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Este es el revelador viaje de un hombre desde la misoginia al feminismo

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El sociólogo Edwin Hodge fue un activista pro derechos de los hombres. Hasta que descubrió el feminismo

PlayGround

19 Abril 2016 20:08

Imagen de Evan James

Hay pocos viajes más apasionantes que aquellos que implican al intelecto. Esos que nos hacen crecer, abren nuevos horizontes que desconocíamos y nos convierten en mejores personas.

Algo así le pasó al sociólogo de 36 años Edwin Hodge. Este hombre pasó de ser un activista pro derechos de los hombres a feminista. Hodge relata su experiencia en una columna de opinión titulada “Fui un activista pro derechos de los hombres”. Recogemos aquí algunas de las citas más relevantes del texto.

Hodge entró en el mundo del activismo masculinista muy joven, con tan solo 22 años. En esos momentos trabajaba en una librería y descubrió un libro que se titulaba Misandría: la enseñanza del desprecio a los hombres en la cultura popular.


"Estaba en ese período en el que tratas de encontrar tu identidad adulta mientras flirteas con visiones contrarias del mundo. Y pensé ¿qué demonios? Voy a leer esto. (...) El libro hablaba de cómo la cultura pop había demonizado a los hombres blancos y heteros por ser el único colectivo con el que era aceptable meterse. (…) No sé que llegó antes- si darme cuenta que los hombres estaban perdiendo su lugar en la sociedad, o leer el libro-, pero ahora sé que su lectura hizo que ese sentimiento cristalizara".


Hizo una reseña del libro y se la mostró a sus compañeros, en su mayoría mujeres. Sus reacciones fueron muy negativas.


"En ese momento comprendí que sus reacciones no eran otra cosa que confirmación de la misandría existente. ¿Por qué se enfadarían si no se hubieran sentido amenazadas por lo que yo estaba diciendo?".


Al poco tiempo Hodge fue despedido, le diagnosticaron depresión y lo dejó con su novia. Era el blanco perfecto para que la ideología de grupos en favor de los derechos de los hombres penetrara muy dentro de él.


"Busqué a otros hombres que se sintieran como yo. Eso fue en la Web 1.0, en su mayoría en proto-blogs como Angelfire, AOL y Geocities (alimentados por la rabia y el miedo). Leí un poco del Mito del Poder Masculino de Warren Farrell y adopté el truco retórico que utilizan los activista pro derechos de los hombres: "No soy feminista y no soy un defensor de los derechos de los hombres. Soy igualitarista. (...) De vez en cuando me tropezaba con activistas que abogaban por el asesinato de feministas. Pensaba que era una locura pero adoptaba la postura que otros hombres tenían: esas voces se encuentran en la periferia y no hablan por el movimiento en conjunto".


Hodge entró en la Universidad, desde donde aprovechaba para cuestionar todo tipo de pensamiento feminista.

Cuando hablaban de pensamiento feminista en clase de filosofía, Hodge saltaba: "Bien, ¿y los hombres? ¿Nadie se preocupa por la manera en la que los hombres ven el mundo?".

Cuando en sociología trataban sobre el patriarcado y el feminismo, Hodge saltaba: "Yo pensaba, no oprimo a las mujeres. ¿Por qué estoy siendo atacado? ¿Por qué soy la víctima en este nuevo orden feminista?".

Finalmente, Hodge se graduó y decidió que quería hacer su trabajo académico alrededor de los hombres y la masculinidad. Por lo tanto, se enroló en un curso de sociología. Y allí fue cuando todo cambió.


"En clase de Teoría de Género el profesor preguntó que qué significaba el género para nosotros. Todo el mundo habló de sus experiencias vitales como mujeres o gays. Cuando tocó mi turno dije: estoy aquí para ofrecer mi visión del género como un hombre. El profesor sonrió y me dijo que me gustarían unos libros de la bibliografía. "Masculinidades y Los hombres y los niños, de Raewyn Connell, ambos sobre género y la perspectiva de los hombres".


Esos libros cambiaron su visión de la masculinidad. Se dio cuenta que los argumentos masculinistas que había aceptado hasta entonces eran débiles y que lo único que necesitaba era el feminismo.


"A los hombres se nos enseña a ser seres racionales, estoicos. Las únicas emociones que se nos permiten son la ira y la alegría (...) Como activista pro derechos de los hombres, siempre creí que la culpa de ello era del feminismo y las mujeres. Pero los textos feministas que hablaban de la crisis de la masculinidad, señalaban como culpables a los otros hombres. Los hombres que golpean a los otros por ser femeninos, por ser maricones. No puedes ser un blando".

"Activistas pro derechos de los hombres y feministas reconocían los mismos problemas pero establecían causas diferentes. Y me di cuenta que, en realidad, todo tiene sus raíces en las mismas instituciones patriarcales que dañan a las mujeres. Mi transformación no ocurrió de la noche al día. Fue algo más progresivo, tenía que deconstruir todo las creencias que el activismo masculino me había enseñado".

"Hay algunos activistas que creen que el movimiento masculino es parecido al feminismo, pero es incorrecto. El movimiento por los derechos de los hombres ha sido siempre anti feminista. Y luego ya se preocupan por los asuntos masculinos. Siempre que vuelvo la vista atrás a los movimientos por los derechos de los hombres, todo lo que veo es negatividad, rabia, odio y miedo. Pero no me siento avergonzado, porque sin ello no sería lo que soy ahora. Me hizo interesarme en el estudio de los hombres y después en el feminismo".


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