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El polémico videojuego que convierte las matanzas en arte

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Probablemente, este es el juego más salvaje que podrás imaginar

21 Octubre 2014 06:00

En Destruction Creations no se andan con chiquitas. Para su primer juego han decidido poner al jugador en la piel de un asesino de masas. Un tipo con greñas y gabardina que se embarca en una matanza salvaje en una ciudad cualquiera. El trailer de Hatred lo deja claro: aquí se viene a reventarlo todo. Y de paso a revolverle el estómago a más de uno.

Aunque su publicación no se espera hasta 2015, las primeras imágenes ya han levantado una polvareda considerable. Sobre todo en Estados Unidos, donde el fenómeno de los tiroteos contra inocentes es poco menos que un problema nacional. Sin embargo, desde otros sectores de la comunidad gamer  se les ha aplaudido por la claridad de su visión.

Los responsables de Destruction, un joven equipo con sede en Polonia, hablan de un shooter reducido a su mínima expresión. El placer de matar como tal, sin coartadas argumentales. En su página web, sin embargo, también parecen disculparse diciendo que al fin y al cabo es sólo un juego. Parece que venían prevenidos sobre la que les iba a caer encima.

Visto lo visto de momento ¿Hay para tanto? Pasen y vean.

Delgadas líneas (de sangre)

Aunque tengas el estómago acostumbrado, el trailer de Hatred es realmente desagradable. Y las intenciones del juego incomodan. Pero pronto surgen dudas: ¿qué pasa cuando comparamos el juego con otros shooters que tampoco ahorran esfuerzos a la hora de ser gráficos? ¿Por qué nos molesta más la violencia de este juego que la de, por ejemplo, Grand Theft Auto, o sagas de guerra como Call of Duty? En ambos mueren civiles, y en ambos el jugador disfruta matando. ¿Por qué aplicar entonces un doble rasero?

En primer lugar, es importante destacar el espectacular acabado técnico de Hatred. Percibimos la violencia de una forma muy creíble y directa. Hay una sensación muy fuerte de realidad y de que sus creadores se han dejado la piel para que percibas los detalles de cada muerte. En segundo lugar, el juego equipara la “pura diversión” con el hecho de que nuestro protagonista mate inocentes sin ninguna razón más que su odio genocida.

Aunque alguna vez se les llamó “simuladores de asesinato”, en el resto de juegos citados (o en otros similares) la violencia suele ocurrir en un contexto. Podemos plantearnos la validez de argumentar que en la guerra la muerte de civiles es tolerable, o si es recomendable glorificar la vida en los bajos fondos. Podemos repensar estos juegos de la misma manera que repensamos las películas bélicas o de mafia. Lo que molesta de “Hatred” es que su violencia no obedece a ninguna razón. Es la gratuidad de ver el sufrimiento ajeno como algo simplemente “divertido”.

Y pese a todo, el debate sigue abierto. Para empezar porque no todo el mundo opina igual sobre el juego. Por lo visto muchos fans admiran la honestidad de sus desarrolladores. Jaros?aw Zieli?ski, director creativo de la compañía, afirmaba en una entrevista que su buzón de email “está desbordado de correos de apoyo, de gente que nos dice que nos mantengamos firmes en nuestra idea inicial”. Para ellos es todo una cuestión de no andarse por las ramas. Duro y al hueso.

También porque si cargamos contra Hatred, ¿no deberíamos hacerlo tambien contra géneros musicales como el death metal, o el grindcore?, ¿contra décadas de cine gore y splatter?, ¿contra toda forma artística que bucea en lo más perverso y salvaje del ser humano? Los fans de estas subculturas apelarán entonces al entretenimiento y a la catársis y al "déjame en paz mojigato".

Y así sin quererlo nos habremos metido en el pantanoso terreno de la corrección política y la libertad de expresión. Lo cual en realidad no es tan malo. Si ellos están en su derecho de hacer un juego que fuerza los límites de lo soportable, y usar ese argumento tan querido por la derecha mediática de que "dicen las cosas como son", nosotros podemos cuestionar por qué un puñado de hombres jóvenes (el equip de Destruction es exclusivamente masculino) tiene la necesidad de embarcarse en una cruzada en pro de la pureza de las matanzas virtuales.

Conforme el mundo del videojuego gana en complejidad, perfección e influencia, también gana su capacidad para generar preguntas que quizás no nos hemos hecho lo suficiente, o no como deberíamos. Que un puñado de programadores encuentren divertido masacrar inocentes (virtuales) puede resultarnos repulsivo. Pero antes que cargar directamente contra ellos, deberíamos ampliar nuestras miras y establecer un diálogo. Hacer del mundo un lugar menos violento no sólo depende de encontrar las cabezas de turco adecuadas en cada momento.



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