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En este videojuego, la prostituta es por fin la heroína

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'The Oldest Game' te sitúa en el día a día de una trabajadora sexual

Natxo Medina

23 Enero 2015 06:00

Las leyes no están hechas para el bienestar del hombre, y menos para el de la mujer. Y si esta mujer se dedica a la prostitución, el escenario es aún más desasosegante. El suyo ha sido un colectivo históricamente maltratado, al que en muchos países se niega o invisibiliza, a pesar de su longevidad y obvia importancia en el tejido social. Pero ahora algo está cambiando. Una nueva energía que se resiste al ninguneo y a la criminalización y que aspira a poner a las trabajadoras del sexo donde se merecen, en el mismo lugar que toda persona con derechos. El videojuego canadiense The Oldest Game es una muestra del lado más innovador de este levantamiento global.

En él nos ponemos en la piel de Andrea, una trabajadora sexual que prueba suerte en tres ciudades de Canadá (Toronto, Vancouver y Montreal) tratando de encontrar unas condiciones de trabajo dignas y un mínimo de seguridad. Los objetivos del jugador son básicamente dos: conseguir dinero y mantener a Andrea fuera de peligro. El juego está diseñado de manera que nos enfrentemos a todos los condicionantes sociales, legales y políticos que dificultan el día a día de personas como ella. Además de su valiente apuesta temática, puede que lo más interesante de The Oldest Game sea su origen.

Tras la aprobación de una serie de medidas legislativas que prohíben de facto las transacciones comerciales por sexo, contrarias a las demandas de las propias trabajadoras del sector para estar más protegidas, éstas se han encontrado más vulnerables, y además expuestas a una opinión pública polarizada. Ante esta vulnerabilidad legislativa y a las opiniones monolíticas de la prensa, las profesoras universitarias Lisa Lynch y Sandra Gabriele, junto con algunos de sus alumnos, decidieron contestar con una herramienta que permitiera ofrecer una visión poliédrica y empática del problema. ¿Y qué mejor arma para despertar empatía que un videojuego?

A partir de aquí, un debate abierto sobre los aspectos más importantes a tratar. ¿Qué enfoque debería tener un tema tan delicado? En primer lugar, debería empoderar a la trabajadora, no mirarla desde una posición de superioridad o vulnerabilidad, pues según Lynch ese es uno de los efectos principales de la ley que entró en vigor el mes pasado. También tenían claro que en el juego no habría sexo explícito. De lo que se trataba era de hacer ver al mayor número de gente posible que la mejor solución es siempre la que mantiene a más mujeres sanas y salvas en una situación de dignidad. Y de no matar al jugador de aburrimiento por el camino ante un tema tan arduo.

Conciliar la información y la complejidad del tema con el entretenimiento y el sentido narrativo ha sido uno de los retos más importantes a los que se ha enfrentado el equipo durante el proceso de creación del juego, que ahora se encuentra ya en fase de testeo. ¿El último reto? Según Lynch, saber cómo reaccionarán al juego personas que están a favor de la prohibición total del trabajo sexual. O simplemente todos aquellos hombres acostumbrados a juegos en los que están en posición de dominio.

Con este movimiento, el equipo de The Oldest Game no sólo se posicionan en un debate nacional calentito, sino en uno mucho más amplio e igual de candente: el del retrato de la prostitución (y de la mujer en general) en el videojuego. El año pasado, en un movimiento que le costó ataques y amenazas, la periodista Anita Sarkeesian denunciaba cómo las trabajadoras sexuales son normalmente tratadas en la narrativa del ocio electrónico como meros objetos, o peor, como saco de golpes. Una opinión compartida por el colectivo de prostitutas australianas que recientemente consiguió la retirada del GTA V de una importante cadena de tiendas de su país por "convertir a la mujer en chivo expiatorio de la violencia masculina".

Puede que cuando vea la luz, y como suele ocurrir, a este nuevo juego le caigan encima las críticas de siempre. Puede que sea despreciado por parte de la comunidad gamer sin prestarle más atención. Sin embargo, su sola existencia ya es un cambio de dinámica. Y cuando de representar a la mujer se refiere, todo movimiento que rompa la inercia es siempre un triunfo.


El activismo sexual encuentra nuevas vías para recordar que, más allá del cuerpo, está la dignidad




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