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Las webcams son el futuro del sexo y LittleRedBunny es la reina del negocio

Descubre a la ‘webcammer’ número 1 de la red, galardonada con el premio AVN y capaz de hacer una fortuna en un sólo día sólo bailando para hombres

Mucha gente se pregunta cómo, en un contexto de crisis del que la industria del porno no se ha librado ni mucho menos, la gente del circuito puede seguir viviendo con ese tren de vida tan lujoso. A las actrices que dominan el negocio las vemos siempre de viaje, de vacaciones en lugares idílicos, comiendo bien y con todo tipo de caprichitos satisfechos para darles vidilla, y algunas no llevan ni un año en el trabajo. ¿De dónde sale tanto dinero? Evidentemente, no es únicamente de grabar escenas, que eso viene a ser una aportación modesta. La parte del león está en otras áreas de actividad: la prostitución de lujo (para quien la practique), los shows en Las Vegas y otros lugares con espectáculos de strip-tease, la aparición en fiestas, el modelling para revistas o marcas de ropa y, finalmente, el negocio más lucrativo que se puede tener hoy en día si te dedicas al erotismo y la pornografía: ser webcammer.

Las webcams son el invento que está haciendo que muchas profesionales del sexo se estén sacando una tajada importante. Y tiene diferentes modalidades: desde la webcammer que hace todo el rollo cerdo (decirle al cliente palabras guarras, simular sexo, masturbarse, etc.), hasta la parte conversacional o simplemente ejecutar un espectáculo, al estilo Boiler Room, que la mayoría de los casos se transforma en un número de strip-tease o pole dancing (el típico baile acrobático en barra de metal propio de los strip clubs). Con las webcams se gana mucho dinero porque al cliente le sale moderadamente barato comparado con otros usos destinados al alivio inmediato, como soltarle un montante considerable a una lumi, y prefiere pagar las tarifas por minuto que se ofertan. Hay desde webcams baratas en las que puedes estar 10 minutos y acabar pagando 10 euros, y otras más deluxe donde se cuecen los beneficios grandes. Y ahí es donde encontramos a LittleRedBunny, agraciada este año por los premios AVN (tiremos de tópico: los Oscar del porno) como webcammer del año.

Esta muchacha de acento francés se está haciendo de oro con un servicio extenso de conexiones por webcam que van desde los 4 a los 7 dólares el minuto de conexión, y en las que ofrece sobre todo baile: sus clientes se conectan para verle bailar, a veces durante horas (imaginad el montante de la factura), en eventos privados o masivos. Por ejemplo, LittleRedBunny explicaba a The Daily Beast que una jornada laboral puede consistir, por ejemplo, en dos conexiones privadas de cinco horas, más una tercera conexión abierta a todos sus seguidores (que pagan religiosamente, e individualmente; multiplíquese por los 2.000 o 3.000 followers diarios de su cam, y a hacer cuentas. Da vértigo). Y sin tener que hacer demasiada cerdería: sólo bailar, sugerir, estimular y hablar con ese acento francés que, para qué negarlo, a muchos tíos les pone (en realidad es norteamericana, pero sabe fingir lo que quieres que sea, como toda buena profesional).

Hace meses que quedó claro que el futuro inmediato del erotismo de pago pasaba por las webcams, pero con fenómenos como LittleRedBunny se confirma que puede ser lucrativo más allá de toda proporción. Y ella es sólo la punta del iceberg: por debajo bulle un negocio barato de instalar y muy rentable si se saben utilizar las armas precisas.

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