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9 verdades verdaderas de la convivencia con tu media naranja

Vivir en pareja nunca es como imaginabas... ¡A veces es mejor!

Felicidades, has dado el salto. Después de un tiempo X viéndote con tu querido o querida, habéis decidido que el paso lógico es compartir techo. En tu interior luchan muchas fuerzas contradictorias. La liusión con el vértigo, la euforia con la pereza, las ganas con un montón de decisiones que no sabes si vas a saber tomar. Antes de que la ansiedad pueda contigo, respira profundo y sigue nuestra guía. En ella compartimos nuestra sabiduría para prevenirte de algunos toros con los que vas a tener que lidiar. Y sobre todo, que no cunda el pánico: descubrirás que siempre hay cosas buenas esperando. Y que los problemas, siempre mejor resolverlos acompañado.

1. Volverás a tener rutinas...

Después de mucho tiempo de hacer lo que te da la real gana, entrar y salir cuando te apetece, caer dormido en sofás de colegas o comprar comida sólo cuando la nevera te suplicaba clemencia, tendrás que acostumbrarte a que vives con otra persona. Y que no tiene por qué tolerar que tu vida parezca la de un zíngaro con síndrome de Tourette.

2. … Pero no tendréis que cuadrar agenda nunca más

Un noviazgo largo es básicamente una cuestión de logística. “¿Dónde dormimos hoy?”, “¿Has cogido ropa interior limpia?”, o “Traete el ordenador para trabajar” acaban siendo las verdaderas cuestiones sobre las que pivotará vuestra relación durante meses. Por fortuna, todo eso acaba en el momento en que compartís juego de llaves.

3. Tus broncas tendrán público

Esta va para los que, empujados por la precariedad, se ven obligados a compartir piso en pareja. Y más te vale que sea con amigos que os conozcan bien, porque en algún momento va a haber fuego cruzado y si no andan prevenidos pueden salir de ahí con moretones. Si estáis solos en vuestro nidito de amor la cosa es más tranquila: pueden volar platos sin miedo de sacarle un ojo a nadie.

4. Todo es para dos

Tanto si estáis solos como acompañados, ten claro que tu espacio vital se va a reducir a la mitad. Si tenéis el sueldo misérrimo de un profesional joven, tu pichurri y tú os tendréis que encajar con todos vuestros bártulos en un espacio mínimo. ¿Ventajas de esto? En invierno estar pegados en la cama es una de esas cosas que te hacen feliz. Además os convertiréis en verdaderos ingenieros del espacio. Benditas todas tus horas de jugar al Tetris.

5. Ya no podrás esconder tus malas costumbres

Como consecuencia de esta escasez de espacio, tu pareja tardará unos seis días de media en descubrir cada uno de esos hábitos, manías y debilidades que habías conseguido mantener alejados del ojo público. Sean pedorretas matinales, lo poco que te cortas las uñas o tu tendencia obsesiva a ordenar los botes del baño por colores. Todo secreto será tarde o temprano revelado.

6. Te verás menos con tu pareja

A pesar de todo lo dicho, al irte a vivir con alguien se da la paradoja espacio-temporal de que puedes pasar días enteros viendo a tu corazón de melón solo unos cuantos minutos antes de dormir. Si los dos trabajáis y tenéis una mínima vida social separada, a veces os miraréis y os daréis cuenta de que apenas os habéis dicho otra cosa que “Buenas noches” durante días. Cosas del no quedar más.

7. Las tareas domésticas se harán solas

Llegar a casa y que la comida esté lista, o que esa ropa sucia se haya lavado milagrosamente y esté tendida, o que los pelos de la ducha ya no formen ecosistemas extraterrestres en la bañera. Al principio pensarás que es cosa de magia, como la de las escobas del Aprendiz de Brujo que barrían a su aire. Pero no, lo que pasa es que las cosas del hogar también se hacen entre dos, y a veces tu cuchi-cuchi trabaja cuando tú no estás para hacerte la vida más fácil.

8. Tus padres te dejan en paz (de momento)

Esta es sin duda una de las ventajas más importantes de vivir con alguien. Los padres, esa especie animal que sólo se preocupa porque sus hijos no acaben siendo homeless anarquistas, pueden respirar tranquilos durante diez segundos ahora que han visto que tienes trabajo y pareja. Están tan contentos que hasta les podrás sacar los cuartos para renovar el mobiliario. Pero ojo, no bajes la guardia. El ojo del centinela nunca duerme.

9. Ya no hay nada que esconder

Fruto de todo lo anterior, si la pareja aguanta el primer tirón de la convivencia, si os aceptáis tal y como sois, con vuestros fallos y manías, no hay duda: lo vuestro es amor. Entonces llega ese estadio de satisfacción sólo comparable al de un yogui cerca del Nirvana, o al de Homer Simpson cerca de una rosquilla. Perfecto equilibrio. Hasta entonces paciencia. Nadie dijo que fuera fácil, pero todo lo bueno siempre se hace esperar.

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