràcia. De camino, en el metro, abro la app para matar el tiempo. Entonces advierto que una de las chicas que veo en la pantalla está en mi mismo vagón. Es una sensación rara. Pero empiezo a entender la clave de Happn. Más que un catálogo ilimitado, es un rompe-hielos virtual. Tus posibilidades de éxito no dependen de la persistencia en la búsqueda sino de la casualidad. Un poco como en la vida.

Pedimos vino tinto para cenar. Bebo la primera copa demasiado rápido. Quizá sea la humedad. Quizá los nervios. Le pregunto sobre su trabajo. Lo que dice me aburre pero su manera de expresarse me divierte. Estoy cómodo. Empiezo a olvidarme por qué estoy ahí. A la tercera copa aún no he acabado el primer plato.

Embellezco mi curriculum. Le hablo de cómo Internet ha transformado el periodismo. Bingo. En la publicidad ha sucedido algo parecido. Tenemos tema de conversación. Su manera de abrir los ojos cuando digo algo que le interesa me hacer pensar que esto podría salir bien. Y eso me hace sentir mal. Joder, solo tenía que ser un experimento.

Salimos del restaurante. “¿Gin tónic?, digo. El vino me ha hecho tomar la iniciativa. Ella asiente. Llegamos al bar. Hay mucha gente en la barra y mucha fruta en mi copa. “¿Cuánta gente de este bar crees que usa Happn?”, pregunta ella entre risas.

Mierda: estaba intentando olvidar el motivo por el que estaba ahí, y de pronto estoy convencido de que podría enamorarme de esa chica.

Entonces se me ocurre decirle la verdad y confieso que estoy ahí porque me han encargado un artículo sobre la app. Le pregunto si no le parece estupendo que a partir de un encargo de trabajo nos hayamos conocido. Aunque lo planteo como broma, ella no lo entiende como tal. Error.

Estamos fuera del bar fumando. Su expresión ha cambiado; verdaderamente le ha ofendido, aunque ella finge que no. "Podrías habérmelo avisado desde el principio", dice. Le explico que entonces la experiencia hubiese perdido el sentido, y también le digo que puedo no publicar el artículo. Pero para entonces todo se ha vuelto incómodo: ella saca su móvil y ya no lo vuelve a soltar. Vuelvo a bromear; esta vez le digo si me está buscando sustituto en Happn. Mirada asesina.

Me dice que va a a ver a unas amigas que están en un bar de al lado. Me pregunta si quiero ir aunque es obvio que se trata de una simple formalidad, así que decido buscar a unos amigos en otro bar.

Llamo a unos colegas. Están en un bar a dos calles. Les cuento lo que me acaba de pasar. Risas generales. A mí me gustaba Ariana. Las casualidades me habían brindado una oportunidad y yo la había despreciado. Ellos me piden más detalles y entonces nos ponemos a hablar sobre cómo funciona la app. Dos de ellos ya lo saben. Hace semanas que la usan. Uno saca el móvil para enseñarles a los demás sus conquistas. “Mira, tengo un crush nuevo”, dice, enseñándonos la pantalla. Me da un vuelco el corazón. Es Ariana.

share