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Los videojuegos del futuro son cosa de todos

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El proyecto sueco Democreativity muestra los resultados de su experiencia de creación digital colectiva. Spoilers: hay albóndigas

Natxo Medina

06 Junio 2014 13:48

Hace unos meses nos enterábamos que Suecia había sido catalogado como el país más creativo del mundo. Más allá de lo absurdo de estas etiquetas, lo cierto es que el carácter abierto, progresista y democrático del país ayuda y mucho a que la gente tenga y acepte nuevas ideas. Como prueba de ello, conocíamos Democreativity, un proyecto de crowdsourcing impulsado por el gobierno del país, que pretendía crear videojuegos en los que toda idea pudiera estar representada. Para eso habría una plataforma web en la que cualquiera podía decir la suya. A partir de la información recogida, se crearía un brief con las tendencias más comunes, para que cualquier desarrollador pudiera trabajar sobre él.

democreativity

Han pasado sólo tres meses y los primeros videojuegos empiezan a ver la luz. Los cuatro primeros, que ya pueden descargarse desde la web del proyecto, están firmados por grupos de estudiantes de la Universidad de Skövde, y todos ellos siguen las pautas detectadas a partir de las más de 500 ideas que llegaron de 126 países del mundo. Tres son las más claras: los jugadores quieren colaborar y explorar y no caer en dinámicas en las que haya un ganador y un perdedor. Hoy día entre los juegos más vendidos, sólo el 2% no presenta una dinámica clara para ganar. También que el género o la identidad del protagonista sea diverso. En 2013, el 51% de los 50 juegos best-sellers presentaban a un protagonista masculino. Por último, se buscan entornos fantásticos que a su vez exploren los límites entre lo real y lo digital. Las fronteras entre el mundo online y offline cada vez son más borrosas. ¿Hasta qué punto los cuatro juegos lanzados de momento cumplen estos requisitos? Habrá que jugarlos para saberlo, pero de momento son estos:

1. Lunch Lady Simulator

Encarnas a una cocinera que sirve comida en una escuela. La típica señora oronda con redecilla en el pelo. Después del simulador de cabras pensábamos que nada nos sorprendería. Y míranos. No parece que haya mucha acción, pero tirarle albóndigas a la cara a los niños tiene buena pinta.

2. Welcome Back

Una historia de terror más convencional, en primera persona. Una periodista investiga la desaparición de una niña explorando una casa abandonada. Pronto las cosas se ponen extrañas y la protagonista se da cuenta de que seguramente no esté sola.

3. RÄV

Un joven regresa a la Tierra después de una peregrinación espacial. El planeta parece vacío y desértico, salvo por un zorro plateado que parece querer ayudarle en un viaje de descubrimiento.

4. Hellbound: House of Grey

Otra aventura de aspecto más o menos convencional. Un padre tiene que explorar un cementerio misterioso si quiere volver a encontrarse con su hija perdida.

Más allá de los juegos en sí, lo más sorprendente es ver cómo a partir de una diversidad geográfica tan amplia se han dibujado unas pautas tan claras. Seguramente esa cohesión tenga que ver con que la gente que participó en la recogida de ideas se mueva en un universo simbólico similar, que es el de la verdadera democracia participativa. Un lugar de diversidad, de desafío y de novedad, en el que vivir en libertad a tu manera, y en constante interacción con lo que te rodea.

Frente a las voces que hablan del peligro de aislamiento que sufre el jugador, la realidad es que la cultura colaborativa cada vez está más presente en el universo de los videojuegos. Desde el universo de exploración de World of Warcraft, a juegos como Journey, experiencias como este Democrativity o el reciente experimento Twitch Plays Pokemon— un reto en el que se jugaba colaborativamente a Pokemon hasta completarlo (potencialmente TODO internet manejando un único personaje— nos hacen ver que toda una generación de gamers está madurando ante las pantallas. Los viejos modelos, pese a que siguen siendo mayoritarios, cada vez dan más síntomas de agotamiento. Es curioso cómo al final la democracia virtual y la real acaban encontrando caminos tan paralelos.

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