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Las mujeres no somos bolsas de basura

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El escultor Sit Haiiro retrata la tristeza y el sexismo de nuestra sociedad en estas esculturas

Luna Miguel

09 Enero 2015 06:00

El bello mundo me produce asco.

Si pudiera, lo haría

saltar en pedacitos por los aires,

y con él a mí misma.

Cuando miramos a los cuerpos descabezados de las esculturas de Sit Haiiro, hay varias cosas que se nos vienen a la mente. La primera es que su autor está tratando de mostrar la realidad de un mundo en el que las mujeres no son mucho más que unas piernas largas y unos genitales. La segunda es que el escultor ha querido enseñar cómo se sienten muchas mujeres, y muchos hombres, y muchas personas, en general, cuando la soledad, la incomprensión y la desigualdad roza sus vidas.

A veces somos bolsas de basura. A veces queremos escondernos envueltos en plástico de un negro eléctrico que huele a ese perfume con el que tratamos de ocultar los malos olores y los malos dolores de nuestro tiempo. Por eso, cuando miramos los cuerpos descabezados, estirados y solitarios de Sit Haiiro también vienen a nuestra cabeza esos versos de Carmen Jodra, una autora que en sus textos busca continuamente la luz que le ha sido negada, la felicidad que no puede ver porque toda la basura del mundo está latiendo en sus tristes entrañas.

Plástico, grisura, cemento, la punta de unos tacones afilados con la que las protagonistas de estas obras quizá se animen a escapar de una vez por todas. Para salir de los capullos falsos en los que se escondieron, y renacer como mariposas libres, cuya piel es un escudo ante los insultos y la vergüenza. Cuyas piernas no son objetos de deseo, sino armas. Y cuya tristeza ya no es un sentimiento, sino un poema épico sobre la larga batalla que libraron. 


Rompamos el plástico que nos ata: saquemos la cabeza victoriosas.



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