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Sí condicional al tsunami Macron

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Los resultados de la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas suponen un claro voto de confianza para La República En Marcha, que se asegura una amplia mayoría en la Asamblea Nacional. Ahora deberán hablar las políticas

Luis M. Rodríguez

12 Junio 2017 02:48

Christophe Petit-Tesson AP

Era la primera reválida de Emmanuel Macron. Y la ha pasado con nota. Los resultados de la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas suponen un claro voto de confianza para el líder de La República En Marcha (LREM). También una profunda renovación del escenario político en Francia.

Ola o tsunami”, titulaba el diario Libération su edición del pasado fin de semana. Al final, tsunami. Pero con salvedades y anotaciones al margen.

El movimiento que encabeza Macron necesitaba un mínimo de 289 diputados para hacerse con la mayoría parlamentaria. Los sondeos pronosticaban que LREM obtendría entre 370 y 400 diputados. Al final, en esta primera vuelta se queda con el 32,7% de los votos. Eso le aseguraría entre 390 y 430 escaños en la Asamblea Nacional.

Los Republicanos se perfilan como la principal fuerza opositora con el 21,5% de los votos. El grupo más numeroso hasta ahora en la Asamblea, el constituido por los socialistas y sus aliados ecologistas, se desmorona. Los socialistas se quedan en un 10,2%. Francia Insumisa logra el 11% de los votos.

El partido de Marine Le Pen llegaba a las elecciones legislativas desunido, sin una hoja de ruta clara, sin un mensaje unificado y con pocas expectativas. Con 15 escaños se dan por satisfechos, dicen, el mínimo para poder formar un grupo parlamentario. De momento en esta primera vuelta se han llevado un 14% de los votos.


La República En Marcha logra el 32,7% de los votos en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas. Eso le asegura entre 390 y 430 escaños en la Asamblea Nacional


La victoria del partido de Macron confirma la erosión de los partidos tradicionales franceses. Pero la renovación del escenario político va más allá de las siglas: la Asamblea se prepara para un evidente recambio generacional.

La República en Marcha ha presentado un total de 530 candidatos en esta primera vuelta, la mayoría gente de la sociedad civil. Cerca de la mitad son mujeres y la edad promedio es de 48,5 años. La mitad no ha ostentado ningún cargo electo en su vida.

Propulsado por un inicio de presidencia casi impecable —especialmente aplaudidas han sido sus intevenciones en la arena internacional— y por el desmoronamiento de la derecha y la izquierda —un desmoronamiento al que él mismo ha contribuido con su estrategia del 'divide y conquista'—, Macron se encamina hacia una victoria en la Asamblea que dejaría Francia en manos de un solo partido.

El fantasma de la 'cohabitación' desaparece de escena. La hegemonía es tal que algunos hablan de “movimiento presidencialista”. Y es un dominio necesario para que Macron pueda implementar sus ambiciosas reformas.


Macron se encamina hacia una victoria en la Asamblea que dejaría Francia en manos de un solo partido. El fantasma de la 'cohabitación' desaparece de escena. La hegemonía es tal que algunos hablan de 'movimiento presidencialista'


Los números cantan. Una amplia mayoría quiere darle su confianza al partido del joven Macron, quieren dejarle hacer. Pero también hay un mensaje callado en la baja participación que se ha registrado en la jornada.

A las 17:00 horas, la participación se quedaba en el 40,75%, muy por debajo del 48,31% de hace cinco años. La abstención al final del día se sitúa en torno al 50%, el récord para la primera vuelta de unos comicios legislativos en Francia desde la instauración de la Quinta República en 1958.

Sería sensato interpretar esos números como un sí condicional, un síntoma de desapasionamiento, una cierta reserva cautelosa. La expresión en las urnas de aquel «Nada cambia. Seguimos» que nos decían en las calles de París en víspera de las presidenciales cuando preguntábamos por el líder de En Marché!

La batalla ya no es Macron contra Le Pen. Ya no está el fantasma de la ultraderecha para encender los ánimos y movilizar las pasiones. Ya no es con Europa o sin Europa. Ahora es La República En Marcha contra las circunstancias políticas del día a día, y contra su propia circunstancia. El poder de seducción, la retórica fulgurante y su arriesgada falta de riesgo en los discursos han llevado a Macron hasta aquí. Ha demostrado que sabe tocar las teclas de la sociedad. Ahora toca decidir qué canción va a interpretar con su grupo. Es hora de ponerse a trabajar.


La abstención al final del día se sitúa en torno al 50%, el récord para la primera vuelta de unos comicios legislativos en Francia desde la instauración de la Quinta República


Macron ha prometido ponerse manos a la obra tan pronto como se instale en el sillón presidencial. Y ya ha anunciado sus prioridades, que giran en torno a dos ejes: "moralizar" la vida pública y emprender reformas laborales difíciles.

La primera de esas iniciativas, con la que busca marcar el tono ético de su presidencia, contempla una serie de medidas para devolver la confianza de los franceses en los políticos. Cosas como limitar el número de veces que un cargo público puede ser elegido para un mismo puesto o prohibir que ministros o parlamentarios puedan contratar a familiares o personas cercanas.

Más peliaguda se presenta su reforma de la controvertida ley de trabajo aprobada por el Gobierno de Hollande. Macron quiere más flexibilidad para fomentar el empleo y la producitividad, y está dispuesto a cargarse los convenios colectivos para que las empresas puedan negociar sin límites la jornada laboral y hasta los salarios.

Las preguntas que flotan en el aire son las mismas hoy que hace un mes. ¿Será capaz de sacar adelante su reforma laboral sin que los sindicatos se le echen encima? ¿Conseguirá lidiar con los nuevos amos de la economía digital o su liberalisme numérique llevará a la precarización de cada vez más sectores? ¿Encontrará argumentos para justificar la prolongación del estado de emergencia en Francia por la amenaza terrorista sin causar inquietud entre las organizaciones de derechos civiles? ¿Se enfrentará al resto de líderes en Europa cuando las políticas propuestas vayan en contra del interés de los ciudadanos?


"Si realmente esto es lo que quieren hacer, no se aceptará", avisaba Jean-Claude Mailly, secretario general del sindicato Fuerza Obrera, tras la lectura de un documento de trabajo sobre la reforma laboral filtrado recientemente


El presidente más joven desde Napoléon aún lo tiene todo por demostrar. A partir del próximo domingo, cuando quede definido el reparto de asientos en la Asamblea Nacional, la responsabilidad será, si cabe, mayor.

Con una amplia mayoría, no va a poder decir que la oposición le pone zancadillas. Si se cae, será por su impericia o la de su propio partido. O porque el pueblo ha decidido empujarles de su silla, retirarles la confianza, por no ver en sus políticas la solución a las turbulencias de Francia.

La paralisis parlamentaria ya no es una posibilidad. El peligro ahora es otro: un Parlamento sin apenas oposición.

Lo señalaba hace pocos días el politólogo Dominique Reynié en un encuentro con periodistas: el escenario que se avecina llevará a una radicalización de posturas entre los partidos pequeños, y la oposición se desparlamentariza. La calle será la principal fuerza opositora a Macron.


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