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Así es la web de cotilleos más sucia de Internet

Buzzfeed destapa los orígenes y el funcionamiento de TMZ, la revista que se ha hecho rica mostrando la cara más sórdida de los famosos

“Kanye West odia más a los paparazzi que a los nazis”, “Sasha Grey dice que su ex afirmaba ser un espía de la inteligencia americana”, “Joan Rivers: los civiles palestinos deberían estar muertos”.

Un repaso rápido a la web TMZ revela titulares, en letras grandes y plagados de exclamaciones, que van más allá del sensacionalismo. “La página que temen las celebridades”, como la define el New York Times, no mercadea con rumores ni se mofa de los descuidos estéticos de las famosas. Destapa sus verdaderas opiniones, auténticos trapos sucios y, sobre todo, historiales delictivos que han pasado desapercibidos. Lo hace, además, en base a vídeos o informes que no dejan lugar a dudas.

Porque TMZ (abreviatura de Thirty Mile Zone, una expresión anglosajona que alude al radio que delimita los grandes estudios de Hollywood) tiene una misión poco divulgativa pero bastante esclarecedora: demostrar que los famosos viven en una esfera social que los hace inmunes a casi cualquier cosa e intentar acabar con dichos privilegios logrando que millones de personas los contemplen de frente.

Da igual que sean políticos, actrices o estrellas del deporte, la maquinaria millonaria del cotilleo morboso cree que todos ellos son casi intocables, como lo fueron los nobles y los reyes del Antiguo Régimen, y está dispuesto a derribarlos de su trono.

Este obsesivo leit motiv nace de las vivencias de infancia de su creador, el controvertido Harvey Levin. Levin creció en Hollywood ayudando a su padre en su tienda de licores, y allí se cansó de ver cómo la policía detenía a ciertos menores borrachos y hacía la vista gorda con aquellos que habían quebrantado varias leyes pero eran de buena familia.

Por eso, no es de extrañar que el primer viral que encumbró la fama de TMZ fuera un vídeo de Paris Hilton, borracha junto a un grupo de otros ricos herederos, tirando un beso a la policía y declarándoles su amor. Acababan de estrellar el coche y, supuestamente, nadie les castigó por ello.

Pero tal vez el mayor logro de TMZ fuera revelar que Mel Gibson, hasta entonces un perfecto y atractivo caballero del star system, era un alcohólico antisemita. Fichas policiales, vídeos de detenciones y declaraciones de sus allegados acabaron con la fama impoluta del actor.

Los orígenes del imperio

En un largo y detalladísimo reportaje en Buzzfeed se dan las claves del ascenso de TMZ como emporio del cotilleo global: antes que magnate del trapo sucio, Levine fue un reputado abogado con un enorme talento para la investigación. Su primer trabajo destacable como periodista fue, como no podía ser de otra manera, el caso O. J. Simpson, la estrella del fútbol americano acusada de matar a su ex esposa y al amante de esta (y condenado por secuestro y robo). Levine estuvo al pie de los tribunales detallando el proceso y sacando a la luz testimonios.

Su talento para destapar las verdades silenciadas es sólo comparable a su asombrosa capacidad para esquivar las demandas. Por eso, en 2005, Levine se asoció con la empresa de Internet AOL y con Time Warner (subsidiario de Warner Bros) para lanzar este gigante informativo que se distribuye como revista digital y como programa televisivo.

Bombazos en exclusiva

En estos diez años, han dado la primicia de la muerte de Michael Jackson y Brittany Murphy, han revelado las fotos de Rihanna maltratada por su ex novio o destapado la trama de corrupción que llevaba a cabo el Northern Trust Bank. Casi siempre, sin denuncias de por medio. Los famosos no son tan intocables cuando se topan con un abogado que sabe a la perfección qué revelar y cómo revelarlo sin mancharse las manos.

Buzzfeed habla de Levine como un megalómano que se jacta de no pagar a paparazzi externos para recibir información (salvo excepciones) y de poseer un verdadero ejército de informadores repartidos por todo Estados Unidos en busca de aquel trapo sucio que cambiará la percepción que el mundo tiene sobre cualquier famoso.

Las condiciones laborales de la compañía son duras, basadas en jornadas interminables y en exigencias desmedidas. Muchos duran semanas en el puesto, pero los que se quedan, terminan por rendir verdadero culto a su jefe. Para ellos, la labor de este abogado es casi un servicio social.

Como lo es para los cientos de turistas que, según relata Buzzfeed, cada día se suben a un autobús, en Hollywood o Nueva York, para hacer la ruta TMZ. El guía les habla de los inmigrantes ilegales que pueblan Times Square disfrazados de dibujos animados, los clubes donde las celebridades han sufrido ciertos “altercados” o las casas donde algunos fueron hallados muertos. La cosa se pone interesante cuando se cruzan en su ruta con algún famoso caminado por la calle. Entre gritos y aplausos, le recuerdan esas verdades ocultas que han leído en la revista.

Pero lo más llamativo de TMZ, al menos para aquellos que no viven pendientes de la vida de las estrellas, no es su inmunidad legal, ni siquiera su estilo editorial, sino el target al que va dirigido. Se trata de la única web de cotilleos con un público mayoritariamente masculino. Un aplastante 80% frente a otras webs, que sólo llegan a albergar un 15 o 20% de usuarios varones.

No caen en el reclamo de lo pornográfico, pero sí en la misoginia. Buzzfeed define a Levine como “un gay que desprecia a las mujeres”. “Es muy consciente de que cualquier rasgo afeminado podría repeler a su target. En otras palabras; la misoginia encubierta, vende”, escriben.

Para ellos, Naomi Campbell tiene "los pechos como tortitas", Rihanna "pezones con forma de plato" y lo que importa de las famosas no es su cara, sino su cuerpo. Por eso jugan a que sus usuarios adivinen a quién pertence un escote, unas piernas o un trasero expuestos en primer plano.

Leivne no acumulará denuncias interpuestas por famosos, pero, como cuenta Jezebel, sí por e xempleados que lo acusan de humillaciones y condutas sexistas en el entorno laboral.

Al final, un magnate que se jacta de no venderse ni a las productoras, ni a los managers ni al mercado, de destapar verdades incómodas sin doblegarse y de desenmascarar la impunidad que rodea a los famosos, se ha vendido a los juegos sucios y a los sesgos machistas que, por desgracia, aún invaden Internet.

[Vía Buzzfeed]

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