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Un videojuego de azotes es la nueva herramienta de educación sexual

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Azotes digitales para aprender los límites del sexo y el dolor

Natxo Medina

17 Diciembre 2014 07:00

Los debates sobre sexo, género y respeto están al rojo vivo en el mundo de los videojuegos. Pese a que tradicionalmente no han sido temas demasiado comentados en el mundillo, la fase de madurez de la industria los ha llevado a ocupar el lugar que se merecen. En este contexto, Robert Yang, programador y profesor universitario, ha decidido hacer su aportación con un pequeño juego sobre algo tan común y a la vez tan desconocido como el BDSM, es decir, prácticas sexuales que involucran algún grado de dolor y dominación. Hurt Me Plenty es el resultado de sus inquietudes.

La mecánica del juego es más simple que la petanca: tenemos que azotar repetidamente el trasero de un señor en calzoncillos. Eso sí, llegará un momento en el que el pobre tipo dirá hasta aquí hemos llegado. Como suele ocurrir en este tipo de prácticas, existe una palabra de seguridad que al decirse detiene todo el juego. Puede hacerse daño, pero hasta cierto punto. En ese momento, el jugador puede para de azotar, respetando la petición de su azotado, o puede seguir a su aire y comprobar qué ocurre cuando pone a otra persona en una situación de dolor y humillación no consentidas.

El juego es tan sencillo por dos razones. La primera es técnica: recrear un entorno sexual o una situación de intimidad en un mundo virtual resulta todavía muy difícil. Un azote es algo que puede reproducirse de forma bastante sencilla con la simple ayuda de un ratón, sin más parafernalias. La segunda tiene que ver con las intenciones del propio Yang. "Quería hacer un juego que piense en el acto sexual como un proceso, como algo que practicas, y no como una recompensa", cuenta en Mic. "No estoy haciendo una simulación dura, sino construyendo una experiencia que el jugador desarrolla en su cabeza".

El objetivo final no es ganar nada, sino conseguir que tu pareja se sienta lo suficientemente cómoda para querer continuar el juego. Y sobre todo conseguir que, una vez apagues la pantalla, reflexiones sobre lo que acabas de experimentar. Por eso Yang recomienda jugar acompañado, e incluso tomando notas. Una aproximación al campo más intelectual que la de otras experiencias similares, ya sean de raíz cómica como Ute o sensorial como Luxuria Superbia.

Puede que el aspecto un poco creepy del apartado gráfico, o su particular enfoque, echen a muchas personas para atrás a la hora de jugarlo, pero Hurt Me Plenty no deja de ser un pequeño y válido granito de arena en un debate más amplio, que tiene que ver directamente con las prácticas sexuales de todos nosotros. Y es que no hace falta ser aficionado al sadomasoquismo para entender el significado de sexo consentido, o la importancia de saber compartir el placer. Una importancia que ya hemos subestimado demasiadas veces. Así que si un videojuego nos puede enseñar algo sobre el tema, bienvenido sea. Y a jugar.

Un videojuego para explorar los límites del placer, del dolor... y para reflexionar sobre la importancia del respeto y de la libertad en la cama


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