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Las verdaderas razones de Taylor Swift para abandonar Spotify

La decisión de la cantante puede tener más consecuencias de lo que parece

Ayer, Taylor Swift decidió sacar todo su catálogo de Spotify. Esto significa que la artista pop más popular del momento ya no puede escucharse en el servicio de streaming más utilizado en el mundo. Spotify, evidentemente, ha mostrado su descontento. “Esperamos que cambie de opinión y que se una a nosotros para construir una nueva economía musical que sea válida para todos”, dijo la compañía en un post en su blog. La compañía tiene motivos para estar preocupada. No sólo por la capacidad de generar tráfico de la cantante, sino por las consecuencias que su decisión pueda tener de cara al futuro.

Las razones de Taylor

En este preciso instante Taylor Swift es la artista pop más poderosa del mundo. 1989, su flamante nuevo álbum, va camino de convertirse en el primer disco que vende un millón de copias en su primera semana desde 2002. Tanto ella como su su sello tienen la sartén por el mango, y pueden permitirse hacer lo que quieran. De momento, lo que quieren es no seguir participando en el cuestionable modelo de negocio de Spotify.

Desde la perspectiva de los artistas, el sistema de retribución de Spotify es injusto e insuficiente. A finales del año pasado, la compañía reveló que los propietarios de los derechos de autor reciben entre 0.005 y 0.0067 euros por reproducción. Una cifra ridícula comparada con lo que reciben por la venta de un single, aunque sea digital. Esto hace que bandas medianas como Grizzly Bear reciban “aproximadamente 10 dólares por cada 10.000 reproducciones”, que iconos indie como Thom Yorke denuncien sus abusos y que superestrellas como Swift le den la espalda.

La decisión de Swift podía intuirse desde hace meses. Concretamente, desde que este verano escribió un artículo en el Wall Street Journal sobre cómo veía el futuro de la música. “La música es arte, y el arte es importante y escaso. Las cosas valiosas deberían pagarse. En mi opinión la música no debería ser gratuita, y mi predicción es que llegará el día en que los artistas y sus sellos decidirán cuál es el precio más adecuado para los discos. Espero que no se subestimen a sí mismos ni minusvaloren su arte”, dijo entonces.

Sus palabras tienen distintas interpretaciones. Por un lado, Swift parece querer erigirse como la guardiana de todos los músicos que están en Spotify. Permitir que Spotify pueda disponer de su música pagando menos de lo que pagan otras plataformas sería lo mismo que las entradas de conciertos variasen de precio en función de los amigos que tienes en Facebook. Es decir, sería discriminatorio. Por el otro lado, puede que todo sea un plan de negocio: Swift quiere sacar el máximo rendimiento de su producto a corto plazo y por ello limita su disponibilidad. Es la misma estrategia que aplican los estudios de Hollywood al fiar gran parte de la recaudación de sus taquillazos a sus primeras semanas en las pantallas de cine.

Esta última lectura encaja plenamente con la que, al parecer, sería la verdadera razón por la que la cantante ha eliminado su música de Spotify. Según apunta Business Insider, el verdadero culpable de ello es Scott Borchetta, Director Ejecutivo de Big Machine Label Group, el sello de Swift. Citando a una fuente de la industria, BI explica que Borchetta tiene la intención de vender el sello y que cree que el número de discos vendidos es la única métrica que puede interesar a los potenciales compradores. La estrategia de Borchetta, pues, seria promover la escasez online para fomentar la venta de copias físicas y de descargas pagadas. Puede que su visión sea anticuada, pero, de momento, está funcionando.

Spotify, en la encrucijada

Sea cual sea el verdadero motivo que ha llevado a Swift a abandonar Spotify, lo cierto es que su decisión deja a la compañía sueca en una situación delicada. No solo porque pierde una de sus mayores fuentes de tráfico, sino porque pone de manifiesto la fragilidad del servicio.

Spotify funciona porque es una manera fácil y barata de tener prácticamente toda la música que quieras al alcance de dos clicks. Por ello, muchas personas lo han convertido en su única ventana de acceso a la música. Cuando haces esto es porque, entre otras cosas, confías en que los artistas que incluyes en tus listas de reproducción estarán ahí para siempre, haciendo innecesario el incómodo rastreo de enlaces por la red. Pero el caso de Swift demuestra que la compañía no puede dar garantías de ello.

La fuga de Swift también ha servido para reabrir la guerra entre Spotify y Apple por el dominio de la música digital. O, lo que es lo mismo, para recrudecer la batalla entre el streaming y la descarga por convertirse en el modelo hegemónico en el negocio de la música digital.

1989 no está disponible para escuchar en streaming en ninguna plataforma, pero los anteriores discos de Swift si pueden escucharse en servicios como Grooveshark, Rdio o Beats Music, el servicio de streaming que adquirió Apple este verano y pronto se integrará en iTunes. ¿Por qué a Swift le interesa asociarse con Apple y no con Spotify? A grandes rasgos, porque su modelo de retribución está basado en las ventas y no los royalties, por lo que es considerablemente más generoso con los artistas. Esto no solo le garantiza más ingresos a Swift sino que le permite camuflar su plan de negocio con un halo de integridad: ella es la que está del lado de los creadores.

La renuncia de Swift a permanecer en Spotify puede ser la primera señal de un nuevo cambio de paradigma. Parecía que el streaming había cogido ventaja pero cada vez es más evidente que el número de suscripciones que atraen resultan insuficientes para generar beneficios. Esto implica ajustar al máximo los márgenes de los artistas, con el consecuente descontento por parte de los mismos. Los poderosos están empezando a esquivar a Spotify –el último disco de Beyoncé es otro ejemplo de ello– y los débiles no tardarán en entender que hay maneras alternativas para promocionarse sin necesidad de contribuir a un modelo que es injusto con ellos.

La ecuación de Spotify se tambalea, y la única manera que tiene de resolverla es encontrar la manera de pagar mejor a los artistas. De no ser así, las deserciones serán cada vez más habituales. Y si empiezan a desaparecer artistas, sus seguidores harán lo propio. Los 16 millones de oyentes de Taylor Swift ya están buscando alternativas.

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